El espionaje desata la peor crisis entre Alemania y Estados Unidos desde la Guerra Fría
Foto de archivo. Merkel muestra su móvil BlackBerry Z10, con un exclusivo sistema de seguridad - reuters

El espionaje desata la peor crisis entre Alemania y Estados Unidos desde la Guerra Fría

Berlín asegura que la información filtrada no compromete su seguridad y reduce al mínimo su cooperación en Inteligencia con Washington

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Las relaciones entre Estados Unidos y Alemania pasan por su peor momento en muchos años. El Gobierno alemán anunció ayer haber ordenado a sus servicios de inteligencia que limiten «a lo esencial y hasta nuevo aviso» su cooperación con su contraparte estadounidense, tras advertir que dos estrechos aliados «deben tener confianza y respeto mutuo».

Si en 2008, justo antes de ganar las elecciones presidenciales, Barack Obama fue aclamado por miles de personas junto a la Puerta de Brandemburgo como alguien que auguraba una mayor concordia entre las naciones, hoy muchos alemanes muestran su decepción con una Administración Obama que no solo espía a sus aliados, sino que además incumple la promesa hecha hace un año de corregir esa práctica.

El anuncio el jueves de expulsión del jefe de la CIA en Alemania constituye una medida poco habitual entre países amigos. Algunas fuentes apuntan a que fue el mismo afectado quien ofreció dejar su puesto, pero en cualquier caso eso era consecuencia de la crisis creada tras descubrirse dos presuntos agentes alemanes que pasaban información a la agencia estadounidense. Uno de ellos, un agente doble de los servicios secretos alemanes (BND), ha reconocido haber vendido información a la CIA. También se sospecha que un funcionario del Ministerio de Defensa trabajaba para el espionaje de EE.UU.

La reacción de Washington, evitando pronunciarse al respecto para «no poner en peligro» la estructura de la CIA en Alemania, viene a reconocer implícitamente que la agencia tiene una red de informantes en ese país. Aunque EE.UU. espía en todas partes, el Gobierno alemán considera que entre estrechos aliados debiera haber mayor margen para la confianza mutua. Además, la experiencia sufrida en la Alemania comunista por el espionaje de la Stasi hace que los alemanes sean especialmente sensibles a esta cuestión.

Hace un año, cuando las revelaciones de Edward Snowden, exanalista de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) estadounidense, dedicada a intercepción de comunicaciones, pusieron de manifiesto la amplias actividades de la inteligencia americana en Europa, Obama prometió algunos cambios. Pidió que nadie fuera hipócrita, pues la actividad de espionaje la ejercen todos los países, pero prometió que no habría más escuchas de los teléfonos de dirigentes amigos, como Angela Merkel, cuyo móvil llevaba tiempo «pinchado» por Washington. «Si quiero saber lo que piensa la canciller Merkel, llamo a la canciller Merkel», dijo entonces Obama.

En ese momento, algunos miembros de la Administración Obama, como Susan Rice, consejera de Seguridad Nacional, parecieron sugerir a los alemanes que entre ambos países podría haber un acuerdo de no espionaje como el que básicamente existe entre EE.UU., Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, todos ellos países de habla inglesa.

Sin embargo, las conversaciones no avanzaron en esa dirección y Washington no ha sido lo trasparente que había prometido sobre sus actividades en Alemania. Eso es lo que ha llevado al Gobierno de Merkel a una frustración que aflora en la presente crisis. Ni siquiera el director de la CIA, John Brennan, ha dado detalles en sus llamadas personales a las autoridades alemanas para tranquilizarles en su enfado.

Los medios estadounidenses no son categóricos a la hora de establecer si la Casa Blanca ha faltado por voluntad propia a su promesa de revisión de la actuación de los servicios de inteligencia o si se trata de una actuación por inercia de la CIA que se desmarca de los deseos un presidente que no está controlando debidamente a sus agencias.

Para el «Wall Street Journal», en cualquier caso, la Administración Obama está teniendo problemas en la gestión de esas agencias, y como ejemplo cita el desconocimiento que tuvo la Casa Blanca de los preparativos de Rusia para invadir Crimea, algo que pilló de improviso a Estados Unidos.

El ministro alemán de Exteriores, Frank-Walter Steinmeiers, calificó ayer de «decisión correcta» la expulsión del máximo responsable de la CIA en Alemania, cuyo nombre no ha sido revelado. En una sesión en el Bundestag, el Gobierno germano aportó un informe sobre los últimos casos de espionaje estadounidense, en el que se especifica que se ha limitado la cooperación entre ambos países en materia de inteligencia, en aquellos aspectos que no afectan directamente a la seguridad de ambos países.

Otros ministros se encargaron de restar importancia a la información que los presuntos dobles agentes pasaron a la CIA. Tanto el titular de Interior, Thomas de Maizière, como el de Finanzas, Wolfgang Schäuble, sugirieron que el material filtrado no comprometía ningun secreto nacional. «Ante tanta estupidez solo cabe llorar», dijo Schäuble.

Un precedente de la actual crisis es la expulsión de Francia en 1995 del jefe de la CIA, el subjefe y otros dos agentes, a los que se acusaba de haber intentado pagar a funcionarios franceses por documentación relativa a las negociaciones que mantenían ambos países sobre acuerdos de comercio. Pero el actual caso se considera más importante, dado que la colaboración en materia de inteligencia entre EE.UU. y Alemania es mayor que la que sostienen Washington y París.