El ayatolá Jamenei en Teherán este sábado durante la fiesta del fin del Ramadán
El ayatolá Jamenei en Teherán este sábado durante la fiesta del fin del Ramadán - reuters

Claves de un acuerdo nuclear que no satisface ni a Estados Unidos ni a Irán

Washington duda de que Teherán cumpla lo acordado, y los ayatolás rechazan la reforma de su régimen

pedro rodríguez
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Tras 18 días consecutivos de negociaciones en Viena, el gobierno de Teherán y el P5+1 (los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad más Alemania) han logrado esta semana plasmar en un trascendental documento de 109 páginas el principio de acuerdo alcanzado en Jueves Santo para resolver de forma pacífica el desafío nuclear planteado por Irán. El pacto, con sus cinco anexos, supone la culminación de un proceso negociador de casi dos años acelerado por sanciones con graves repercusiones para la economía iraní. A tenor de las reacciones, el resultado final debe ser bastante bueno porque ninguna de las partes implicadas ha expresado su plena satisfacción.

En este esfuerzo de consenso no han faltado tampoco una simbólica serie de ironías históricas. La recta final del entendimiento nuclear con Irán ha tenido lugar precisamente en Viena, la capital austriaca donde tras la apoteosis napoleónica se formalizó en 1815 un nuevo orden internacional bajo la batuta de Metternich. Además, el acercamiento al régimen de los ayatolás ha tenido como escenario el Palais Coburg, un venerable palacio en el centro de Viena reconvertido en hotel de lujo. La sala de negociaciones en el tercer piso tiene vistas precisamente a la Plaza Theodor Herz, dedicada al fundador del sionismo y visionario del Estado de Israel.

¿QUÉ SACRIFICA IRÁN?

Limitaciones para el arma nuclear

El desarrollo de una bomba nuclear puede lograrse a través de uranio enriquecido hasta un 90% o de plutonio (uranio irradiado en un reactor nuclear). El acuerdo anunciado en la capital vienesa aspira a ralentizar posibles avances de Teherán en esos dos frentes. Por lo que respecta a los esfuerzos para enriquecer uranio, Irán se ha comprometido a reducir en dos tercios su actual parque de centrifugadoras, pasando de 16.000 a 9.000 máquinas.

La planta subterránea de Fordo será transformada en un centro de investigación científica. Y la planta de Natanz dejara de emplear la mitad de sus 10.000 centrifugadoras para enriquecer uranio. A pesar de haber logrado uranio enriquecido hasta el 20 %, Irán se compromete a limitar ese proceso hasta un nivel del 2,7 %. Con una reserva para quince años que no puede exceder los 300 kilogramos. Esa cantidad supone una reducción del 98 % y se considera como insuficiente para producir de forma acelerada una carga nuclear. El excedente de uranio enriquecido saldrá de Irán, terminando probablemente en Rusia.

La vía de acceso a una carga nuclear a través del plutonio también se verá limitada. Irán estaba construyendo un nuevo reactor nuclear en Arak capaz de producir Pu-239. El acuerdo implica un rediseño de ese reactor para que no sea capaz de producir plutonio destinado a la fabricación de cargas nucleares. El combustible agotado de ese reactor, susceptible de ser reutilizado para producir armas, también será trasladado fuera de Irán. Y durante quince años, el gobierno de Teherán no podrá construir nuevos reactores de agua pesada.

CONFIAR PERO VERIFICAR

Inspectores con acceso ilimitado

Irán tiene un tamaño tres veces superior al de España y un extenso historial de engaños como país firmante pero incumplidor del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP). Esta vez, Irán se ha comprometido a ofrecer a la Agencia Internacional de la Energía Atómica un mayor acceso e información sobre su programa nuclear. A partir de ahora, ese organismo queda obligado a investigar sospechas de incumplimientos por parte de Irán en un plazo de 65 días. Para ello, sus inspectores tendrán acceso a toda clase de instalaciones, civiles o militares, en cualquier punto de la geografía iraní. Los inspectores internacionales también podrán seguir la pista a la cadena de suministros y sus almacenes, además de controlar de forma permanente la producción de centrifugadoras.

Sin embargo, otras cuestiones de acceso no parecen claramente definidas. Como por ejemplo, la habilidad de los inspectores internacionales para entrevistar a científicos e ingenieros que hayan participado en los esfuerzos de la Guardia Revolucionaria para diseñar armas nucleares susceptibles de ser fabricadas en corto tiempo. Aún así, partes del régimen de inspecciones y de las medidas de transparencias acordadas en Viena se mantendrán en vigor durante 25 años. Según ha recalcado la Casa Blanca, el acuerdo alcanzado con Irán está basado no en la confianza sino en la verificación.

De acuerdo a las estimaciones manejadas por Washington el pacto incrementará temporalmente el llamado breakout time -el tiempo que Irán necesitaría para producir suficiente material enriquecido para construir una sola bomba nuclear- durante al menos un año. Periodo superior a las actuales estimaciones fijadas entre dos y tres meses. Aunque después de la primera década de vigencia del acuerdo, ese periodo de un año volverá a reducirse con el desarrollo de centrifugadoras más sofisticadas.

PREMIO AL CUMPLIMIENTO

Gradual retirada de sanciones económicas

A cambio de estos límites significativos sobre su capacidad nuclear, Irán dejará de estar sometido a sanciones económicas en los próximos meses. Según ha recalcado el presidente Obama, esta contraprestación será gradual: «Irán debe completar una serie de pasos clave antes de empezar a recibir el alivio de sus sanciones».

Para el 15 de diciembre de 2015, la Agencia Internacional de la Energía Atómica tendrá que emitir un primer veredicto favorable para que se inicie el levantamiento de sanciones económicas. Durante estos meses, Irán deberá demostrar su buena fe para eliminar todas las sospechas existentes sobre su programa nuclear. Y para 2016 podría comenzar la devolución de fondos congelados en el extranjero, por valor de 100.000 millones de dólares.

Irán también ha aceptado una cláusula tipo «snapback». Es decir que las sanciones económicas pueden ser restablecidas si se demuestran violaciones del acuerdo logrado en Viena. Esta decisión dependerá de un panel encargado de dilucidar si Teherán cumple con sus compromisos nucleares. Los ocho miembros de ese panel son Gran Bretaña, China, Francia, Alemania, Rusia, EE.UU, la UE e Irán. Y se requiere un voto de mayoría, lo que significa que la suma de Rusia, China e Irán no es suficiente para bloquear decisiones.

Con todo, las sanciones sobre la exportación e importación de armas convencionales permanecerán en vigor durante cinco años. Y las medidas aplicadas contra el desarrollo de misiles balísticos se pueden prorrogar durante ocho años. Aunque también existe la posibilidad de que todas esas restricciones desaparezcan antes de esos plazos fijados si se certifica que todo el programa nuclear de Irán está destinado a fines pacíficos y no existen esfuerzos clandestinos para producir armas a partir de uranio o plutonio.

LA BRONCA EN WASHINGTON

Sombras sobre el éxito del tratado

El Congreso de EE.UU. dispone de un periodo de 60 días para aprobar o rechazar el acuerdo. La mayoría republicana en ambas Cámaras considera que el entendimiento nuclear con Irán es problemático porque no le obliga a cerrar sus instalaciones más avanzadas. A juicio de los conservadores, el pacto impulsado por la Casa Blanca solo consigue retrasar el día en que Irán tendrá la capacidad para empezar a construir su propio arsenal nuclear. Ya que en el acuerdo de Viena, Teherán ha preservado su capacidad de producir todo el combustible nuclear que quiera dentro de 15 años y la capacidad de investigar sobre centrifugadoras avanzadas en cuestión de ocho años.

A juicio del «speaker» John Boehner, «en lugar de hacer el mundo menos peligroso, este acuerdo solo envalentonará a Irán –el mayor patrocinador mundial de terrorismo– al ayudar a estabilizar y legitimizar su régimen». En este sentido, la mayoría republicana en el Congreso de Estados Unidos lleva tiempo respaldando el frontal rechazo del gobierno de Israel –sofisticada pero no declarada potencia nuclear– a entenderse con la teocracia nacida de la revolución iraní de 1979.

El presidente Obama ha insistido en su voluntad de preservar el pacto con Irán dentro del polarizado balance político de Washington: «Vetaré cualquier legislación que impida la implementación exitosa de este acuerdo». A su juicio, el entendimiento alcanzado en Viena es mucho más preferible al escenario alternativo del no acuerdo y la consiguiente carrera de armas nucleares en Oriente Medio. Según Obama, los próximos ocupantes de la Casa Blanca gracias a este pacto «estarán en una posición mucho más fuerte» para limitar las ambiciones nucleares de Irán durante décadas.

En la recta final de su segundo mandato, para Obama el éxito alcanzado tras veinte meses de bizantinas negociaciones con Irán representa el mayor éxito diplomático de su presidencia. Aunque no está claro que el acuerdo vaya a suponer una recompensa en las relaciones bilaterales con Irán tras décadas de golpes de Estado, injerencias, rehenes, terrorismo y sanciones. En estos momentos, la lista de países con los que Estados Unidos no mantiene relaciones diplomáticas se limita a Irán, Corea del Norte y Bután.

PARA LA HISTORIA

Israel se queja; Arabia Saudí, duda

El ministro de Exteriores de Irán, Mohamad Javad Zarif, ha indicado que el acuerdo nuclear alcanzado en Viena es «un momento histórico» pero sin dejar de reconocer que «no es perfecto». A su juicio, «es un acuerdo que no es perfecto para nadie pero es lo que hemos podido conseguir y es un importante logro para todos nosotros». El presidente Hasan Rouhani ha ido más lejos. En un discurso televisado a la nación iraní, ha afirmado que se trata de «un buen acuerdo» y que «nuestras oraciones se han hecho realidad». Y en un primer comentario a través de Twitter, el líder supremo de Irán ha reconocido por lo menos el trabajo llevado a cabo por sus negociadores. Según el reticente ayatolá Ali Jamenei, se ha realizado «un esfuerzo honesto y duro».

El primer ministro de Israel ha utilizado también la palabra «histórico» pero en otros términos. Según Benjamin Netanyahu, el acuerdo con Irán es un «error histórico para el mundo» que ayudará a crear «una superpotencia nuclear terrorista». A su juicio, en lugar de limitar la capacidad nuclear de Irán, en última instancia se le está dando un mayor y peligroso margen de acción para adquirir armas de destrucción masivo. Según el líder del Likud, Israel no se siente comprometida por este acuerdo y seguirá haciendo lo que siempre hace: defenderse.

Arabia Saudí, el otro gran vértice en este pulso geoestratégico, ha emitido una primera reacción diplomática a favor de los esfuerzos para impedir que Teherán consiga hacerse con armas nucleares. Aunque sin dejar de insistir en la necesidad de un estricto régimen de inspecciones, incluida la posibilidad de responder a eventuales incumplimientos con nuevas sanciones.