Malala, la niña víctima de los talibanes, galardonada con un premio por su activismo
La paquistaní de 16 años Malala Yousafzai (d) recibe el Premio Internacional de la Paz para los Niños de la activista yemení y premio Nobel de la Paz Tawakkul Karman (i) en Ridderzaal en La Haya, Holanda el 6 de septiembre de 2013. Malala sobrevivió a un ataque talibán el 8 de octubre de 2012 por defender la educación femenina en su país. - efe
premio internacional de la paz para los niños

Malala, la niña víctima de los talibanes, galardonada con un premio por su activismo

«Recibo este premio en nombre de todos los niños que intentan ir a la escuela y de sus padres por darles el coraje para que persistan en hacerlo», afirmó

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Apenas un año después de que fuese víctima de un atentado talibán en un autobús escolar, la activista paquistaní de 16 años Malala Yousafzai recibió hoy el Premio Internacional Infantil de la Paz, que se entrega en Holanda para apoyar causas de derechos humanos protagonizadas por menores.

Con una voz resuelta y mostrando más madurez que la que correspondería a sus 16 años, Malala se dirigió a los asistentes de la ceremonia con ímpetu y con la modestia de quien no quiere protagonismo.

«Recibo este premio en nombre de todos los niños que intentan ir a la escuela y de sus padres por darles el coraje para que persistan en hacerlo», dijo la joven paquistaní, que tras el atentado sufrido de la mano de los talibán en octubre de 2012 vive y estudia en Gran Bretaña junto a su familia.

No solo sus maneras sino también el contenido de su discurso mostraban un alto grado de madurez, ya que no olvidó denunciar «el terror que los terroristas siembran en mi país, Pakistán». «Yo he sido solamente un objetivo de las balas, pero en mi país sigue habiendo muchos otros objetivos sin nombres», remarcó.

Malala expresó su deseo de «vivir en un mundo en el que la educación sea algo que se da por descontado en cada esquina del planeta, porque nadie está excluido de ella».

«Trabajar juntos»

«Recuerden que tenemos que trabajar juntos para que las niñas sean respetadas y protegidas y se les ayude a florecer», instó a una audiencia entre la que se encontraban, entre otros, el primer ministro holandés, Mark Rutte; la ganadora del premio en 2011, la sudafricana Chaeli Mycroft, y la Premio Nobel de la Paz, la yemení Tawakkol Karman, que fue la encargada de entregar el galardón.

Ataviada con un velo estampado sobre una túnica roja, Malala citó también «a alguien quien ha dicho que si educas a un niño, educas a un niño, pero si educas a una niña, educas a toda una generación», lo que motivó un aplauso en la audiencia.

Como colofón a su discurso de agradecimiento, Malala, a la que sus padres observaban con admiración desde el público, lanzó un mensaje escueto que resume el objetivo de su activismo: «En el fondo de la solución hay algo simple: el derecho de cada niña a la educación».

La activista alzó con orgullo la estatuilla del galardón, que se entrega desde hace nueve años y representa a un niño empujando un globo terráqueo.

«Hay una niña que realmente está moviendo el mundo», dijo al respecto el presidente de la Fundación holandesa « KidsRights» (Derechos de los niños), Marc Dullaert, al referirse a Malala.

100.000 euros

El prestigioso premio fue lanzado en 2005 por esa fundación durante una cumbre de ganadores de Premios Nobel celebrada en Roma. Además de la estatuilla, el ganador recibe apoyo económico para su educación, y la Fundación concede la cantidad de 100.000 euros para ser invertidos en proyectos ligados al tema del niño galardonado.

Otros ganadores de este premio han sido, entre otros, la brasileña Mayra Avellar, que recibió el galardón en 2008 por su lucha contra la violencia en las favelas de Rio de Janeiro, y Francia Simon por su asistencia a familias en la inscripción de recién nacidos en la República Dominicana.

Malala, hija de un maestro de escuela paquistaní, cobró fama en 2009, con solo 11 años, gracias a un blog para la cadena británica BBC en el que, bajo pseudónimo, escribía sobre su pasión por la escuela y la opresión de los talibán. Con 5,1 millones de niños que no acuden a la escuela, Pakistán es el segundo país del mundo con mayor ausencia escolar infantil.