La ONU analiza el envío de una fuerza de paz a la República Centroafricana
Altercados el pasado domingo en una plaza de Bangui, capital de República Centroafricana - afp

La ONU analiza el envío de una fuerza de paz a la República Centroafricana

Miembros de la organización han advertido de un posible «genocidio» en la región

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Naciones Unidas deshoja la margarita del envío de un contingente de emergencia a la República Centroafricana, tras la espiral de violencia desatada entre grupos cristianos y musulmanes en los últimos meses.

En la actualidad, cerca de 2.500 soldados internacionales se encuentran ya desplegados por la Comunidad Económica de los Estados de África Central. Su mando debe ser asumido a partir de diciembre por la Unión Africana, ampliando su base operativa hasta los 3.600 miembros. Sin embargo, la medida se muestra a todos visos escasa en número ante el recrudecimiento del conflicto.

«En caso de que haya un deterioro de la situación en el país, Naciones Unidas puede responder de emergencia, una vez que lo autoricen el Consejo de Seguridad y los principales países que proporcionan tropas, redistribuyendo los efectivos desplegados en las misiones de paz en países vecinos», aseguró el secretario general de la ONU, Ban Ki Moon.

En marzo, un golpe de Estado del grupo insurgente Seleka («alianza», en lengua sango) provocaba la salida del país del presidente François Bozizé y abría una crisis política en la región que aún continúa.

«Cada vez hay más y más violencia sectaria porque Seleka la emprendió con iglesias. Ahora, los cristianos han creado milicias de autodefensa y están tomando represalias contra los musulmanes», reconocía a principios de mes Gerard Araud, embajador francés ante la ONU.

Desde el comienzo de la revuelta, los amotinados exigieron «el respeto por los acuerdos de paz de 2007» que implicaban la reintegración de los rebeldes en las fuerzas armadas (en una fórmula similar a la utilizada en 2009 al este de la República Democrática del Congo con la insurgencia local), así como la liberación de todos los presos políticos.

Pese a ello, los intereses cruzados, la llegada de nuevos sediciosos a la alianza (la organización Amnistía Internacional asegura que al menos 3.500 niños soldado han sido reclutados por el movimiento) y la falta de una agenda clara han provocado la total desestabilización del país.

«Seleka no tiene ningún programa o estructura política, tampoco ideología clara ni exigencias precisas», señalaba a los inicios de la revuelta el analista Alain Lamessi.

El ejemplo del Congo

Con esto, las miras se centran ahora en una posible operación militar en la zona. Precisamente, el reciente despliegue de una novedosa fuerza especial de Naciones Unidas en la vecina República Democrática del Congo se ha mostrado todo un éxito para contener las furias rebeldes.

El destacamento –compuesto por cerca de 2.500 soldados- contaba con autorización para llevar a cabo operaciones ofensivas, ya fuera unilateralmente o de forma conjunta con las fuerzas armadas congoleñas, y fue determinante para acabar con el grupo armado M23. Todo ello, a pesar de las desastrosas experiencias pasadas.

«Tengo la impresión de que es como en 1994 en casa», aseguraba recientemente Eugene Richard Gasana, embajador de Ruanda ante la ONU, comparando la actual situación en República Centroafricana con el genocidio ocurrido en su país.

A veces, la hemeroteca ayuda a deshojar la margarita.