El socio de coalición de Syriza reaviva la tensión con Turquía

El partido Griegos Independientes, al que se ha adjudicado el Ministerio de Defensa, exhibe sus credenciales nacionalistas

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Mientras Syriza lidia con las vicisitudes económicas, su socio de coalición, el partido Griegos Independientes, está dejando claras cuáles son sus prioridades. El primer acto oficial de Panos Kammenos, el nuevo ministro de Defensa, tras tomar posesión del cargo la semana pasada, fue sobrevolar en helicóptero Imia, dos islotes deshabitados muy cercanos a la costa de Turquía (donde son conocidos bajo el nombre de Kardak), y cuya propiedad se disputan ambos países.

«La razón por la que el ministro de Defensa fue allí fue para mostrar su patriotismo y para honrar a aquellos que murieron allí. Nadie lo ha hecho en los últimos 19 años», explicó posteriormente la portavoz de su partido, Marina Chysoveloni.

El asunto no es tan baladí como podría parecer. Turquía y Grecia estuvieron a punto de ir a la guerra por ambos islotes en 1996, después de que Ankara reclamase unilateralmente su soberanía. Se inició así una «guerra de banderas» en la que periodistas, pescadores y posteriormente comandos de ambos ejércitos compitieron por hacer ondear la enseña de los respectivos países. El incidente alcanzó la máxima tensión después de que un helicóptero griego se estrellase en el lugar, un accidente en el que fallecieron tres soldados. La tragedia fue atribuida al mal tiempo, aunque no faltan las voces en Grecia que acusan a Turquía de haber disparado sobre el helicóptero.

El asunto aún levanta ampollas en Grecia. Los neonazis de Amanecer Dorado, por ejemplo, organizan regularmente actos de conmemoración sobre este asunto. Y cuando en 2013 el miembro de Syriza Nasos Teodoridis aseguró públicamente que en su opinión, los islotes pertenecían a Turquía y las reclamaciones griegas eran «poco razonables», fue acusado de traición y obligado a abandonar una comisión gubernamental en la que participaba.

Posiciones nacionalistas

El diario británico «The Guardian» informó esta semana de que cazas turcos se movilizaron ante el vuelo de Kammenos, y llegaron a penetrar en el espacio aéreo griego, iniciando un simulacro de combate con aeronaves griegas, incidentes recurrentes en el Egeo hasta que la crisis económica obligó a las fuerzas aéreas griegas a reducirlos a su mínima expresión. «El helicóptero no llegó a penetrar en el espacio aéreo turco, y por eso no se ha producido ninguna protesta oficial», ha confirmado un alto funcionario turco a ABC.

En realidad, el incidente no ha sido ninguna sorpresa. El partido Griegos Independientes es conocido por sus posiciones nacionalistas: ya antes de su alianza con Syriza anunció que una de sus líneas rojas sería la cuestión de Macedonia, un contencioso que Grecia mantiene con el país vecino que impide que la antigua república yugoslava pueda adoptar ese nombre de forma oficial.

Más incómodas han sido las declaraciones del nuevo primer ministro griego, Alexis Tsipras, durante su primer viaje oficial, a la isla de Chipre. El líder de Syriza acusó a Turquía de sabotear las negociaciones de reunificación de la isla al haber enviado el barco explorador de hidrocarburos «Barbaros» [«Barbarroja»] a una zona en la que el gobierno grecochipriota ha autorizado prospecciones de gas a compañías extranjeras, lo que provocó que el líder grecochipriota, Nicos Anastasiadis, abandonase las conversaciones. Tsipras calificó el envío del navío científico turco de «enorme violación de la legislación internacional».

La diplomacia turca ha reaccionado con cautela, asegurando que «hay que darle tiempo al nuevo primer ministro griego». Ankara se opone firmemente a las prospecciones, al considerar que esas bolsas de hidrocarburos pertenecen también a la población turcochipriota. «Esto no ayuda para nada al proceso negociador. El tema de los recursos debería ser abordado tras las negociaciones», indica a ABC un alto funcionario turco.

Conflicto por las aguas territoriales

Las reticencias griegas, en todo caso, no carecen de base: el envío de barcos con propósitos científicos ha sido una de las formas tradicionales en las que Turquía ha tratado de apuntalar su presencia en zonas disputadas. Lo hizo en 1974 con el navío «Çandarli», en 1976 con el «Sismik I», y de nuevo en 1987 con el «Piri Reis».

A pesar de la reducción de la tensión militar entre Grecia y Turquía en los últimos años, se siguen produciendo incidentes como el del pasado 23 de enero, cuando la marina turca envió un submarino para interceptar a dos barcos pesqueros griegos que se aproximaban a los islotes de Imia. El conflicto marino entre ambos países, muy exacerbado a raíz de la invasión turca del norte de Chipre en 1974, tiene como telón de fondo la pretensión griega de extender sus aguas territoriales de 6 a 12 millas náuticas.

«Con un régimen de 6 millas náuticas, Grecia controla el 43,5 % del Egeo, dejando el 7,5 % para Turquia y un 49 por ciento de alta mar. Si ambos países extendiesen sus aguas territoriales a 12 millas náuticas, Turquía tendría un poco más (8,5 %), pero la parte de Grecia aumentaría hasta el 71,5 % gracias a sus islas. El alta mar se reduciría hasta cerca de un 20 %, y ya no habría pasillos para mercancías a través de aguas internacionales», explica un informe al respecto del think tank de resolución de conflictos International Crisis Group. «Turquía tendría que pasar a través de aguas griegas para llegar a sus puertos principales de Izmir y Estambul», indica, lo que, en tiempos de conflicto diplomático, permitiría a Grecia presionar enormemente a Turquía. Por este motivo, Ankara siempre ha dejado claro que considerará la extensión de las aguas territoriales griegas como un ‘casus belli’.