El presidente de Cuba, Raúl Castro, en el pleno de la Asamblea de Naciones Unidas
El presidente de Cuba, Raúl Castro, en el pleno de la Asamblea de Naciones Unidas - reuters

Castro condiciona la normalización de relaciones con EE.UU. al fin del embargo

El presidente de Cuba exige el fin del bloqueo económico y otras condiciones para restablecer con plenitud las relaciones con EE.UU.

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Con condiciones y sin concesiones. Así discurrió ayer el discurso de Raúl Castro ante el pleno de la Asamblea de Naciones Unidas, el primero que daba un presidente cubano en quince años, desde que lo hiciera su hermano, Fidel Castro, en 2000.

Castro anunció que la normalización se cumplirá «cuando se ponga fin al bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba, se devuelva a nuestro país el territorio ocupado ilegalmente por la Base Naval de Guantánamo, cesen las transmisiones radiales y televisivas y los programas de subversión y desestabilización contra Cuba y se compense a nuestro pueblo por los daños humanos y económicos que sufre».

Esta batería de condiciones no vino acompañada de ninguna mención a concesiones en lo referente a reformas democráticas o el respeto a los derechos humanos en la isla, uno de los principales obstáculos en las negociaciones con EE.UU. y la principal base que esgrimen los legisladores republicanos. El partido conservador controla las dos cámaras del Congreso, que es a quien corresponde la decisión de levantar el embargo.

Castro, que acabó su discurso con aplausos en pie de parte de los delegados de los países miembros, prefirió leer la cartilla a los países occidentales y saludar a los regímenes afines: defendió la obra del «compañero Hugo Chávez Frías» y de los gobiernos de Brasil, Argentina, Ecuador y Bolivia; reclamó indemnizaciones a los países caribeños por la trata de esclavos y la libertad de Puerto Rico; criticó a la OTAN por tratar de aumentar su influencia en el Este de Europa y las injerencias en Siria; y proclamó que la UE debe «asumir de forma inmediata las responsabilidades con la crisis humanitaria que ayudó a generar», en alusión a la llegada masiva de refugiados sirios.

Barack Obama había intervenido antes que Castro y se mostró confiado en que «el Congreso levantará inevitablemente un embargo que ya no debería existir».

«Seguimos teniendo diferencias con el Gobierno cubano. Seguiremos apoyando los derechos humanos. Pero ahora encaramos estos asuntos a través de las relaciones diplomáticas, la mejora del comercio y las relaciones persona a persona», defendió Obama.

El presidente estadounidense reconoció que la política sobre Cuba durante el último medio siglo «ha sido incapaz de mejorar la vida de los cubanos» y que el cambio «no ocurrirá de la noche a la mañana», pero se mostró confiado en que «la apertura, y no la coerción» será el mejor apoyo para las reformas que beneficien a la isla.

Castro y el presidente de EE.UU. tendrán la oportunidad de avanzar en sus negociaciones en un encuentro formal previsto para este martes, el segundo desde que ambos países anunciaran el inicio del restablecimiento de negociaciones el pasado mes de diciembre.