Unos sirios apagan el incendio provocado por un bombardeo ruso en Hass, en las inmediaciones de Idlib
Unos sirios apagan el incendio provocado por un bombardeo ruso en Hass, en las inmediaciones de Idlib - reuters

EE.UU. busca negociar con Rusia e Irán para evitar el caos en Siria

Putin bombardea de nuevo de forma indiscriminada a la oposición a Al Assad, mientras este prepara una ofensiva terrestre con ayuda militar iraní

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Cada día que pasa arroja más luz sobre el objetivo de los bombardeos ordenados por Putin: apuntalar a Bashar al Assad. La ofensiva terrestre que prepara el dictador sirio con ayuda de los iraníes y de fuerzas iraquíes, conocida ayer, además de confirmar la alianza fraguada en torno a Rusia como alternativa a la de Estados Unidos, complementa las operaciones aéreas lanzadas contra las fuerzas rebeldes que lo combaten. Ayer, por segundo día consecutivo, Rusia castigaba de forma totalmente indiscriminada a fuerzas enemigas de Al Assad, entre ellas el Ejército Libre de Siria, que está siendo apoyado por Estados Unidos. Para evitar el escenario de Guerra Fría al que parece abocado el tablero sirio, el secretario de Estado John Kerry buscaba ayer un encuentro con representantes rusos e iraníes. Una solución diplomática frente al caos

Mientras el presidente Putin avanza en su política de hechos consumados, con el doble lenguaje de combatir el yihadismo y apoyar a la vez al sátrapa Al Assad, la Administración Obama se mostraba ayer partidaria de sentar en la misma mesa a Rusia, Irán, Turquía y Arabia Saudí, actores tan diversos como interesados en derrotar a los yihadistas de Estado Islámico. Kerry sigue pensando que la única forma de salir del atolladero es un entendimiento común para derrotar al principal grupo terrorista, aunque todavía no ha desvelado la receta mágica para poner de acuerdo a Rusia sin apoyar a Al Assad, objetivo de momento irrenunciable para Obama.

Estados Unidos asume que la coalición que lidera, aunque reforzada por la reciente incorporación de Francia a las operaciones aéreas, también se ha visto debilitada al lograr Rusia un acuerdo de colaboración con Irak, también aliado de los norteamericanos y que se apunta así al peligroso juego de jugar a dos bandas. Aunque paradójicamente ese acuerdo se limita sólo a Siria y no al territorio iraquí, donde no parece haber tanto interés ruso en combatir al yihadismo. Preguntado ayer mismo el ministro de Exteriores, Serguei Lavrov, sobre una posible intervención también en Irak contra los yihadistas de Estado Islámico, respondió que «nadie nos ha invitado a intervenir en Irak, y si a Rusia no se le invita, no va».

Sin embargo, minutos después, durante su intervención ante la tribuna de la Asamblea de Naciones Unidas, el primer ministro iraquí, Haider al-Abadi, aseguró que su país «daría la bienvenida» a la ayuda de los aviones de combate rusos en su territorio para combatir a los yihadistas de Estado Islámico.

Cincuenta aviones

Moscú se encuentra cómodo al haber logrado dejar claro con los hechos consumados que «es alguien que necesita estar en el tablero de Siria», como apunta Julianne Smith, exasesora de Política Exterior del vicepresidente Biden. Después de dos días de jugar a la confusión, ayer Rusia reconoció por primera vez que no sólo los yihadistas de Estado Islámico son el objetivo de los bombardeos, que cumplieron ayer su segundo día, con al menos cincuenta aviones de combate. Primero un portavoz del Kremlin y después el ministro de Exteriores aseguraron que hay otros grupos terroristas, aunque Lavrov precisó que sólo se está atacando a «aquellas organizaciones así consideradas por Naciones Unidas».

Su afirmación no coincide con la facilitada por Hassan Haj Ali, portavoz de Liwa Suqour al-Jabai (del Ejército Libre Sirio), principal grupo de oposición a Al Assad, que no se encuentra entre los señalados y que ha sido ayudado por la CIA, Qatar y Arabia Saudí, dentro del fracasado plan de formación de Washington para conformar un ejército de islamistas moderados.

Ejército de la Conquista

Según Haj Ali, su grupo habría recibido ataques con al menos veinte misiles de aviones de combate rusos en su posiciones en la provincia de Idlib, una zona estratégica en la guerra contra el dictador sirio. Al parecer, en algunas otras zonas bombardeadas por Rusia sí se encontrarían milicias consideradas oficialmente como terroristas, pero también contrarias a Al Assad. Al-Mayadeen, televisión favorable a Damasco que emite desde Líbano, informó de que algunos bombardeos fueron dirigidos contra el Ejército de la Conquista, una alianza que agrupa al Frente Al Nusra, el brazo sirio de Al Qaida y otras organizaciones islamistas, pero en ningún caso se citaba a los yihadistas de Estado Islámico.

Según se supo ayer, las fuerzas rusas allanan el camino a la ofensiva terrestre que prepara Al Assad en coordinación con rusos, iraníes e iraquíes. Cientos de soldados de fuerzas especiales de Irán se sumaron ayer a Hizbolá, la fuerza libanesa que financia el régimen chií y que lucha al lado del dictador desde el principio de la guerra. La progresiva internacionalización del conflicto vuelve a dibujar el paisaje casi olvidado de algunos focos calientes de la Guerra Fría, en los que una de las dos potencias ayudaba a un bando frente a la otra potencia, que a su vez tomaba partido por el otro rival. En Siria, la ofensiva de su dictador, con apoyo de Rusia, busca recuperar terreno perdido a manos de los rebeldes que en el pasado estuvieron apoyados por Estados Unidos.

El incremento de la tensión viene acompañado por un creciente temor norteamericano a que las operaciones se entrecrucen en el espacio aéreo sirio, un caos que el ministro de Defensa norteamericano, Ashton Carter, consideró posible tras la decisión rusa de «echar gasolina al fuego». Como si de una labor de apagafuegos se tratara, el Pentágono preparaba ayer una videoconferencia de sus expertos militares con homólogos rusos, a fin de evitar de coordinar los movimientos de los aviones de combate de ambos países.