El cómico Russell Brand con el político laborista Ed Miliband
El cómico Russell Brand con el político laborista Ed Miliband - CANAL THE TREWS
INTERNACIONAL

Más de cincuenta años de sátira en el Reino Unido

La aparición del cómico Russell Brand como actor político en el Reino Unido prosigue una vieja tradición en la cual los caricatos han sido críticos despiadados del parlamento

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A principios de los años 60 el «boom» de la sátira dominaba el Reino Unido. Un grupo de estudiantes de Cambridge y Oxford, surgidos la mayoría de la compañía de candilejas y comedia «Footlights», habían pasado de realizar pequeños sketch visuales a complejos y filosóficos monólogos donde atacaban a todo el «establishment». El show se llamaba «Beyond the Fringe», más allá del filo, y casi consigue, según el Monty Python John Cleese, que «Inglaterra se ahogara en sus carcajadas». Estaba compuesto por Peter Cook, Dudley Moore, Alan Bennett y Jonathan Miller. Kenneth Tynan, crítico del «Observer», consideró que era la primera vez que una revista cómica no tenía «escenarios de revista, latiguillos ingeniosos o bailarinas tintineantes en bañadores apretados».

En una de sus actuaciones Peter Cook, alma de la troupe, hizo una imitación perfecta del primer ministro conservador Harold Macmillan en su cara. Esto rompió las viejas barreras de decoro, tan propias de los ingleses, e instituyó la sátira endiablada en los teatros de Londres a las figuras políticas. Fue, en gran parte, el fin de la deferencia: nadie ya podría evitar ser parodiado por la emergente escena satírica. En televisión David Frost, con su programa «Frost Report» llevó esto a la pequeña pantalla, donde se formaron gran parte de los futuros Monty Python como actores o guionistas.

En 1961 la revista «Private eye» imprimió esa sátira al papel, uniendo la parodia política a un fiero escrutinio de las actividades públicas y en ocasiones privadas de los parlamentarios. Mantenida por Peter Cook en sus primeros años por los continuos libelos, ha sobrevivido hasta la actualidad y goza de una tradición y respeto que sus compañeros de kiosko pocos pueden criticarla. En su aniversario, para 2011, el editor del «The Guardian» Alan Rusbridger juzgó que su «diseño anticuado hace que nunca crezca».

Todos contra Thatcher

Esta sátira de los 60, cómoda y amable, dará paso a inicios de los 80 a un país dividido, con unos conservadores que rompieron la política del consenso para optar por las estrategias de libre mercado de Margaret Thatcher. El humor corrosivo de los Monty Python, todavía tamizado por el absurdo y que domina los primeros años 70, dejará su lugar a cómicos marcadamente políticos como Ben Elton o Alexei Saley. Detrás de la evocación histórica de un advenedizo, en «La Víbora Negra» (escrita por Ben Elton y Richard Curtis) se parodiaba la política del Reino Unido a través de un segundón ambicioso. De manera más directa, «Not the Nine O’Clock News» imitó sin remisión a inicios de los años 80 tanto a conservadores como laboristas. Llegaba a mostrar a Margaret Thatcher como un travesti vistiéndose, el conocido Rowan Atkinson, para unir luego de imágenes de ella entrando a un mitin del partido conservador.

Más amable con Thatcher, mucho más vitriólica, «Sí, Ministro» fue un verdadero testamento cómico de la vieja política inglesa, donde el idealista y liberal Jim Hacker se enfrentaba al burócrata socialista definitivo: Sir Humphrey. Con algunos de los diálogos más ingeniosos de la historia de la comedia británica, fue la serie favorita de la primera ministra británica durante todo su mandato. Mucho tendrá que ver el episodio en el cual Jim Hacker no puede cerrar un hospital sin pacientes ante el temor de una huelga de funcionarios.

Para Jónatan Sark, crítico cultural que lleva el blog «El Receptor», fue el «ineficaz gobierno laborista» el que reactivó la sátira en el Reino Unido. Recuerda incluso que «Sí, Ministro» debía haberse estrenado «antes de las elecciones en 1979». Ahora bien, Thatcher no quedó indemne de todas esas parodias, y se puede decir que «Spitting Image», los muñegotes británicos, hicieron de ella su principal muñeco de feria. Tanto fue así que al caer la líder, en 1990, se fue apagando hasta desaparecer en el 96. Otro gran testimonio de ese tiempo es la sitcom «New Stateman», donde un ambicioso Rik Mayall representa al político tory en el auge del thacherismo: en un episodio llega a vender a su madre.

Entre lo real y la ficción

Los años 90 suponen el fin de la frontera clara entre la ficción y la no ficción, con el nombre señero de Ricky Gervais y sus documentales falsos, «mockumentary», como «The Office». Pero es también el tiempo de un cómico fundamental, Chris Morris, que a través de «On the Hour» y la excepcional serie de documentales «Brass Eye» conmocionó al país. Morris llegó a engañar a un diputado conservador, David Amess, con una supuesta droga venida del este en uno de los documentales. Un guionista vinculado al programa de Morris, Armando Iannucci, hará su particular versión de «Sí, Ministro» con «The Thick of It», que traía esa vieja sátira a nuestra era digital.

Con la quiebra de la ficción y la realidad, los políticos van a verse siempre asediados por los cómicos, que alcanzan un nivel de notoriedad e influencia pocas veces visto. Si los caricatos Baron Cohen (con Ali G o Bruno) o Chris Morris se disfrazaban en sus personajes, Russell Brand ha dado el siguiente paso al ofrecer el personaje como un político más. En origen un cómico de stand-up, de tarima y micrófono, su paso por Hollywood («Paso de ti», «Todo sobre mi desmadre», etc.) y su presencia constante como presentador de galas o en programa de telerrealidad le han convertido en una figura emblemática en la contracultura británica. Todo ello sin olvidar su relación con Katy Perry, icono pop de masas en las islas británicas.

En 2009 se implicó en la crítica al gobierno israelí, participando en diversas manifestaciones. Pero será en 2013, con sus entrevistas en publicaciones políticas, cuando se erija como figura pública de primer orden contra el orden social capitalista actual. La publicación en 2014 de su libro «Revolution», donde clamaba contra los abusos del sistema y apostaba por el voto en blanco, le convertirán en un émulo inglés de Michael Moore. Sus próximos pasos, que incluyen el documental de Michael Winterbottom «The Emperor’s New Clothes», parecen indicarlo.

En la actualidad su mayor triunfo ha sido que Ed Miliband, líder laborista, haya accedido a ser entrevistado en el canal de Brand de Youtube, «The Trews». Mientras Harold MacMillan no aceptó participar en ningún acto con el cómico Peter Cook, Miliband no ha tenido reparo en aceptar un encuentro con el activista. Allí Brand deja claro con un discurso marcado cual es el problema en esta declaración: «Lo que estamos viendo es que los banqueros cometen fraude y nadie va a prisión, la frustración de la gente y la separación entre los políticos y el resto es clara».

Para Borja Bergareche, ex corresponsal de ABC en Londres, este «flirteo» del candidato laborista con la comedia tendrá «consecuencias» en un país en el que «el humor popular pasa enseguida de lo retraído a lo brutal, en el que la prensa tabloide practica la sátira política con sangre y las élites sociales adoran la gimnasia de la ironía».