John Kerry, con su equipo, durante la reunión en Lausana
John Kerry, con su equipo, durante la reunión en Lausana - afp

El delicado pacto nuclear de Lausana no convence a los israelíes

El propio Obama intenta suavizar el rechazo del Gobierno de Benjamin Netanyahu al preacuerdo con una llamada personal al premier hebreo

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El principio de acuerdo de este pasado jueves entre Irán y seis grandes potencias encabezadas por EEUU, sienta la base para un eventual tratado histórico para contener el polémico programa atómico iraní, aunque todavía quedan muchos obstáculos que superar. El primero de todos, la desconfianza absoluta del Gobierno de Tel Aviv. Tanta, que el propio Obama tuvo que telefonear al primer ministro hebreo para tratar de convencerle de que Washington sigue plenamente comprometido con la seguridad de Israel.

El jefe del Ejecutivo israelí, Benjamin Netanyahu, no dudó ayer en rechazar el acuerdo que el Grupo 5+1 (EEUU, Francia, Rusia, China, Reino Unido y Alemania) alcanzó sobre el programa nuclear iraní y reiteró que Irán sigue siendo «una amenaza».

«Este acuerdo podría suponer un grave peligro para la región y para el mundo, y amenazar la propia supervivencia del Estado de Israel», que «no es negociable», remarcó el premier tras una reunión con el gabinete de seguridad israelí para evaluar esta cuestión. «Ahora algunos dicen que la única alternativa a un mal acuerdo es la guerra. No es verdad. Hay una tercera alternativa que es estar firmes, aumentar la presión sobre Irán hasta que un buen acuerdo sea alcanzado», afirmó, al tiempo que exigió que cualquier pacto final se vea acompañado por un «reconocimiento iraní claro e inequívoco del derecho de Israel a existir».

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, intentó suavizar el rechazo de Netanyahu con un allamada personal para explicarle personalmente el acuerdo preliminar alcanzado.

«El presidente enfatizó que, aunque nada está acordado hasta que todo está acordado, el acuerdo preliminar con Irán supone un progreso significativo hacia una solución duradera que evite que Irán desarrolle la bomba atómica y garantice la naturaleza pacífica de su programa nuclear», informó la Casa Blanca.

«El presidente subrayó asimismo que el progreso en las negociaciones nucleares con Irán no reduce de ninguna manera las preocupaciones de Estados Unidos respecto al patrocinio del terrorismo por parte de Irán y las amenazas hacia Israel», añadía la nota.

Al margen de los fuertes recelos de Tel Aviv, las partes deberán negociar ahora intensamente -durante los próximos tres meses- los detalles técnicos y legales para poner en práctica los principios de los acordado en Lausana tras ocho dramáticos días de negociaciones. Diplomáticos conocedores de la negociación indicaron ayer que los directores políticos de ambas partes comenzarán en dos semanas con los primeros contactos para ir aclarando punto por punto.

Estas negociaciones técnicas se producirán con toda seguridad en medio de una tormenta de críticas. Y estas llegarán no solo de Israel, que se siente amenazada por las ambiciones nucleares de Irán, sino también del opositor Partido Republicano en EE.UU. y de los países del Golfo Pérsico.

Diez años de tira y afloja

La clave del acuerdo de principios es la estricta limitación durante una década del programa de enriquecimiento de uranio y de la investigación y desarrollo atómico en Irán.

El ministro alemán de Asuntos Exteriores, Frank-Walter Steinmeier, advirtió hoy de que «todavía es demasiado pronto para celebrar» un acuerdo nuclear con Irán. Steinmeier, sin embargo, subrayó la importancia de las negociaciones concluidas ayer en Lausana, donde «se apartaron del camino obstáculos que habían impedido cualquier acuerdo con Irán en los últimos diez años».

Donde todo fueron celebraciones es en Irán. El ministro de Relaciones Exteriores de ese país, Mohamad Yavad Zarif, fue recibido en Teherán con aplausos de numerosos ciudadanos. La inmensa mayoría de los iraníes deseaba encontrar algún tipo de acuerdo con Occidente y normalizar sus relaciones para que las enormes restricciones económicas que pesan sobre el país sean eliminadas, aunque tampoco querían que les fuera negado su derecho a poseer e investigar en el campo de la energía nuclear con fines pacíficos. Y Zarif, de momento, lo ha conseguido.