El senador republicano por Florida Marco Rubio, durante un reciente acto en Ames (Iowa)
El senador republicano por Florida Marco Rubio, durante un reciente acto en Ames (Iowa) - reuters

Los republicanos pelean desde el Congreso de EE.UU. la apertura a Cuba e Irán

La mayoría en el Senado y la Cámara de Representantes usará su poder para limitar la normalización diplomática con La Habana y revisar el programa nuclear del régimen de Teherán

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El senador republicano Marco Rubio fue quien mejor definió la posición mayoritaria del partido conservador ante la ofensiva diplomática de EE.UU. con Irán y Cuba: «La historia recordará el 20 de julio de 2015 como el Lunes de la Rendición de Obama, el día en que dos enemigos jurados de EE.UU. le ganaron la partida al presidente y consiguieron concesiones históricas». Ese día, el Consejo de Seguridad de la ONU votó a favor del acuerdo sobre el programa nuclear de Irán alcanzado entre la República Islámica, EE.UU. y cinco potencias –China, Rusia, Alemania, Reino Unido y Francia– y Washington vivió la reapertura de la embajada de Cuba, clausurada desde 1961.

Además de que muchos republicanos se han opuesto frontalmente al acuerdo con Irán, la decisión de llevarlo a votación en el Consejo de Seguridad antes de que lo revisara el Congreso de EE.UU. ha enfurecido a los conservadores. La mayoría republicana tanto en el Senado como en la Cámara de Representantes votará en contra del acuerdo, pero el presidente Barack Obama ya ha advertido de que utilizará su poder de veto para salvaguardar una pieza que él considera clave en su legado presidencial.

En la trinchera con Cuba tendrán más capacidad de maniobra

Los republicanos necesitarán una mayoría de dos tercios para inutilizar el veto de Obama, es decir, convencer a 44 demócratas de la Cámara de Representantes y 13 senadores del partido opositor. Aunque algunos demócratas no han visto con buenos ojos el levantamiento progresivo de las sanciones a Irán, conseguir esa mayoría no parece viable.

En plena campaña de las primarias presidenciales, todos los candidatos republicanos se han comprometido a acabar con el acuerdo con Irán en cuanto pongan el pie en la Casa Blanca. Pero, según los analistas, eso no será tan fácil: volver a convencer a la comunidad internacional de recuperar las sanciones a Irán –después de una década de negociaciones para levantarlas– requerirá de un esfuerzo diplomático casi imposible, a no ser que la República Islámica viole los términos del acuerdo.

Obstáculos a La Habana

En la trinchera con Cuba, los republicanos tendrán más capacidad de maniobra. Aunque no pueden evitar que la Casa Blanca restablezca las relaciones con el régimen castrista, sí pueden poner obstáculos legislativos y financieros. «Vamos a hacer todo lo posible para que la Embajada no reciba fondos. Hasta ahora hemos podido cancelar ese esfuerzo y la actual administración no ha podido conseguir los seis millones de dólares que busca para la nueva legación», dijo la congresista republicana por Florida Ileana Ros-Lehtinen, en una comparecencia con dos legisladores de ese estado, Mario Díaz-Balart y Carlos Curbelo.

El líder de la mayoría republicana en el Senado, Mitch McConnell, advirtió hace unos días de que bloquearía la nominación de cualquier embajador en La Habana y recordó que el embargo y las sanciones económicas son una normativa del Congreso y el Gobierno «lo tendrá muy difícil para levantarlos».