El radicalismo político se hace fuerte en Europa
La polarización política se hace más fuerte - reuters

El radicalismo político se hace fuerte en Europa

El auge de los partidos de extrema derecha en países como Francia y la presencia de grupos radicales de izquierda en España polarizan el espectro ideológico en el Viejo Continente

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El extremismo político avanza posiciones. En Francia, el Frente Nacional de Marine le Pen se erige como árbitro en las elecciones municipales que este fin de semana celebran su segunda vuelta, con pocas alcaldías pero muchas posibilidades de eliminar ediles conservadores. En Noruega, el Partido del Progreso gobierna en minoría junto con el Partido Conservador desde septiembre. En Suiza, la Unión Democrática de Centro (UDC) logró que se aprobará una reforma migratoria que la extrema derecha helvética llevaba persiguiendo 40 años, el establecimiento de cuotas de entrada para extranjeros, aunque sea cerrando fronteras con el resto de la Unión Europea.

También en España el radicalismo político gana presencia. Se alinea en el lado opuesto del eje ideológico y pese a que no encuentra de momento eco en las urnas, muestra su cara más radical en la calle. El balance de heridos -un centenar, 67 de ellos policías- de la manifestación que tuvo lugar en Madrid el fin de semana pasado da cuenta de ello.

De hecho, el trasvase de votos entre los dos bordes del espectro ideológico no es poco común. Está demostrado que gran parte del voto del Frente Nacional procede de los viejos bastiones del Partido Comunista francés, cuna del movimiento obrero. Su electorado lo constituyen mayoritariamente trabajadores de la construcción, agricultores o pequeños comerciantes, decepcionados con los partidos tradicionales.

Ángel Rivero, titular de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Madrid coincide con eso de que los extremos se tocan: «Ambos parten de un argumentario populista que es (con matices) muy parecido». Mientras la extrema derecha hace «énfasis sobre la identidad nacional», la extrema izquierda se apoya en «un discurso de clase».

Descontento social como combustible

Que las posiciones políticas extremas se hagan fuertes en un contexto económico difícil no es casual. De hecho, en opinión de Rivero, estas ideologías se alimentan del descontento social. «Sin ese contexto de crisis no son capaces de crecer», considera el politólogo.

Los recortes que se han tenido que llevar a cabo durante la recesión económica, sobre todo en el sur de Europa, han creado el caldo de cultivo perfecto para que estas formas políticas germinen.

"«Hay que tener confianza en la sensatez de la sociedad europea »En muchos casos son "democráticamente saludables, ya que dan una alternativa y cuestionan el sistema vigente". Pero el problema, según Rivero es que su discurso se construye «sobre un sentimiento de venganza». «En lugar de asumir las dificultades se intenta buscar culpables», considera. En el caso de la extrema derecha el enemigo a batir lleva la careta «del extranjero»; para la extrema izquierda, toma la forma de «la banca o las clases altas»; y en ambos casos, ese chivo expiatorio «es la Unión Europea».

Precisamente esa polarización ideológica creciente gana trascendencia con las elecciones europeas a la vuelta de la esquina. Son los primeros comicios tras la crisis del euro y donde se podría producir un mayor voto de castigo antieuropeista. A pesar de que la mayoría de los sondeos prevén un empate técnico entre derecha liberal y socialdemócratas, la extrema derecha sumaría electorado y si logra representación parlamentaria en al menos la cuarta parte de los Estados miembros, podría llegar a colarse en las instituciones comunitarias.

Una sociedad madura

El cocktail perfecto de la radicalización política (crisis económica, descontento político y extremismo político) no cuenta con buenos precedentes en el Viejo Continente y resucita en la memoria colectiva fantasmas de la República de Weimar.

Afortunadamente, Europa ha aprendido de su historia. Estos movimientos políticos extremos no representan una amenaza a corto plazo. «Hay que tener confianza en la sensatez de la sociedad europea y en especial en la española», replica Rivero.