Las tres vueltas al mundo de un payaso en bicicleta
El fundador de «La sonrisa nómada» en una parada de Utah (EE.UU.) - abc

Las tres vueltas al mundo de un payaso en bicicleta

Un abogado asturiano abandonó, hace trece años, su notaría para embarcarse en solitario en un proyecto solidario: moverse en bicicleta por el mundo para hacer reír a quienes sufren más

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V eía de cerca la muerte casi a diario, aunque fuera para dar fe del legado del difunto en cuestión. Hasta que en octubre de 2001 decidió que era el momento de poner fin a su vida de notario y comenzar la de «payaso ciclista». O, más exactamente, convertir en realidad un sueño: recorrer el mundo a pedales, haciendo reír a quienes apenas tienen motivo para ello.

Álvaro Neil, abogado asturiano de 46 años, abandonó su notaría de Oviedo, donde, entre otras cosas, redactaba testamentos. Ahora, en una de las paradas de su periplo como «biciclown», en Colombia, razona su decisión con una lógica aplastante: «La gente no es consciente de lo importante que es la muerte. Uno espera demasiado tiempo para hacer lo que quiere realmente hacer. El hecho de que exista la muerte debería llevar a alguien a hacer las cosas, no a postergarlas». Y añade: «Uno es feliz con muy poco. Una noche estrellada, secarse bajo el sol y ver cómo el agua se evapora y se convierte en nubes; escuchar el silencio absoluto cuando pedaleas en el desierto. Oír únicamente los latidos de tu corazón. No hay árboles. No hay viento. No conocemos el silencio».

Durante su segundo paso por Colombia, dentro del proyecto M.O.S.A.W (Miles Of Smiles Around the World), Neil hace balance de la vida que comenzó hace casi trece años: ha dado tres veces la vuelta a la Tierra (131.877 kilómetros y 76 países recorridos), ha realizado 62 espectáculos de clown y ha hecho reír a más de 18.000 personas. No tiene pensión, no tiene casa, no tiene hijos. Y asegura que, desde que es nómada, todo lo aprecia el doble: duerme cada día donde le pilla la noche, se baña con el agua que cae del cielo y se mantiene con un presupuesto de 10 dólares diarios. También ha estado a punto de morir siete veces (en una ocasión, casi lo mata una serpiente; en otra, un coche), dice que no se necesitan más de cuatro litros de agua diarios -dos para lavarse y dos para beber-, ha utilizado tres bicicletas a lo largo de todo este tiempo y, entre la propia bici y su equipaje, acarrea unos 75 kilos de peso. En bolsos y maletas, lleva dos pantalones, tres camisetas, una cocina a gas, dos ollas, bolsa y tienda de dormir y dos sartenes.

¿Algo más?, el dinero para él no es prioritario. Álvaro ni lo nombra. Pero, ¿cómo se lo gana? Muy sencillo. Sus conclusiones, pensamientos y enseñanzas han sido plasmados en cinco libros -«Donde termina el asfalto» o «África con un par» son dos de los títulos-, en cinco documentales y en cientos de conferencias. «Este viaje me ha cambiado, por supuesto. Me ha dado más seguridad en mí mismo y más paciencia para entender al ser humano. Esto es más de lo que yo pensaba. He superado el mayor objetivo que era escuchar la voz que me decía: ‘‘Vive tu sueño’’. Sí, estoy viviendo mi sueño».

La bicicleta roja

Su primera bicicleta fue regalo de su padre, cuando tenía 7 años. «Era de color rojo», recuerda. Fue entonces cuando empezó a ambicionar una vida itinerante en la carretera. Pero el destino le deparó unos estudios de Derecho y opositar a notario. Hasta que se aplicó una de sus máximas: «Renunciando a las cosas, a los apegos, se gana libertad». Ahora, su objetivo a medio plazo, es llegar a España, en 2017. «Regresaré a mi país con 50 años y con una sonrisa de oreja a oreja, porque he cumplido mi sueño».