DÍFICIL TRANSICIÓN EN EL PAÍS

Esperando al mariscal

Investido como héroe nacional y salvador de la patria, Al Sisi prepara su más que probable elección como presidente como si fuera una operación militar.

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Por razones obvias, ha bajado drásticamente el número de turistas que visitan El Cairo, pero los que llegan pueden ver algo infrecuente: una operación oficial y popular de exaltación del mariscal Abdel Fattah al-Sisi, próximo presidente de la República.

La elección está prevista para los días 26 y 27 de mayo, pero el entusiasmo ha llegado ya a todas las instancias, las oficiales, con la radio y la TV públicas al completo, los medios privados, los escaparates de las tiendas y, con el talento natural que se les atribuye, hasta a los vendedores ambulantes.

Investido así como héroe nacional y salvador de la patria, el mariscal, de carácter reservado y hasta un punto taciturno según algunos colegas, prepara su exaltación a la primera magistratura como si fuera una operación militar, con un equipo de especialistas, políticos y expertos en publicidad electoral. En puridad, podrían ahorrarse gastos y tiempos: la única duda es por cuánto ganará y el interés social, con qué participación.

Un hombre religioso

Los hechos son conocidos: él fue, sorprendentemente, designado ministro de Defensa por el presidente islamista Mohamed Morsi (elegido democráticamente en 2012) cuando había alrededor de cien generales con más carrera y más currículum. Se supuso que era el más de fiar en una institución siempre inalcanzable para los islamistas y, en verdad, su reputación era, y es, la de un musulmán piadoso con alguna que otra afirmación sobre religión y política que lo acreditaba.

Mucho después, como si fuera una joya encontrada, Nader Bakar, dirigente salafista (religioso estricto, pero con un partido, al-Nur, en excelentes términos con el nuevo régimen) nos dio una buena pista, tal vez la única fiable: un pequeño ensayo que Al Sisi escribió en 2006 cuando seguía un curso en el acreditado 'US Army War Collage' en los Estados Unidos, vivero de militares prometedores y pro-americanos. Se titulaba 'La democracia en Oriente Medio' y probablemente era una obligación académica a efectos del currículum.

El futuro mariscal se mostraba como un hombre religioso conservador-moderado, no vacilaba en criticar los standares occidentales de la vida social y en reclamar como necesaria la presencia del Islam en la democracia regional que debía incluso valerse de la creencia religiosa para perdurar, aunque fuera compatible con otras culturas y otras referencias. Se puede crer, aventuradamente, que alguien conocedor del texto recomendó al desconocido Sisi como ministro de Defensa del gobierno islamista…

Una carrera bien planificada

O Al Sisi cambió mucho sus opiniones o juzgó tan negativamente el año de gestión del gobierno Morsi que prefirió ponerse al frente de las grandes manifestaciones, dio un golpe de Estado y colocó a un jurista sin peso político alguno, Adly Mansur, como presidente interino. Nunca sabremos si tenía entonces en la cabeza el plan de ocuparse finalmente de todo: cambiar la Constitución (cosa que hizo), reforzar hasta extremos sin precedentes el status y el papel de las Fuerzas Armadas, reordenar el conjunto del escenario político, ilegalizar y perseguir como nunca se ha hecho a los Hermanos Musulmanes y, finalmente, hacerse elegir presidente.

Lo considerara entonces o no, lo seguro es que todo eso ha sucedido, por etapas, lentamente, rodeado de abogados y asesores civiles en procura de una nueva legalidad votada en la nueva Constitución, aprobada en enero pasado por el 98 por ciento de los votantes pero con solo un 38 por ciento de participación. Previamente, en julio pasado, su policía había matado a cientos de “Hermanos” al dispersar en agosto a tiro limpio las protestas de Rabaa y al-Nahda, que empañaron el proceso.

El se hizo nombrar mariscal (algo con solo dos precedentes en la historia nacional, los mariscales Naguib y Tantaui, con méritos incomparablemente mayores) y preparó cuidadosamente el terreno para enmarcarlo constitucionalmente: impuso que durante los próximos ocho años los militares nombrarán al ministro de Defensa, que el presupuesto militar esté fuera del control parlamentario y que los manifestantes opositores puedan ser juzgados por tribunales castrenses y en febrero restableció el “Consejo Superior de las Fuerzas Armadas” con la novedad de que su jefe sería no el presidente de la República, sino el ministro de Defensa.

¿Quién es el nuevo ministro de Defensa? El general Sedki Sobhi, su jefe de Estado Mayor y el primer apoyo de Sisi en sus días de ministro de Defensa de Morsi. Y como nuevo jefe de ese Estado Mayor, el general Mahmud Hegazy, consuegro de Sisi… Todo atado y bien atado y difundido el 26 de marzo… es decir, coincidiendo con el anuncio, tan esperado, de que el flamante mariscal sí concurriría a la elección presidencial.

"El único error de Al Sisi"

Que él ganará la elección es seguro y solo tiene hoy un competidor reconocido: el neo-nasserista Handin Sabahi, quien concurrió en 2012 y obtuvo un meritorio tercer puesto. Resignado a ser un candidato-testimonio es, de hecho, la próxima oposición no islamista y recoge ya algunos apoyos, como el del “Partido de la Constitución” fundado por el destacado Mohamed al-Baradei, hoy autoexiliado en Viena incapaz de acomodarse a la nueva situación. Falta saber, como siempre en Egipto, la tasa de participación y si, como se supone, gran parte de la oposición, empezando por la Hermandad, propone la abstención.

En cualquier caso, siempre se podrá decir, sin mentir, que en Egipto se vota siempre poco y el desafío de Sisi es cómo enmendar su gran error político: etiquetar a los Hermanos Musulmanes como “grupo terrorista”, hacerlo confirmar por la Justicia y, sobre todo, declarar hace solo cuatro días que su gobierno tiene intención de “aplicar esa legislación”… lo que es incompatible con rumoreadas informaciones de que, para abrir el nuevo periodo, se mostraría inclusivo y se sopesaría una amnistía.

Una fuente egipcia nos dice que esa decisión es “el único error de Sisi”, pues le condiciona el programa y da a su régimen un tono represivo que privilegia el orden a cualquier precio. Como escribió el citado Bakar, muy poco amigo de la “Hermandad”, “nadie dirá en Egipto que los Hermanos Musulmanes van a desaparecer de nuestras vidas solo porque su liderazgo cometió serios errores en el pasado”. Pero Sisi, o así lo parece, ha optado por la represión del islamismo político y, para empezar, lo ha criminalizado.

Se dice que, juiciosamente, sus amigos saudíes le recomendaron vivamente que siguiera tras la cortina, como ministro de Defensa y jefe de las Fuerzas Armadas y no corriera “el riesgo de gobernar”. Por razones desconocidas no hizo caso y, probablemente, se equivocó. Ganará el mes que viene por goleada, pero medio país le detestará…