Aksiónov, líder autoproclamado de Crimea, la marioneta de Putin
El autoproclamado líder de Crimea, Serguéi Aksiónov - abc

Aksiónov, líder autoproclamado de Crimea, la marioneta de Putin

Nacido en Moldavia, acusado de mafioso, diputado de un partido marginal, se ha convertido en el hombre para todo del Kremlin en la península ucraniana

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El prorruso Serguéi Aksiónov ha pasado a velocidad de relámpago de ser un diputado local de una formación marginal a convertirse en el hombre fuerte de Crimea. En concreto, jefe del Gobierno y comandante en jefe de las recién formadas tropas crimeas. Rusia confía en él para hacer de la península un estado marioneta que dirigirá Vladímir Putin desde el Kremlin, como ya sucede con las provincias georgianas de Abjasia y Osetia del Sur.

El nuevo «zar» de Crimea nació el 26 de noviembre de 1972 en Beltsi (Moldavia). Dos décadas después terminó sus estudios en la escuela militar de armamento y construcción de Simferópol. Tras lo que creó varias empresas de dudosa reputación. Sin embargo, en 2010 dio un giro a su vida profesional y fundó el partido Unidad Rusa. En la actualidad preside la federación de Crimea de lucha grecorromana y tiene una hija y un hijo.

Nunca pudo demostrar la falsedad de las acusaciones de que fue un mafiosoSu ejecutoria empresarial y política ha sido de lo más polémica. Mijaíl Bajariov, cuando era vicepresidente de la Rada, le acusó de haber pertenecido al crimen organizado durante la década de los noventa, bajo el apodo de «Goblin» (duende). Bajariov aseguró tener datos de la Policía. Aksiónov se querelló contra él por difamación, ganó el juicio, pero no el recurso interpuesto después. El actual hombre fuerte de Crimea no pudo demostrar que las acusaciones de Bajariov eran falsas.  

Serguéi Aksiónov fue elegido diputado de la Asamblea Legislativa de Crimea (Rada) en 2010, como cabeza de lista de Unidad Rusa, una formación que obtuvo el 4 por ciento de los sufragios en los comicios. Si eso hubiese pasado en Rusia, cuyas leyes exigen obtener por lo menos el 5 por ciento de los votos para acceder al reparto de escaños, hubiese sido extraparlamentario.

Pero, el pasado 27 de febrero, un grupo de hombres armados no identificados tomaron el edificio de la Rada crimea en Simferópol. A continuación obligaron a los diputados a destituir al entonces primer ministro, Anatoli Mogiliov, nombrar en su lugar a Aksiónov y convocar un referéndum. El depuesto presidente Víctor Yanukóvich, a quien Moscú considera el poder legítimo en Ucrania, dio el visto bueno a la designación de Aksiónov.

El flamante jefe de Crimea pidió ayuda a Putin para «proteger» a la población rusa de Crimea y «restablecer el orden» en el enclave. Lo cierto es que fue Aksiónov y los pistoleros a su servicio quienes trastocaron la legalidad vigente en la península. Pero Moscú lo equipara a lo que los «extremistas» del Maidan hicieron con Yanukóvich.

Mercenarios de toda laya

La solicitud de ayuda llegada desde Simferópol sirvió a Putin para pedir permiso al Consejo de la Federación para invadir militarmente Ucrania. El Parlamento de Crimea ha decidido crear su propio Ejército a partir de los desertores ucranianos, de los disueltos «Bérkut» (antidisturbios), los también desmantelados grupos especiales del Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU) y mercenarios de toda laya.

El comandante en jefe de esas «fuerzas armadas» es Aksiónov, quien ha llamado a las regiones del este de Ucrania a celebrar también consultas separatistas. El nuevo «gobernador» de Crimea a las órdenes de Moscú ha advertido a los militares ucranianos de que no obedezcan el mandato de deponer las armas, que serán castigados con extrema dureza. Les advirtió: «Me dirijo a los soldados ucranianos. No ofrezcáis resistencia. Subordinaros a las leyes vigentes en la república de Crimea. Jurasteis lealtad a un país que ya no existe».

El día 1 de marzo, el presidente en funciones de Ucrania, Alexánder Turchínov, firmó un decreto en el que declaraba ilegal el nombramiento de Aksiónov y la convocatoria de la consulta popular de este domingo. Vladimir Putin, sin embargo, le reconoce como máxima autoridad de la península.