El presidente Essebsi, momentos antes de la entrevista en Túnez
El presidente Essebsi, momentos antes de la entrevista en Túnez - alvaro canovas

Béji Caid Essebsi: «Los islamistas sueñan con el siglo VII, nosotros queremos el siglo XXI»

Essebsi, que sirvió bajo Burguiba y Ben Alí, es el primer presidente elegido democráticamente en Túnez y el único capaz de oponerse a los radicales

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Béji Caïd Essebsi, de 88 años, trabajó con Burguiba y Ben Alí antes de imponerse como el peso pesado del Túnez postrevolucionario a la cabeza del partido Nidaa Tounes. Primer presidente elegido democráticamente, este antiguo ministro de Interior, de Defensa y de Asuntos Exteriores, está considerado hoy día como el único hombre capaz de oponersea los islamistas.

-¿Después de Egipto y Libia, ¿se va a hundir Túnez en la violencia?

-Todo Túnez está traumatizado. Lo que ha ocurrido es un ataque contra nuestros valores. Al volver al Museo del Bardo sentí una gran emoción. Iba allí cuando era pequeño y recuerdo a menudo las palabras del profesor, que nos contaba la historia única de Túnez, desde los cartagineses hasta los turcos, pasando por la colonización: una historia de la humanidad. Las mujeres y los hombres que vinieron al museo para admirar esta historia dieron con unos fanáticos que les arrebataron la vida. No podemos olvidarlo.

-¿Después de los atentados de París y Copenhague, consideran que estaban lo suficientemente alerta?

-Evidentemente, no lo suficiente. Hemos tenido fallos. Nuestros servicios de seguridad respondieron de forma muy eficaz para poner fin al atentado en el Bardo, evitando otras decenas de muertes que se habrían producido si los terroristas hubieran logrado activar su cinturón de explosivos. Pero aparte de eso, la policía y los servicios de información no fueron lo bastante sistemáticos como para garantizar la seguridad del museo. Hay que saber que nuestra administración está debilitada y desorganizada después de cuatro años de mal gobierno, desde la revolución [contra Ben Alí, en febrero de 2011]. Pero nos estamos recuperando. Las reformas van muy deprisa.

-En un vídeo grabado en Siria, tres tunecinos ligados a Estado Islámico amenazaban: «Vamos a ir a asesinar a muchos de vosotros. No viviréis en paz mientras Túnez no se rija por el islam y sea gobernado por la sharía». Era una amenaza clara.

-Túnez nunca será gobernado por la sharía. Ha habido intentos y los intentos han fracasado. Nosotros somos un país musulmán, no islamista. Nuestro islam es un islam abierto, de conciliación. Es el islam malaquita. La situación es frágil, es cierto, pero el país está vacunado. No hemos llegado al poder abusando de la autoridad, sino gracias a un movimiento evolutivo.

-¿Cómo explica el aumento del yihadismo en Túnez?

-Estos últimos años ha habido una gran relajación por parte de las autoridades, sobre todo bajo el gobierno de los islamistas. Pero también una situación económica y social dramática para muchos tunecinos, especialmente los jóvenes. Y también hay que tener en cuenta que tenemos una guerra civil en nuestra frontera, en Libia, donde varias facciones fuertemente armadas han jurado fidelidad a EI. Túnez sigue siendo un remanso de democracia, pero ya no es un remanso de paz. Entre los jóvenes desocupados, a menudo desesperados, la llamada yihadista ha funcionado; 4.000 tunecinos se han unido a la yihad en Siria, Libia o en otros lugares. Y unos 500 de ellos han vuelto aquí y nos desafían. Por no hablar de los otros 5.000 o 6.000 a quienes hemos logrado impedir que se vayan.

-¿En concreto, cómo pretende tranquilizar a los turistas?

-Al día siguiente del atentado, adoptamos varias medidas de una amplitud excepcional, empezando por la destitución del jefe de la Policía de Túnez y del jefe de la Policía del Bardo. Con estas medidas pretendemos reformar nuestra política de seguridad, con un nuevo dispositivo de seguridad en las fronteras, una mejor coordinación entre las fuerzas armadas y la seguridad de las grandes ciudades. También debemos proteger a los agentes del orden, que están en primera línea.

-Algunos temen verle instaurar un nuevo régimen autoritario. ¿Cómo conciliar un Estado fuerte y las libertades públicas?

-No es imposible. Yo soy el garante. No queremos convertirnos en un Estado policial. Yo velaré porque no haya descarríos, porque pondrían en tela de juicio todo lo que hemos hecho. Ante los acontecimientos del Bardo, soy consciente de que es fácil descarriar.

-¿Es usted favorable a una intervención militar en Libia, sabiendo que allí se ha instalado Estado Islámico?

-El problema libio es crucial. Lo sabemos bien: hemos acogido a 1,3 millones de refugiados libios, de todo tipo y condición. Cuando vemos el escándalo que se ha producido por los 9.000 tunecinos que querían ir a Francia… Hasta la señora Le Pen se desplazó a Lampedusa. ¡Imagínese nosotros, con 1,3 millones de libios! Hoy día es un caos. Ya no hay Estado, los grupos armados se enfrentan. Todos los libios están armados. Y piden que se levante el embargo sobre las armas. Nosotros estamos en contra. Existe el riesgo de que el país se divida en dos, y hay que evitarlo. Igual que hay que mantenerse alejado de la tentación de intervenir militarmente. En un momento de lucidez, todos los países limítrofes con Libia deberían reunirse y actuar de común acuerdo, sobre todo contra el terrorismo, bajo la égida de la ONU.

-¿Qué le dice a la juventud desesperada?

-Los jóvenes tunecinos tienen razón. No les damos trabajo. De los 620.000 parados que tiene el país, 250.000 son universitarios. Eso crea frustración. Los que quieren ayudarnos no deben hacerlo únicamente en el ámbito de la seguridad, sino también en el económico.

-¿Qué le dirá a Obama cuando le vea próximamente en Washington?

—El presidente Obama ha adoptado algunos compromisos con Túnez. No solo cuando me llamó después del atentado contra el Bardo, sino desde el día siguiente a mi elección. Me dijo: «Lo que usted hace en Túnez es, a pesar de todo, único». Yo le respondí: «Señor presidente, no utilice el término “milagro” para evocar Túnez, sosténgalo económicamente». Por otra parte, Washington ya ha empezado a hacerlo. Acabamos de firmar un acuerdo para los estudiantes de tercer ciclo, lo que no es poca cosa: nosotros enviamos 400 estudiantes a las escuelas superiores de EE.UU.. Es poco, en comparación con los 4.000 yihadistas que han partido hacia Siria. Hay que invertir esta proporción. Entonces se podrá decir que Túnez ha salido de esta crisis.

-¿Cómo espera superar este desafío de la atracción por el extremismo?

-Mi principal ambición es mejorar la situación económica de la población. Cuando la gente vuelva a tener esperanza, acabaremos con el islam radical. Como decía santo Tomás de Aquino: «Hace falta un bienestar mínimo para practicar la virtud». Hace 55 años generalizamos la enseñanza y liberamos a la mujer tunecina, que hoy ocupa casi el mismo lugar que el hombre. Durante el Gobierno de Burguiba creamos una clase media muy amplia. Sabemos que nos separan catorce siglos de los islamistas. Ellos imponen una vuelta al siglo VII, nosotros queremos el siglo XXI. Me he comprometido con las 1,2 millones de mujeres que me han votado a que mi país entre irrevocablemente en el siglo XXI.

-¿Conseguirá preservar los logros de las mujeres tunecinas?

-Mientras yo esté aquí, serán defendidos. Todo es frágil. La vida es frágil. Pero no es una razón para no luchar por ella.

-¿Cuál es su actitud ante los extremistas que preconizan la violencia?

-Vamos a hacer que las mezquitas sirvan para rezar a Dios, no para la violencia. Las mezquitas no son cuarteles.

-¿Qué queda de las esperanzas de la Primavera Árabe?

-No hay Primavera Árabe. Como mucho, quizá, una «primavera tunecina». Y si esta primavera no se confirma en Túnez, no existirá en ningún lugar. Nuestra «primavera» sigue estando amenazada. No por los terroristas, sino por la falta de medios de los que disponemos para dar trabajo a todo el mundo y disminuir la pobreza en algunas regiones.

-Acaba de apelar en un discurso a la reconciliación nacional. ¿Cómo se pueden cerrar las heridas del pasado?

-Sí, es necesaria una reconciliación nacional. La justicia transitoria no puede condenar a todo el mundo, pero ha funcionado como un bálsamo para el corazón de las víctimas del antiguo régimen. Debemos dejar de ajustar cuentas con el pasado. Hay que volver la página de las persecuciones y hacer que los tunecinos que tienen dinero [los benalistas] vuelvan a invertir en Túnez y sean útiles a su país.

-¿Como presidente de Túnez elegido democráticamente, cuál es hoy su objetivo prioritario?

-Mi objetivo personal es que de aquí al final de mi mandato los tunecinos se vuelvan a sentir bien en su país.

-¿Sigue pensando devolver la estatua ecuestre de Burguiba a la avenida principal de Túnez?

-Lo he escrito en mi libro. Lo haré cuando la Historia gane a la actualidad. Quienes retiraron la estatua para sustituirla por un reloj de mal gusto no tenían ninguna cultura histórica. Habían olvidado que la estatua de Burguiba era el símbolo de nuestra liberación. Sustituía al monumento a Jules Ferry, dominador, que se cernía, amenazante, sobre una joven árabe frágil que le tendía una rama de olivo.