Sinn Féin 2016, cerca del sueño de gobernar en Belfast y Dublín
Gerry Adams, junto a Leinster House, sede del Parlamento irlandés desde 1922, en Dublín - reuters

Sinn Féin 2016, cerca del sueño de gobernar en Belfast y Dublín

La formación republicana aspira a llegar al centenario del Alzamiento de Pascua sentada en coaliciones de gobierno al norte y sur de la isla

Actualizado:

Los resultados de las recientes elecciones municipales y europeas en la República de Irlanda y en el Reino Unido han situado al Sinn Féin a las puertas de alcanzar un sueño histórico: llegar al centenario del Alzamiento de Pascua irlandés de 1916 sentados en gobiernos de coalición a ambos lados de la frontera que divide Irlanda desde la creación del Estado Libre Irlandés en 1922. En los comicios locales celebrados en Irlanda del Norte el pasado 22 de mayo, la formación nacionalista que dirige Gerry Adams obtuvo el mayor porcentaje de voto directo, un 24%, un punto más que el Partido Unionista Democrático del primer ministro norirlandés, Peter Robinson.

Pero el avance electoral más significativo lo obtuvieron en la vecina República de Irlanda, donde las últimas encuestas les sitúan ya como la opción más votada. «El Sinn Féin no tenía esta fuerza desde 1918», afirmó Adams, quien es en la actualidad diputado al Parlamento de Dublín, después de las últimas elecciones. Aquel año, la histórica formación nacionalista se hizo con dos tercios de los escaños en juego en las elecciones generales celebradas en el Reino Unido al final de la Primera Guerra Mundial. Y sus diputados, en lugar de acudir a Westminster, crearon la primera asamblea parlamentaria irlandesa en enero de 1919.

El Sinn Féin era un partido contaminado por la sangre del conflicto norirlandés Entre sus decisiones iniciales, la cámara rebelde estableció la creación del Ejército Republicano Irlandés (IRA), compuesto por los «voluntarios» que en abril de 1916 se habían alzado en armas contra las tropas británicas. El Sinn Féin defiende históricamente la reunificación de Irlanda. Y son herederos directos de los sucesos históricos que, hace casi un siglo, condujeron al final del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda con el establecimiento del Estado Libre Irlandés en 1922, y la subsiguiente partición de la isla tras la decisión de los seis condados del norte de permanecer dentro del Reino Unido.

El pasado mayo, el partido republicano obtuvo 105 concejales en el Ulster por 130 de la formación unionista (debido al sistema electoral), además de uno de los tres eurodiputados que Irlanda del Norte envía al Parlamento Europeo. Y, en el «sur», como se refieren habitualmente los nacionalistas al país vecino, el partido de Adams pasó en las pasadas elecciones locales del 7,4% de los votos obtenidos hace cuatro años al 15,3%. El Sinn Féin era hasta hace poco un partido contaminado por la sangre del conflicto norirlandés a los ojos de los ciudadanos irlandeses. Ahora ha pasado de 54 concejales a 157, y a hacerse por primera vez en su historia con tres de los once eurodiputados en juego.

«Todo apunta a que en las próximas elecciones tendremos un mandato suficiente para decidir si queremos entrar en la próxima coalición de gobierno», apunta Rose Conway, una de las concejalas irlandesas del Sinn Féin elegidas por primera vez, en un encuentro con un grupo de periodistas en Londres. Las dos primeras encuestas publicadas después de las elecciones europeas les sitúan ya como la fuerza más votada en Irlanda, con el 22% o el 26% de los votos. «Si hubiéramos dicho hace cinco años que el Sinn Féin alcanzaría el nivel de apoyo electoral que obtuvieron en mayo, la gente se hubiera reído», explica el profesor Jonny Byrne, analista político de la Universidad del Ulster.

El más votado en Dublín y Cork

«Su visión estratégica es estar en el gobierno en Dublín y en Belfast en 2016, pero tampoco llorarán si no lo logran porque saben que están cada vez más cerca», reflexiona en una entrevista en Belfast. El Sinn Féin es ya el partido más votado en las principales localidades irlandesas, incluidas Dublín y Cork. Un espectacular avance que ha sido posible, según coinciden la mayor parte de los analistas,gracias a haber agitado de forma eficaz la bandera de la anti-austeridad . «Los votantes han desertado de los partidos del gobierno de forma fulminante solo seis meses después de que Irlanda abandonara el programa de rescate», destaca Conway, en referencia al retorno a los mercados de crédito y al final del programa de ajuste impuesto por la troika.

El retorno a la normalidad el pasado 1 de enero fue celebrado con alivio por el actual gobierno de coalición que encabeza Enda Kenny, líder del centrista Fine Gael. Pero estos han visto como los electores laminaban a sus socios laboristas, que pasaron del 11% al 4% de los votos. Aunque la pequeña formación socialdemócrata eligió este viernes a la ministra de asuntos sociales, Joan Burton, como nueva presidenta, muchos creen que su fragilidad electoral podría provocar el adelanto a 2015 de las elecciones generales, previstas para 2016. Un escenario de debilidad gubernamental que el Sinn Féin intentará aprovechar, elevando su tono anti-austeridad.

«¿Quién será dueño de Irlanda después de todo esto?», se pregunta Conway. «Los capitalistas buitres», asegura. Los especialistas destacan también que el partido de Gerry Adams ha sabido situar candidatos nuevos y atractivos, como la propia Conway, sin vinculación con los años de hierro del conflicto norirlandés. Pero el profesor Byrne destaca también otro factor. «Lo que cambió todo fue que Martin McGuinnes se presentara como candidato a presidente de la república en las presidenciales de 2011, porque eso eliminó gran parte del estigma que arrastraba el Sinn Féin allí», cree. «Ya pueden hablar del IRA, del conflicto y de su pasado porque todo aquello ya ha sido integrado en el corazón de la política irlandesa», insiste.

Su objetivo no era ganar, sino «normalizar» la presencia del partidoMcGuinness, que es el ministro principal adjunto en el gobierno norirlandés, fue el tercer candidato más votado con el 13,7% de los votos. Pero su objetivo no fue nunca ganar, sino «normalizar» la presencia del partido. El Sinn Féin co-lidera el gobierno regional norirlandés desde 2007, en una compleja coalición con sus viejos adversarios unionistas impuesta por los acuerdos de paz de 1998. Pero los líderes del Sinn Féin consideran que el proceso de paz está estancado por la falta de implicación del gobierno británico y por lo que califican de obstruccionismo unionista. Así lo transmitieron esta misma semana a David Cameron, quien se reunió por primera vez desde su elección en mayo de 2010 con una delegación oficial del Sinn Féin, encabezada por Adams y el propio McGuinness.

El encuentro, realizado el miércoles en Los Comunes, tuvo lugar en paralelo al reinicio de las conversaciones de paz en Belfast entre los partidos norirlandeses. Pero el intento de revitalizar el proceso se ha estrellado con la polémica anual que surge cada mes de julio por las marchas orangistas. La decisión de las autoridades norirlandesas de prohibir una de las más polémicas —la que recorre cada 12 de julio el enclave católico de Ardoyne en el norte de Belfast— llevaba esta semana a las distintas formaciones unionistas, habitualmente fragmentadas y cainitas, a abandonar en bloque las conversaciones. Y al resto de actores del «conflicto frío» norirlandés a prepararse a otra oleada de disturbios el fin de semana que viene.

«Los unionistas están bloqueando el proceso de paz, ninguno de sus líderes se ha atrevido a decir nunca a su gente que es algo bueno, actúan todavía como si fueran una parte integral del Estado que controlaron casi como en un apartheid, y son ajenos a la noción de igualdad entre las dos comunidades y a la de repartir el poder», denunciaba recientemente Conor Murphy, diputado británico del Sinn Féin, en un encuentro con un grupo de periodistas en Londres. La posibilidad de que la marea «verde» (por el color asociado al nacionalismo irlandés) se extienda a la vez a los ejecutivos de Belfast y Dublín es percibida como una amenaza directa por las comunidades lealistas.

«Aquí estaremos», afirmaba desafiante Jimmy, un joven unionista que asistía el martes a una de las marchas orangistas en el distrito protestante de Ballymacarrett. El Sinn Féin es, curiosamente, quien mayor interés tiene en mantener vivo el proceso de paz si quiere alcanzar su objetivo de 2016. «Para consolidarse como aspirantes al poder en el sur, necesitan demostrar que hacen frente a los flecos pendientes del pasado en el norte, y formar parte del gobierno regional y trabajar con la policía norirlandesa les ayuda a desactivar dudas y críticas en el sur», explica Byrne.

Pero su mayor obstáculo reside, en realidad, en la posibilidad misma de que alcancen su objetivo 2016 con éxito. Participar en una coalición de gobierno en Dublínobligaría al Sinn Féin a tomar decisiones sobre medidas de ajuste, o fiscalidad. Preguntada por ABC, Conway destaca que no tienen problema con el controvertido impuesto de sociedades del 12,5% en Irlanda, y asegura que «nos rebelaríamos contra el pacto fiscal en Bruselas». Pero todo ello no haría más que acercarles a su techo electoral en el norte, donde —en palabras de Byrne— «lo que les hacía sexy y únicos a los ojos de muchos nacionalistas ya no está ahí porque son cada vez más parte del establishment».