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Los radicales de Syriza consuman hoy su desafío a la «Europa del capital»

Su líder, Alexis Tsipras, promete miles de millones en ayudas sin explicar de dónde sacará el dinero

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Llegó el día que muchos temían y muchos esperaban. El día en que puede ganar en las urnas en un país europeo una opción de vocación totalitaria. Los populismos están en auge en todo el continente. Pero es en el eslabón más débil, en uno de los miembros más pobres, menos estructurados y más maltratados por la larga crisis, Grecia, donde una revuelta en las urnas puede llevar por primera vez a un partido extremista a dirigir el Gobierno. [ Sigue en directo la jornada electoral de Grecia]

Son casi diez millones de griegos los que acuden hoy a las urnas. Y habrán de decidir si mantienen en el poder al primer ministro Andonis Samarás del partido de centroderecha, Nueva Democracia, para continuar una fatigosa, dura y larga travesía de recuperación, o prefieren una solución drástica con la propuesta de desafío total a Europa y le otorgan la victoria al líder ultraizquierdista del partido Syriza, Alexis Tsipras. Por un lado, sangre, sudor y lágrimas y una recuperación lejana, por el otro, un golpe de mano que libera a los griegos de sus cargas y compromisos y venga además el honor patrio mancillado por la imposición extranjera, el diktat alemán y la codicia de los «ricos». Ante semejante disyuntiva, incluso sociedades mucho más desarrolladas votarían sentimiento y quimera frente a cruda realidad ya conocida. Gran parte de los griegos, parece que la mayoría, cree a Syriza cuando le dice que Grecia no puede estar peor y que hay que atreverse de una vez por todas a romper la baraja. En el otro lado están quienes están seguro de que Grecia puede estar mucho peor y están convencidos de que lo estará muy pronto si gobierna Syriza.

No debe extrañar, dados estos dramáticos años y la cultura política griega, que los primeros parezcan ser más. Claro está que todas las encuestas otorgan la victoria a la organización de Tsipras, con lo que, salvo una gran sorpresa con la victoria de Samarás, el lunes ya Europa amanecería con un poder griego que se niega a cumplir sus obligaciones y compromisos incluidos en los paquetes de rescate. Frente a las opciones regulares de salir de la crisis, que han producido con mayores o menores sacrificios unos resultados positivos en Portugal e Irlanda, se produciría en Grecia la primera revuelta general contra la política de reformas y estabilidad en Europa. El desacato anunciado es por tanto un desafío general tanto contra los acuerdos y los términos del rescate griego como contra la política general de la UE. Y sería además una revuelta marcada por unos líderes comunistas en su mayor parte, partidarios de la salida de Grecia de la OTAN, de la renacionalización de los recursos y el intervencionismo masivo. De los resultados de hoy, de ganar Syriza y no traicionar sus dirigentes de inmediato todas sus promesas, surge el mayor desafío al sistema de libre mercado y por tanto de las libertades que se produce en el seno de la Unión Europea desde su existencia. Nunca ha ganado unas elecciones generales en un país miembro un partido que se opusiera tan abiertamente a los postulados de la Unión. Syriza proclama ser la solución pionera para toda Europa. Y señala a España como el siguiente país que se unirá a su ofensiva para romper «la Europa del capital». Pero ante todo se dice la solución para Grecia. Otros lo ven como la consumación de la tragedia.

El responsable económico del partido es un comunista de la vieja escuela

Habrá que esperar poco después del cierre de los colegios electorales a las siete de la tarde hora griega (18.00 hora española). Los recuentos son rápidos en Grecia, aunque solo sea por experiencia, bromean tristemente los griegos con la acumulación de elecciones. Hubo generales en 2012. Y en 2009. Parece una eternidad. Entonces el resultado fue abrumador para un partido del que casi ni se habla hoy, el partido socialista (PASOK). Sacó una abrumadora mayoría absoluta de 170 diputados. Un año más tarde, ante la situación financiera y con una devastadora herencia de cuentas falsas que le había legado la derecha, su jefe Yorgos Papandreu tuvo que pedir socorro al FMI para evitar la quiebra. En noviembre dimitía, después de haber cesado a la cúpula militar por temor a un golpe de Estado. Porque se olvida, pero también fue en Grecia el único país de la Unión Europea donde hubo ruido de sables en plena desesperación nacional de aquellos días dramáticos del otoño de 2011. Hoy Papandreu, fuera del Pasok ha intentado a última hora con un pequeño partido asomar la cabeza al Parlamento. Parece abocado también a este fracaso esta trágica figura de la larga dinastía de políticos y gobernantes.

Un miembro de Syriza dijo imprimirán millones de euros

La debacle socialista

El Partido Socialista que marcó la vida griega como ninguno y tenía hace seis años una abrumadora mayoría absoluta en el Parlamento, hoy luchará por acceder al mismo y las encuestas le dan un 4%, justo un punto por encima del mínimo requerido. Su líder actual Evangelos Venizelos, intentará tener algo que decir si Syriza no alcanza la mayoría absoluta. El tercer puesto después de los dos grandes oponentes, se lo disputan dos partidos bien distintos. Uno es «El Río» (To Potami) un partido de centro izquierda, fundado por un popular periodista, Stavros Theodorakis y según las malas lenguas por algunos oligarcas, entre ellos el dueño de la cadena Mega en la que trabaja. Tiene aspecto este nuevo partido de haber surgido con vocación de bisagra para ayudar al vencedor. En todo caso, todos coinciden en que puede jugar un papel moderador. Aunque también advierten algunos observadores de que To Potami puede convertirse en el socio/pretexto para Syriza. Con este socio Tspiras siempre tendrá un pretexto frente a los propios para explicar por qué no cumple lo prometido que por supuesto jamás podrá cumplir. De ahí que muchos ya resignados adversarios de Syriza, convencidos de que un gobierno de la ultraizquierda acabará en catástrofe, prefieren que Tsipras tenga mayoría absoluta para que todo suceda lo antes posible y sin poder profundizar demasiado en el daño. Ideológicamente To Potami también podría aliarse con Samarás, quizá incluso más cómodamente, pero todo indica que la aritmética no dará esa posibilidad. Pero también puede ser tercera fuerza más votada el partido nazi Amanecer Dorado, que a la vista de las encuestas y ante la previsible derrota de Samarás mantiene la cohesión pese a tener a media dirección, incluido su secretario general, en prisión. En la peor tradición de los partidos extremistas balcánicos, Amanecer Dorado, es una respuesta radical y violenta contra la inmigración, contra Europa y contra casi todos. Con muchos vínculos al submundo. Menos cierto parece ser esa leyenda de que son producto artificial de los navieros y otros magnates. Cierto que el submundo siempre se utilizó para ataques a los sindicatos en el Pireo. Pero también lo es que los magnates griegos han pagado siempre a casi todos los partidos. Y que el extremismo de derecha, sin tanto éxito como el de izquierda en los países pobres, ha encontrado una posición estable en el espectro político griego. También entrarán en el Parlamento.

Con que Syriza cumpla unos cuantos puntos de su campaña para tomar el poder, todos han de contar con serios quebraderos de cabeza. Y más aún que los acreedores posiblemente el propio vencedor, que sentirá muy pronto la presión de la calle en exigencia de que que cumpla lo imposible prometido. Porque al tiempo que anuncia su negativa a cumplir dichas obligaciones con la Troika que vigila el cumplimiento de los acuerdos con UE, FMI y Comisión, el partido que se presenta ya como virtual ganador ha prometido al electorado griego un aluvión de medidas sociales de inmenso coste. Este regalo electoral va desde la electricidad gratuita a un rápido incremento del empleo público, subvenciones directas, eliminación de impuestos y un sinfín de mejoras todas a costa del erario. Para nada de todo ello hay dinero en unas arcas que tienen ya en marzo pendientes pagos que probablemente no puedan cumplirse. En todo caso, el plan de Syriza necesita de forma angustiosa el dinero de los acreedores a los que según ya ha anunciado va a poner ante hechos consumados. Y se remitirá a la legitimidad del poder popular que hoy le otorguen los griegos. Desde las capitales europeas y Bruselas llega en pasados días y semanas en forma de letanía el mensaje de que se respeta mucho a los votantes griegos y que se espera con interés y afecto a que elijan a su nuevo Gobierno para que éste, sea cual sea, cumpla estrictamente sus obligaciones. Para seguir con una política de reformas que avanza aunque lentamente y ya ofrece indicios de primeros resultados en este pasado año. Que el primer ministro Samarás no tenga ya la credibilidad necesaria para captar el voto de una mayoría no significa que estos avances no se hayan producido. El problema está en que si gana Syria lo hace ante todo con la bandera electoral de la paralización y reversión de las reformas cuyo cumplimiento exige Bruselas, Washington y los socios de Grecia en el euro. Socios que han invertido nada menos que 240.000 millones de euros en evitar que suspendiera pagos este país cuando tenía vedado todo acceso a los mercados internacionales.

Cambio de régimen

Lo que está en juego por tanto en estos comicios, tras seis años de crisis dramática, una vertiginosa pauperización de la sociedad y polarización extrema, es el planteamiento global del futuro de la sociedad griega y su relación con la Unión Europea de la que es miembro. Las dos principales ofertas electorales parten de posiciones opuestas y no compatibles. El primer ministro y su partido Nueva Democracia han pedido, hasta la extenuación y con cada vez peor resultado según transcurría la campaña, tiempo para que cuajen las reformas. Pero todo indica en estas pasadas semanas que ya no lo tienen. Y que definitivamente ha llegado la hora de quienes quieren utilizar la inmensa presión generada en la crisis para un cambio de régimen. En abierto desafío a la UE. Por mucho que algunos líderes de Syriza hagan ahora cálculos de moderación posterior, lo cierto es que han prometido y se les ha creído, contra toda lógica, que van a imponer a la UE sus condiciones como acreedores que no cumplen pero exigen nuevos pagos. No solo desde Alemania se ha advertido contra esa deriva hacia el abierto chantaje a la UE en la creencia, muy extendida en Grecia, de que «ni Merkel ni Europa tienen agallas para echar a Grecia del euro». Toda la izquierda griega ha interiorizado el mensaje de que Alemania y la UE los explota y por lo tanto no dejará que el negocio griego se vaya. Es absolutamente inútil insistir en que esto es un absoluto disparate. Como lo es subrayar el hecho de que hoy hay cada vez más europeos partidarios de aprovechar este chantaje griego para mostrarle la puerta. Aun se muestran todos muy conciliadores pero los líderes europeos, ante todo la canciller alemana, tienen a su lado crecientes fuerzas políticas euroescépticas y ante todo una población nada dispuesta a pagar de nuevo y hacerlo con la sensación de ser extorsionada.

Pese a las advertencias de Samarás de que la aventura de Syriza llevará a Grecia a la salida de la UE, al aislamiento y a la ruina, cuando no al enfrentamiento civil y a la creación de un régimen no democrático y anacrónico, en Grecia no hay la conciencia que existe en España de ese vínculo de su proyecto izquierdista con el socialismo del siglo XXI de la Venezuela del chavismo y la Cuba totalitaria irredenta. Pero esa sería por supuesto la dirección que querría tomar un Syriza. Su cúpula, compuesta por comunistas, sindicalistas y algún intelectual, todos de vocación virulentamente antioccidental y anticapitalista, todos con trayectoria profesional exclusivamente dependiente del Estado, tienen una vocación perfectamente incompatible con el sistema capitalista de libertades que la UE tiene y defiende. No faltan por supuesto los elementos frikis. Le hizo mucha gracia al sesudo diario alemán «Frankfurter Allgemeine» la candidata de Syriza, Rachil Makri, que proclamó en serio su propuesta de que el día después de la victoria, Syriza debía ordenar al Banco Nacional de Grecia que imprimiera 100.000 millones de euros para pagar la deuda. Nadie le advirtió de que la deuda es muy superior a esa cifra. Ni de que, ya puestos, se podía imprimir hasta que sobrara. Los auténticos responsables económicos de Syriza son otros y a su cabeza está Giannis Dragasakis, el comunista de vieja escuela que aún en los noventa era del comité central del KKE, un partido tan paleocomunista que desde la muerte de Stalin siempre fue más ortodoxo que el propio PCUS de la URSS. Se fue con la escisión menos fósil a la coalición de izquierdas SYN y a Syriza. También Gianis Varoufakis, un matemático izquierdista que hizo fortuna con sus especulaciones económicas glamourosas por universidades anglosajones. Comunistas reformados y profesionales de la antiglobalización serán, en caso de que Syriza gane, los encargados de presentar a Bruselas sus planes. No lo tendrán fácil. Una oferta de socialismo venezolano con desmantelamiento unilateral de los acuerdos del rescate no parece la mejor forma de afrontar un futuro común. Hará falta mucho realismo y traición a su electorado para que un Gobierno de Syriza no acabe trayendo lo que muchos temen, el caos y la salida de la Unión Europea. No se sabe por qué orden.