La moneda oficial china, el yuan, tiene la efigie de Mao
La moneda oficial china, el yuan, tiene la efigie de Mao - reuters

El último timo en China

En el cambio de sus compras, a los turistas les cuelan billetes de otros países con caracteres no latinos y valores muy inferiores al yuan, la moneda nacional

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No falla, ocurre en todos sitios. Lo primero que le sucede a un turista nada más pisar otro país es que lo timan. Por lo general, el primer sablazo se lo da el taxista que lo lleva del aeropuerto al hotel, pero a partir de ahí suelen venir otros – más o menos disimulados – en restaurantes, bares y tiendas de «souvenires». Por mucho que las guías de viajes sigan insistiendo en la honradez de sus habitantes, China no es ninguna excepción a esta regla, seguramente porque su sociedad cambia al mismo ritmo que su crecimiento económico y va dos o tres pasos por delante de la última actualización de la «Lonely Planet».

Para darse cuenta de ello, no hace falta más que recibir de vez en cuando visitas de amigos que vengan de turismo. Con sus excursiones a monumentos y museos, los turistas se sumergen de lleno en una realidad ya no frecuentada por los expatriados que residen en un país, que además se conocen los trucos o hablan el idioma lo suficiente como para que no les tomen el pelo.

Pero, si no es así, el viajero está vendido en cuanto sale de turismo por China. El último timo en Pekín, según sufrieron en su cartera una pareja de amigos periodistas que me visitaron recientemente, es colarle a los turistas billetes de otros países en el cambio de sus compras. Con sus caracteres en mandarín, a los turistas les suenan todos los billetes a chino – nunca mejor dicho – y no resulta difícil colocarles dinero de otro país con diferentes grafías no latinas y, por supuesto, valores muy inferiores al yuan. Por ejemplo rublos de Bielorrusia, que al parecer es una de las divisas menos valiosas del mundo y están impresos en cirílico, un idioma que al turista poco experimentado o confiado le debe sonar tan a chino como el mandarín.

Esos fueron los billetes que, gato por liebre, les dieron a mis amigos tras comprar unas manzanas en un puesto callejero junto a la Ciudad Prohibida de Pekín. Como el importe eran 10 yuanes (1,2 euros), pagaron con un billete de 100 yuanes (12 euros). Pero, en lugar de recibir una vuelta de 90 yuanes (10,9 euros), les colaron 90 rublos bielorrusos, que al cambio son solo 0,00652411 euros. Cuando, en el siguiente puesto ambulante, quisieron pagar una botella de agua con esos billetes y la vendedora se los rechazó en mandarín, empezaron a sospechar que los habían timado. Aunque intentaron que el vendedor de las manzanas les devolviera su dinero, lo único que consiguieron de él, que tampoco hablaba inglés y se desentendió de sus quejas encogiéndose de hombros, es que le regalara una tajada de sandía. A cambio se había quedado con casi 11 euros por la cara.

Aunque China es uno de los países más seguros del mundo, tres décadas de milagro económico capitalista no sólo han traído un crecimiento extraordinario, sino también la picaresca a este pueblo por lo general decente, amistoso y bastante ingenuo. Así que ya sabe: si viene a China de vacaciones, asegúrese de que todos los billetes que le den tengan la cara de Mao.