Manifestación ayer en Francia tras el atentado terrorista contra Charlie Hebdo
Manifestación ayer en Francia tras el atentado terrorista contra Charlie Hebdo - afp

Guerra contra el terrorismo (con perdón)

Frente a este intento de genocidio ha surgido una denuncia de islamofobia. Y no. Lo que hay es una cristianofobia

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«Charlie Hebdo» es un semanario que yo nunca compraría. Pero no sería periodista si no creyese imprescindible defender su existencia hasta el último suspiro de mi vida. Es profundamente irreverente y hace mofa de asuntos que considero trascendentales. A mí no me hace ninguna gracia que se rían de mis creencias. Pero respeto profundamente el derecho a pensar diferente.

Vivimos tiempos en que se asesina a cristianos –creyentes o ateos– por el mero hecho de no ser musulmanes. Vístase el muñeco como se quiera: eso es un intento de genocidio que podría superar a la barbarie nazi de 1933-1945.

En «Charlie Hebdo» hemos visto muchas portadas de mofa a la Iglesia Católica. No tenemos noticia de un solo atentado contra la revista de algún terrorista que diga actuar en nombre de lo que le enseñan los Evangelios. Los terroristas que ayer asesinaron a una docena de personas en la redacción de la revista dejaron claro que actuaban «para vengar al profeta». Y no parece que hablasen de Juan el Bautista. El jefe del Terrorismo Islámico, Abubakr al-Bagdadi, es un docto teólogo que tiene perfectamente justificado, en base a su religión, el genocidio que promueve. Sabe lo que dice la «Sura de Mahoma» (47,4): «Cuando sostengáis un encuentro con los infieles, golpead los cuellos con la espada hasta someterlos». Los atentados de ayer en París como los del 11-M en Madrid, como los del 7-J en Londres o los del 11-S en Nueva York o tantos otros no son el acto de unos locos. Ni siquiera de una organización estructurada con jefes, mandos intermedios y soldados de a pie. Al Qaida no es una banda terrorista como cualquiera de las que en su momento conocimos en Europa. El Terrorismo Islámico ha proclamado un califato global que pretende obligar a musulmanes de todo el mundo a obedecer las órdenes de ese asesino que tiene su guarida principal en Raqqa, Siria.

Después del 11-S el denostado presidente George Bush advirtió que entrábamos en una nueva etapa de la historia en la que Occidente habría de librar una guerra contra el terrorismo. Amplios sectores de la opinión pública europea, jaleados por medios de comunicación de todo el espectro ideológico –no por ABC, desde luego- dijeron a Bush de todo menos bonito. Lo cierto es que esa guerra –hipócritamente condenada el mes pasado por los demócratas del Congreso norteamericano- ha librado a los Estados Unidos de un solo atentado más. Y quienes la criticaban, encabezados por nuestros buenistas de guardia, han padecido un atentado tras otro. Y lo que nos queda. Por cierto, siempre aparece un académico, un analista o un payaso que da una «explicación» para los ataques terroristas que hace recaer la culpa sobre la víctima. Las caricaturas en el caso de París, la participación española en Irak… Pero nunca citan la «Sura de Mahoma» que si recibe ese nombre será por tener un carácter especialmente relevante…

Desde el 11-S hemos visto una sucesión de grupos terroristas islámicos. Los Talibanes afganos (recuérdese que su nombre quiere decir «estudiantes de teología») creyeron conveniente acoger a Osama bin Laden, cuya visión del Islam es conocida. De su organización, Al Qaida, surgieron otras ramificaciones por África y Oriente Medio. Y contra esas ramificaciones y el núcleo original se ha desarrollado lo que empezó llamándose el Estado Islámico de Irak y el Levante y hoy llamamos, simplemente, Terrorismo Islámico.

Frente a este intento de genocidio ha surgido una denuncia de islamofobia. Y no. Lo que hay es una cristianofobia. Es a los culturalmente cristianos –en ocasiones ateos– a los que se está asesinando. Y los movimientos que han surgido en Alemania podrían derivar en islamófobos, pero como muy bien advirtió en estas páginas Hermann Tertsch antes que nadie («P.E.G.I.D.A.», ABC , 16-12-2014) «El problema no es Pegida. El problema, de lejos, es el brutal islamismo bélico en expansión. Y aquí es el islam politizado que crece como cuerpo extraño. Al que nadie exige –ni él ofrece- lealtad a unas democracias occidentales que son la mejor organización de convivencia jamás habida». El Islam, que ha generado unos sistemas políticos fracasados en su inmensa mayoría, intenta imponernos ese atraso con sangre. Y muchos miran para otro lado.