Maduro trata a la prensa aún peor que Hugo Chávez
Nicolás Maduro cumplirá un año en la Presidencia de Venezuela el próximo 19 de abril - AFP
Venezuela

Maduro trata a la prensa aún peor que Hugo Chávez

El actual presidente de Venezuela sigue los pasos de su antecesor. El control de divisas para la importación de papel es uno de los más recientes ejemplos

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El presidente Nicolás Maduro nunca tuvo intenciones de mejorar las relaciones con la prensa nacional e internacional que su antecesor Hugo Chávez dejó en pésimas condiciones. Ni siquiera se propuso limar las asperezas, siendo nuevo en el cargo, sino que acabó con las posibilidades de un entendimiento.

A lo largo de los 14 años que estuvo en el poder, Chávez montó una estructura poderosa de estaciones de radios, televisiones y periódicos para tener una hegemonía comunicacional con fondos públicos prevenientes del petróleo. Al mismo tiempo cercó los medios de comunicación privados e independientes, cortándoles el presupuesto publicitario institucional.

Maduro no ha podido cerrar medios como lo hizo Chávez con Radio Caracas Televisión (RCTV) y las 34 radios en 2007, pero sí comprarlos como lo hizo el año pasado con el canal Globovisión y la Cadena Capriles, cuyos diarios Ultimas Noticias y El Mundo, ya responden sin rubor a la línea editorial oficialista. Y si no los podía comprar pues no les autorizaba las divisas para importar papel para que los periódicos agonizaran asfixiados. Y han cerrado nueve diarios regionales.

Para completar el cerco, la prensa independiente y crítica no tiene acceso a las fuentes oficiales. Si uno dice que viene de tal o cual medio nos da un portazo. Y si el periodista es extranjero entonces le revocan el permiso de trabajo como hicieron con Patricia Janiot de la cadena CNN. Así de rudos son los chavistas.

Los organismos gubernamentales y del Estado han dejado de suministrar informaciones y cifras a los periodistas, incluidos las del Banco Central y los datos de la violencia como homicidios. Estas son las peores condiciones para ejercer el periodismo en medio de la oscuridad.

Chávez tenía la mala costumbre de insultar y amenazar por televisión a los periodistas que le hacían preguntas incómodas, exponiéndolos al escarnio público. Su pupilo Maduro ha seguido sus pasos con el agravante de pensar que si eso le funcionó al difunto también a él le podría funcionar. El amedrentamiento induce a la autocensura. Su método es amenazar al medio o el periodista en público y ordenar a la ministra de Comunicación para que tome medidas en su contra. Pero la ministra realiza el pedido presidencial a pie juntillas sin argumentos ni fundamentos sólo para complacer a Maduro en sus ambiciones de ser más chavista que Chávez hasta en las ofensas.

El resultado de la mala copia es que los venezolanos han vivido una oscuridad informativa durante un tiempo largo de 15 años. La libertad de expresión y de prensa nunca antes había estado tan pisoteada y sometida como ahora. Por eso, las redes sociales y el internet han llenado el vacío informativo de la prensa. Son una rendija por donde se cuela el «tun, tun», el «tam, tam» o el «radio bemba» de la comunicación.

Pero lo peor de todo es cubrir en la calle las manifestaciones que son reprimidas con brutalidad y salvajismo por los cuerpos de seguridad y los grupos armados oficialistas contra las protestas impulsadas por el movimiento estudiantil y la oposición desde el 12 de febrero que se han saldado con 17 muertes, 261 heridos, de los cuales 60 periodistas y más de 700 detenciones.