Cadena perpetua para los dos islamistas que asesinaron a soldado inglés Rigby
Michael Adebolajo (izq), de 29 años, y Michael Adebowale, de 22. - EFE
Reino Unido

Cadena perpetua para los dos islamistas que asesinaron a soldado inglés Rigby

Cuando el juez pronunció su veredicto, Adebolajo y Adebowale se levantaron del banquillo proclamando «Alá es grande», antes de ser reducidos y sacados de la sala por nueve guardias

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El asesino del soldado Lee Rigby, Michael Adebolajo, pasará el resto de sus días entre rejas, después de que el Tribunal Old Bailey de Londres le condenara ayer a cadena perpetua por acabar a machetazos con la vida del militar de 25 años. Su amigo y cómplice, Michael Adebowale, se enfrenta a una pena mínima de 45 años de cárcel.

La vista estuvo marcada por la agresividad de los dos musulmanes británicos de origen nigeriano que tuvieron que ser expulsados de la sala a media lectura de la sentencia tras forcejear con los guardias de seguridad e insultar al juez Nigel Sweeney.

«Los condeno por el asesinato nauseabundo e inútil perpetrado contra una persona que no había hecho absolutamente nada para acabar en un completo baño de sangre. Los dos se vanagloriaban de lo que había hecho», dictaminó el juez.

Entre los asistentes en la sala se encontraban los padres, la viuda y otros familiares de la víctima, ataviados con camisetas con la cara de Rigby, que por fin cierran el último capítulo de una pesadilla que se desataba repentinamente el pasado mes de mayo, con la satisfacción de que se ha hecho justicia. «Sé que mi hijo va a crecer y ver imágenes de su padre que ningún hijo debería tener que soportar, y no hay nada que pueda hacer para cambiar esto», declaró Rebeca, la viuda del soldado.

En las inmediaciones del Tribunal, desde primera hora de la mañana, se concentró más de un centenar de manifestantes exigiendo justicia, muchos de ellos pertenecientes al grupo de extrema derecha la Liga en Defensa de Inglaterra.

Lee Rigby pertenecía al segundo batallón del Real Regimiento de Fusileros británico y había servido en Afganistán antes de ser destinado al cuartel al que regresaba el día de su muerte, vestido de civil. Los asesinos le envistieron con el vehículo en el que viajaban y, tras darle ese primer golpe, le remataron con machetes. Numerosos testigos presenciaron el truculento suceso en el barrio de Woolwich (sudeste de Londres) que se convirtió en cuestión de segundos en una auténtica carnicería.

La grabación a través de un teléfono móvil del momento en que Adebolajo, con las manos manchadas de sangre, confiesa su crimen como venganza por la muerte de musulmanes en acciones militares occidentales dio la vuelta al mundo en cuestión de minutos.