¿Por qué prohíbe Arabia Saudí el símbolo de la cruz en su territorio?

El escudo del Real Madrid no es un caso aislado; en su día, Riad pidió a Swissair ocultar la cruz del logotipo en sus aviones

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La polémica abierta en torno a la decisión del Real Madrid de retirar la cruz de su escudo en los países del Golfo Pérsico, para no perjudicar sus intereses comerciales en esas naciones, subraya la proeza de ser cristiano en las naciones de mayoría musulmana.

Irónicamente, la decisión de la dirección del club de fútbol se ha tomado en el marco de acuerdos empresariales en Qatar y Emiratos Árabes Unidos, los dos países que en cierto modo constituyen un bálsamo en el contexto regional porque permiten cierta libertad religiosa. La vida para los no musulmanes adquiere, en cambio, niveles intolerables en Arabia Saudí, el régimen guardián de los lugares santos de La Meca y Medina y por ello paradigma para los 1.300 millones de musulmanes de todo el mundo que están obligados a hacer, al menos una vez en su vida, una peregrinación a la patria del profeta Mahoma.

Esta circunstancia sirve a las autoridades políticas saudíes para justificar el rigor con que aplican el integrismo en todos los aspectos de la vida pública, y el celo con que persiguen a los no musulmanes. Según la tesis oficial, es un «mandato de Dios» transmitido a través del profeta que no se permita la presencia de ninguna otra religión -ni de sus símbolos- en la tierra donde nació el islam. La interpretación literal de la sura del Corán tiene algunos detractores dentro de Arabia Saudí -y, desde luego, en muchos círculos coránicos de otras naciones árabes-, pero la prohibición de iglesias o del más mínimo signo religioso no islámico es inapelable.

Nada, ni remotamente, puede sugerir la presencia en Arabia Saudí de otra religión. El hallazgo de un crucifijo o de una biblia bastan para dictar la orden de expulsión en el caso de los extranjeros, o para fijar penas severas si se trata de un musulmán saudí. Son relativamente frecuentes las redadas de la policía religiosa (la mutawa) en domicilios privados donde se sospecha que pueden reunirse más de dos extranjeros, por lo general filipinos, para rezar. En su día Swissair tuvo problemas para operar en Arabia Saudí por su logotipo. El Gobierno saudí exigió a la compañía aérea que, al aterrizar en Riad y Jedah, sus aparatos apagasen las luces laterales para que no fuera visible la cruz de la bandera suiza.

Cristianismo de catacumbas

La intolerancia que existe en Arabia Saudí -el único país árabe sin relaciones con el Vaticano- es especialmente dolorosa por una circunstancia: del millón y medio de católicos que residen en el área del Golfo Pérsico, en su mayoría trabajadores inmigrantes procedentes de la India y Filipinas, medio millón trabajan en territorio saudí. El único medio para mantener a flote su fe es el recurso al régimen de las catacumbas.

La situación saudí es especialmente lacerante por otras razones. El régimen de Riad es el primer promotor mundial de la construcción de mezquitas en Occidente, y se considera asimismo responsable de la formación y pago de los imanes que trabajan en ellas. Por otra parte, en su labor tutelar de las comunidades musulmanas en Occidente, los líderes musulmanes buscan la homologación con el cristianismo para obtener más ventajas. Para ello no dudan en recurrir a los conceptos de «tolerancia» y «libertad religiosa consagrada por la Constitución», dos términos que han tomado prestados porque no existen en el diccionario islámico.