El calvario de los cuatro franceses secuestrados en Níger
Dos de los cuatro rehenes franceses liberados en Níger - afp
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El calvario de los cuatro franceses secuestrados en Níger

La liberación de los rehenes galos pone fin a uno de los secuestros más duraderos llevados a cabo por AQMI

EDUARDO S. MOLANO
Actualizado:

Fin al calvario de los más de mil días. La liberación de los cuatro ciudadanos franceses retenidos desde de septiembre de 2010 en el cruce de caminos entre Níger y Malí pone fin a uno de los secuestros más duraderos llevados a cabo por islamistas radicales en la región.

Pierre Legrand, Daniel Larribe, Thierry Dol y Marc Feret fueron capturados, junto a otras tres personas, por Al Qaida en el Magreb Islámico (AQMI) cuando se encontraban trabajando en Arlit, norte de Níger, para el grupo minero francés Areva y Sogea-Sotem, una subsidiaria de la constructora Vinci.

Cinco meses después, en febrero de 2011, la mujer de uno de ellos -Francoise Larribe-, junto a un ciudadano togolés y otro malgache serían liberados. AQMI demandaría entonces cerca de 90 millones de euros por la excarcelación del resto de rehenes.

Desde entonces, la niebla se extiende sobre el caso. Hasta septiembre de 2012, cuando los secuestradores mostraban la primera prueba de vida. En un vídeo grabado por el grupo terrorista, el más joven de los rehenes, Pierre Legrand, apelaba por su liberación:

«Estoy cansado. Debéis hacer algo con Al Qaida para que pueda regresar a casa», aseguraba, de rodillas, en un lugar sin determinar del desierto, y flanqueado por hombres vestidos con ropas tradicionales beduinas.

Ya entonces, el mando de las negociaciones descansaba sobre Mohamed Akotey, antiguo rebelde y quien se reuniría en numerosas ocasiones con Abou Zeid, el líder de AQMI que ha reclamado la autoría del secuestro y, más importante aún, con el conocido jefe tuareg Iyad Ag Ghali, de su misma comunidad. Por entonces, los rehenes se encontraban ya en el norte de Malí (según fuentes de inteligencia locales, las negociaciones finales también tuvieron lugar en este lugar, con «eminentes» personalidades malienses dando asistencia).

«Están libres, fuera de este infierno», reconocía a la televisión francesa la señora Larribe tras la liberación de su marido. «Sé de lo que hablo», añadía.

Porque las piedras en el camino de la negociación fueron abundantes: en julio pasado, Philippe Verdon, un geólogo francés secuestrado en noviembre de 2011 en Hombori (Malí) por AQMI, era ejecutado de un tiro en la cabeza. Solo, unos días antes, dos terroristas suicidas atacaban en Níger un cuartel militar y una mina de uranio gestionada por el grupo francés Areva (el mismo para el que trabajaban los secuestrados), ocasionando decenas de víctimas.

Los temores de la experiencia

¿El mayor temor? Que el operativo de liberación se convirtiera en una desastrosa campaña militar como la ocurrida en Somalia a comienzos de año para rescatar a otro rehén francés, Denis Allex.

El 14 de julio de 2009, Allex era apresado junto a otro agente galo, huido después, en las cercanías de la capital, Mogadiscio, por los rebeldes de Hizbul Islam, siendo «revendido» a los pocos meses a milicianos de Al Shabab. Tres años y medio después, en enero pasado, al menos una veintena de personas perdían la vida en el fallido intento de rescate del agente francés en la localidad de Bula-Marer (cerca de 30 kilómetros al sur de la ciudad de Marka). Allex sería finalmente ejecutado como «castigo».

«Duermen bien, pero en el suelo, ya que todavía no son capaces de dormir en colchones», aseguraba tras la liberación del cuarteto galo el ministro de Exteriores francés, Laurent Fabius, poniendo de relieve la pesadilla sufrida por los rehenes.

Precisamente, en septiembre pasado, la milicia islamista había difundido un último vídeo apremiando al desenlace las negociaciones. A ellos se habían unido un ciudadano holandés, otro sudafricano y uno sueco capturados en la ciudad de Tombuctú hacía dos años (de momento, se desconoce la situación de esta última terna).

«Estoy muy feliz. Ha sido muy difícil. La prueba de toda una vida», reconocía, tras ser liberado Thierry Dol.

El Elíseo, no obstante, ya ha negado el pago de un rescate o que su salida se deba a una operación militar. El abismo de los más de mil días continúa sin precio.