El llanto de una niña en el lado serbio llevó a varios agentes húngaros a ayudarla a pasar por un agujero
El llanto de una niña en el lado serbio llevó a varios agentes húngaros a ayudarla a pasar por un agujero - FOTOS: LUIS DE VEGA

Agujeros emocionales en la valla de Hungría

El llanto desesperado de una niña en lado serbio ablanda a los agentes húngaros, que la pasan a su país por una de las brechas que tiene ya la nueva verja alambrada

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Mucho se ha hablado estos días de la firmeza de las autoridades húngaras a la hora de sellar su frontera con Serbia. Mucho también de las duras condiciones en las que retienen a los recién llegados en campos que no cumplen los más mínimos estándares de los derechos humanos, según organizaciones como Human Rights Watch (HRW) o Amnistía Internacional (AI).

Sobre el terreno, a veces, la realidad acaba siendo tozuda y sorprendente. En una escena repetida decenas de veces en los útimos días, un grupo de refugiados sirios trata de colarse desde Serbia a Hungría por uno de los muchos agujeros que tiene ya la flamante valla fronterizaalambrada de 175 kilómetros. Llegan policías y militares húngaros. Unos quedan a un lado, otros enfrente. Ocurre a un par de kilómetros del pueblo de Roszke, uno de los epicentros estas semanas de la crisis migratoria en Europa.

Llama la atención el llanto desconsolado de una niña en el lado serbio cuya madre ha pasado a Hungría. Los agentes no saben qué hacer. Presencia también la escena un miembro de la agencia de la ONU para los refugiados ( Acnur). Varios adultos imploran que al menos abran el paso a la menor.

Finalmente un par de agentes de los enviados a custodiar la integridad del perímetro fronterizo ayudan a la niña a pasar por el agujero mientras su madre le tiende la mano junto a ellos. Son los agujeros emocionales de la valla, que se suman a los físicos, cada vez más numerosos.

No deja además de ser surrealista porque a solo varios cientos de metros de este lugar, por la vía del tren, miles de personas pasan sin tener que romper la verja ni pedir favores a los policías y los soldados. Todo ocurre durante el fin de semana, antes de que las autoridades de Budapest echaran el cierre definitivo a esas vías en la noche del lunes.

Diez años después de la crisis en España

Este enviado especial nunca ha asistido a un momento similar en los numerosos viajes que ha realizado a las vallas que separan Ceuta y Melilla de Marruecos. Esas verjas, levantadas hace dos décadas y muchísimo más fortificadas que la húngara, ya vivieron hace justo ahora diez años el despliegue del Ejército -la Legión en concreto- en los momentos de mayor presión migratoria del verano y otoño de 2005.

Una quincena de inmigrantes murieron entonces, algunos por disparos realizados por las Fuerzas de Seguridad desde uno y otro lado, otros desangrados a varios metros de altura colgados de las concertinas, pero nunca hubo una investigación oficial.