El presidente Kafando habla a la Prensa tras ser repuesto en el poder por los militares leales
El presidente Kafando habla a la Prensa tras ser repuesto en el poder por los militares leales - reuters

Burkina Faso recupera la normalidad tras el fallido golpe de Estado

La entrega a las autoridades del líder del levantamiento militar, el general Gilbert Diendere, pone fin a dos semanas de incertidumbre

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Considerado uno de los golpes de Estado más estúpidos de la historia, el levantamiento militar protagonizado a mediados de septiembre por la guardia presidencial de Burkina Faso comienza a diluirse. El jueves, el líder de la asonada, el general Gilbert Diendere, fue entregado a las autoridades tras refugiarse en la embajada del Vaticano de la capital burkinesa, Uagadugú.

La crisis se había iniciado el pasado día 16, cuando un pronunciamiento militar de la guardia presidencial leal al exmandatario Blaise Compaoré, sumergía a Burkina Faso en un desgobierno a solo unas semanas de las elecciones. Precisamente, los comicios del próximo 11 de octubre debían ser el punto final al proceso de transición abierto en octubre de 2014, tras la marcha de Compaoré. Entonces, su abandono forzado después de 27 años al mando del país, desembocó en un pacífico Gobierno de transición, salpicado hace unos días por la asonada militar.

Sin embargo, tras ser criticadas duramente por la comunidad internacional y sin apoyo en las calles, las fuerzas leales a Compaoré se retiraban apenas una semana después de su órdago militar.

Tras el acuerdo para el fin de las hostilidades, el Gobierno interino ordenó la disolución del grupo golpista, cuyo número se estima en 1.300 soldados. No obstante, el lunes, el general Diendere denunciaba que la seguridad de sus militares no estaba garantizada. Entonces, el jefe del Estado Mayor acusaba a Diendere y al antiguo ministro de Exteriores del antiguo régimen, Djibril Bassole, de buscar ayuda internacional (incluso por fuerzas islamistas del Movimiento Nacional por la Liberación de Azawad de la vecina Malí) para desestabilizar el país.

Del «baño de sangre» a las cero bajas

«Los golpistas, la guardia presidencial leal a Compaoré, solo pretendían perpetuar en el poder al viejo régimen y lograr una amnistía (a este cuerpo se le acusa, entre otros crímenes,de la muerte del líder panafricano Thomas Sankara en 1987)», asegura a ABC M. Sawadogo, uno de los manifestantes que en los últimos días recorrían las calles de la capital burkinesa en discordancia con el alzamiento militar.

Finalmente, el martes, el Ejercito burkinés lanzaba una operación contra la guardia presidencial que se encontraba atrincherada en un cuartel de la capital. Veinticuatro horas después, a pesar de que el general golpista Diendere asegura temer un «baño de sangre», el mando militar anunciaba que en la intervención no se había producido ninguna baja.

Ahora, tras dos semanas de incertidumbre, Burkina Faso espera sus elecciones.