El presidente Recep Tayyip Erdogan
El presidente Recep Tayyip Erdogan - REUTERS

Turquía, furiosa por la decisión estadounidense de negociar con Assad

Las autoridades turcas luchan por lograr una intervención militar occidental que acabe con el régimen de Assad

DANIEL IRIARTE
Actualizado:

Los comentarios del Secretario de Estado de EE.UU., John Kerry, sobre la necesidad de negociar con el presidente sirio Bashar Al Assad, han provocado la iracunda reacción del gobierno turco, uno de los adversarios más enconados del régimen vecino. Las autoridades turcas se han pasado los últimos tres años tratando de forzar una intervención militar occidental que asegure el derrocamiento de Assad, o, como mínimo, el establecimiento de una zona de exclusión aérea en el norte del país que reduzca el flujo de refugiados y sirva de base para las operaciones de la insurgencia. Una intervención que no se ha producido por la reticencia de EE.UU. a liderarla.

Washington, además, parece haber aceptado que el presidente sirio será el vencedor más probable de la guerra, y, aparentemente, un mal menor frente a la amenaza que supondría una mayor expansión del Estado Islámico. «Al final tenemos que negociar. Siempre hemos estado dispuestos a negociar en el contexto del proceso de Ginebra», dijo Kerry este fin de semana, refiriéndose a las conversaciones mantenidas en 2012 en la metrópolis suiza por los diferentes bandos del conflicto sirio.

«¿Qué hay que negociar?», declaró el pasado lunes el ministro de exteriores de Turquía, Mevlüt Çavusoglu. «¿Cómo vas a negociar con un régimen que ha matado a más de 200.000 personas y ha usado armas químicas? ¿Qué resultados vas a poder lograr de esas negociaciones?», reiteró.

Por su parte, el presidente Recep Tayyip Erdogan ha ido aún más lejos, asegurando que los eventos de Siria «son parte de un intento global de debilitar el poder de Turquía y dañar la posición turca». «Esa es la razón del apoyo que se le da a Assad y al Estado Islámico», ha dicho el mandatario turco, culpando a «algunos círculos que no quieren el desarrollo de Turquía».

La posición turca refleja asimismo la de Francia, que ha reiterado que no contempla que Assad sea parte del futuro de Siria. «Nuestra posición es clara. Nuestro objetivo es un acuerdo político negociado entre las diferentes partes sirias que lleve a un gobierno de unidad. Para nosotros está claro que Bashar Al Assad no puede estar en este marco», aseguró ayer el portavoz de Exteriores francés, Romain Nadal.

Pero las nuevas discrepancias entre EE.UU. y Turquía ponen en cuestión el programa conjunto entre ambos países para entrenar a miles de insurgentes sirios en territorio turco, iniciado a principios de este mes. La iniciativa pretende formar a 15.000 combatientes en el plazo de tres años, con el propósito de crear una fuerza bélica prooccidental que pueda alterar el balance de la guerra en Siria.

El programa supone un acuerdo de mínimos entre Washington y unas autoridades turcas que se ha negado a permitir el uso de la base aérea de Incirlik para las misiones de bombardeo de la coalición contra el Estado Islámico, condicionándolo a la implementación de la mencionada zona de exclusión aérea en Siria. Algo que, de momento, no parece encontrarse en la agenda estadounidense.