Un vídeo muestra torturas a inmigrantes para elevar el precio de la travesía por el Mediterráneo

A menudo, los inmigrantes son tratados como animales, golpeados con fusta, semidesnudos y arrodillados, antes de embarcarse en Libia

ÁNGEL GÓMEZ FUENTES
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Sin escrúpulos, los traficantes tratan a los inmigrantes como esclavos en Libia antes de partir hacia Italia. Se apalea a los subsaharianos como si fueran animales y se les hacina en casas en condiciones infrahumanas. Uno detrás de otro, en fila, van pasando tras los fustazos del guardián de turno. Son controlados y humillados poniéndolos de rodillas, semidesnudos, con las manos en la nuca y la mirada hacia el suelo. Si no disponen del dinero que les exigen para embarcarse, entre 1.000 y 1.500 dólares, les obligan a trabajar como esclavos y los torturan para elevar el precio de la travesía del Mediterráneo. A menudo deben recurrir a la familia o a los amigos para conseguir más dinero.

Los inmigrantes llaman a las familias, mientras son golpeados, para que así oigan sus gritos de dolor y se apresuren a enviarles dinero. Son prácticas habituales, cotidianas, según los testimonios de numerosos inmigrantes llegados en estos días a Italia. Publicadas por «Il Corriere», las imágenes de los fustazos y de los prófugos arrodillados han sido captadas en un video del teléfono móvil por un joven sirio de 20 años, escondido tras una columna, que ya ha desembarcado en Italia. Cuenta que él no recibió golpes porque su familia sí pudo pagar bien el dinero exigido. Viajaba con sus padres y un hermano. Desembarcaron en Sicilia, pasaron por un centro de acogida de Milán y ahora han llegado a Holanda. El momento más duro, según han referido, ha sido antes de iniciar la travesía, en el caos de Libia.

La edificación que aparece en el video era un establecimiento para animales, el último centro de concentración de inmigrantes antes de embarcar. Estaría localizado en las cercanías de Zuwara, uno de los principales puertos donde parten las barcazas, en los confines con Túnez.

Carceleros agresivos

El método es siempre el mismo, según relatan los prófugos. De etapa en etapa, antes de embarcarse pueden pasar meses en manos de los traficantes de seres humanos, que actúan como carceleros. Los sirios, que suelen disponer de dinero, son mejor tratados. Pero los subsaharianos son maltratados y cuentan de violencias a veces atroces. Najat, eritrea, de 30 años, embarazada de ocho meses, que hace poco llegó a un centro de acogida milanés, ha relatado la dura experiencia vivida junto al marido: «El último alojamiento antes de partir fue una cuadra, donde vivimos durante quince días antes de partir hacia Italia. Nos trataban mal a todos, a las mujeres y a los jóvenes, sobre todo. Los auténticos traficantes no los veíamos. Mandan a sus hombres que suelen hablar nuestra lengua. Y son muy agresivos. Mi marido fue golpeado en numerosas ocasiones, sin motivos. A veces lo hacen para evitar preguntas. Saben que te han comprado y que somos su mercancía».

A menudo, el calvario no acaba en Libia. En Italia pueden caer también en manos de traficantes, que les preparan el viaje hacia otros países europeos. La policía italiana detuvo ayer a 24 de estos traficantes, con base en Sicilia. En las interceptaciones telefónicas, reconocen que las embarcaciones se cargan con el doble de prófugos de los que podrían llevar para navegar con un mínimo de seguridad. Uno de estos traficantes, Ghermay, que actuaba en Sicilia, en conversación con su interlocutor en Frankfurt, le dice que tenía en una casa de Catania «117 clandestinos que duermen de pie». Reconoce, según se lee en la conversación grabada por la policía, que «hacemos cosas ilegales, porque no somos el gobierno que puede ayudar y escuchar a todos».