Haidar al Abadi (izquierda),  Laurent Fabius (centro) y Anthony Blinken (d), tras la rueda de prensa
Haidar al Abadi (izquierda), Laurent Fabius (centro) y Anthony Blinken (d), tras la rueda de prensa - efe

La coalición internacional escenifica en París sus patéticas «contradicciones»

Arabia Saudita, sospechosa de «cerrar los ojos» ante los «flujos financieros» destinados a grupúsculos yihadistas, presidió un grupo de trabajo consagrado «a la lucha contra la financiación del EI»

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La reunión ministerial restringida de la Coalición Internacional contra el Estado Islámico, en el Quai d'Orsay (Ministerio de Asuntos exteriores), la tarde del martes, había sido «resumida» previamente por el primer ministro iraquí, Haider al Abadi, de este modo: «Estamos asistiendo a un fracaso de la comunidad internacional».

En ausencia de John Kerry, secretario de Estado de los EE.UU., Haider al Abadi presidió la reunión ministerial con Laurent Fabius, ministro francés de Asuntos exteriores, pero sus trabajos y posterior reunión con François Hollande confirmaron con creces su pesimismo, muy bien fundado.

Los 4.000 bombardeos selectivos -esencialmente norteamericanos, con apoyo no menos selectivo de Francia-, que se han sucedido en diez meses, no han conseguido frenar la expansión de las tropas del EI, que instauró un «califato» entre Irak y Siria el mes de junio de 2014.

El EI controla ya casi la mitad de Siria y una parte creciente de un Estado iraquí sencillamente balcanizado, caído de hinojos en insondables divisiones tribales, religiosas e institucionales.

Ante esas evidencias, la reunión ministerial restringida elaboró un piadoso «resumen» de sus trabajos, evitando tratar todas las cuestiones esenciales para poner énfasis verbal en cuestiones relativamente «secundarias».

En el terreno estrictamente militar, Washington no oculta su «irritación» apenas contenidas con el rosario de aliados árabes/ musulmanes, mientras que París hace oídos sordos.

Patéticas contradicciones

Palmario el fracaso militar de la coalición, la reunión ministerial ha puesto en evidencia patéticas «contradicciones». Arabia Saudita, sospechosa de «cerrar los ojos» ante los «flujos financieros» destinados a grupúsculos yihadistas, presidió un grupo de trabajo consagrado «a la lucha contra la financiación del EI». Turquía, sospechosa de «cerrar los ojos» ante los yihadistas que transitan por su territorio rumbo a los territorios controlados por el EI -con el fin de desestabilizar al gobierno sirio-, presidió una mesa redonda destinada a «estudiar» los medios necesarios para «controlar» los «flujos» de militantes extranjeros que refuerzan el EI.

En el el terreno militar, igualmente, los enfrentamientos internos entre varios miembros influyentes de la coalición, han impedido integrar en su seno a Irán, que tiene en el terreno militar un puesto capital, contra el EI.

Imposible «poner orden» entre sus aliados musulmanes (de distinta sensibilidad), divididos entre ellos ante la balcanización religiosa y tribal de Irak, Washington, Londres y París han conseguido «imponer» piadosos llamamiento de la «defensa de las minorías religiosas» (esencialmente cristianas).

Fracasada la estrategia militar en curso de aleatoria aplicación (bombardeos selectivos, para apoyar las tropas y milicias en el terreno), Washington, Londres y París reclaman en vano «una solución política, para Siria e Irak», cuando los aliados musulmanes imponen políticas muy variopintas y enfrentadas, esperando el derrocamiento de Siria, aplazando cualquier y lejanísima «solución política» en un Estado iraquí víctima de insondables divisiones.

Myriam Benraad, autora de varios ensayos de referencia sobre la expansión inexorable, hasta hoy, del EI, declara al semanario «Le Point»: «Al día de hoy, todo parece sugerir que estamos asistiendo a una suerte de cacofonía incomprensible, consecuencia práctica de una coalición heteróclita que sigue sin definir con claridad sus objetivos estratégicos, con un comportamiento práctico confuso y muy alejado de la realidad, trágica».