Un hospital en primera línea de fuego
Médico en el hospital Al Wafa, al noreste de Gaza - m.a.
Conflicto en Gaza

Un hospital en primera línea de fuego

El Ejército israelí ha lanzado cinco proyectiles contra el único centro de rehabilitación de la Franja

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El hospital Al Wafa está en primera línea de combate. Desde el edificio de cuatro pisos al final de la zona de Al-Shejaeie, al noreste de Gaza, se divisa limpiamente la frontera israelí y durante la presente ofensiva el Ejército ha lanzado cinco proyectiles contra el que es el único centro de rehabilitación de la franja. 17 pacientes permanecen en sus camas, la mayoría están en coma, y les han concentrado en las habitaciones de orientación norte de la primera planta, alejados del lado que da a la frontera.

«Dicen que aquí se esconden milicianos y gente de Hamás, pero es mentira. Sólo tenemos ancianos que no pueden ser considerados bajo ningún concepto una amenaza para la seguridad de Israel», denuncia Basman Alashi, director del centro que muestra los graves daños causados por los proyectiles en la cuarta planta. Alashi lleva nueve meses en su cargo y tiene claro que «no pienso abandonar el hospital». Cuenta con el apoyo de una misión de cooperantes internacionales que hacen de escudos humanos por turnos.

Entre ellos está el malagueño Manu Pineda, de la organización de solidaridad con Palestina Unadikum, que pasa las noches en uno de los lugares más calientes de la franja. «Nuestro papel es estar con ellos y tratar de evitar con nuestra presencia un bombardeo que destruya el centro, el lugar está limpio de milicianos, no es más que un hospital», señala Manu, que lleva dos años viviendo en la franja. El activista andaluz denuncia el papel de Occidente que «vende armas a Israel y es con ese armamento con el que se está matando a la población civil. Luego se quieren lavar la cara mandando tiritas para curar las heridas».

Al-Shejaeie está dentro de la zona roja marcada por Israel y de la que ha pedido a la población civil que salga porque tiene previsto intensificar los bombardeos. Durante la visita al hospital suenan varias explosiones en las casas vecinas y se sienten muy cerca. «Tenemos 17 pacientes, pero si siguen a este ritmo de ataques pronto nos derivarán más pacientes», calcula el doctor Alashi mientras da instrucciones al personal sanitario sin inmutarse por las explosiones. Los ciudadanos de Gaza se han adaptado al nivel de violencia del lugar donde viven y cada vez que cae una bomba ya casi ni se inmutan.