Los islamistas se organizan en grupos terroristas urbanos para seguir la lucha
Brigadas de «terroristas urbanos» se enfrentan estos días al Ejército en las calles de El Cairo - efe

Los islamistas se organizan en grupos terroristas urbanos para seguir la lucha

La nueva estrategia se produce al perder fuerza la protesta en la calle. Cerca de 40 islamistas mueren asfixiados por gases lacrimógenos al intentar huir

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La «guerra contra el terrorismo» es la prioridad absoluta de las autoridades interinas egipcias. La palabra «terrorismo» es la más repetida por los partidarios del golpe del 3 de julio a la hora de referirse a los Hermanos Musulmanes y a los seguidores del expresidente Mohamed Mursi, cuya «violencia no doblegará al Estado y a los egipcios, no permaneceremos nunca silenciosos ante la destrucción del país», confesó el general Abdul Fatah Al Sisi en su primera comparecencia pública tras los sangrientos desalojos de la semana. El jefe de las Fuerzas Armadas y auténtico hombre fuerte del país pidió a los seguidores del depuesto presidente que reflexionen, refiriéndose a aquellos que «se imaginan que la violencia hará arrodillarse al Estado y a los egipcios», una petición que llegó antes de aclarar que «el pueblo tiene su voluntad libre para elegir a quien desea» y que el Ejército y la Policía respetarán la elección popular de las próximas autoridades, un intento de acallar las voces que le acusan de intentar hacerse con el poder absoluto.

Marchas canceladas

Los islamistas mantienen su llamamiento a una «semana de la ira» en respuesta a los más de 800 muertos que han dejado los choques con las fuerzas del orden en los últimos días, pero empiezan a dar muestras de no poder hacer frente a la maquinaria militar y ayer tuvieron que cancelar varias marchas vespertinas en El Cairo «por motivos de seguridad», declaró a la agencia Afp, Yasmine Adel, portavoz de la alianza contra el golpe de estado liderado por la Hermandad. Los blindados del Ejército bloquean las principales arterias de la capital y para las manifestaciones que salen de las mezquitas es prácticamente imposible juntarse para formar un grupo importante. Otro problema de última hora para la Cofradía es que, como informó el Ministerio de Asuntos Religiosos, a partir de ahora las mezquitas se abrirán únicamente para la oración con el objetivo de evitar que sirvan de lugar de concentración para manifestantes.

Expertos en seguridad consultados por ABC consideran que «en Egipto no hay grupos armados activos con denominación, pero debido a la cantidad de armas y a la actual situación de inestabilidad hay elementos que apuntan a la germinación de grupos de terrorismo urbano». La muestra más clara de este tipo de actividad se vio el jueves en el área de Giza cuando un grupo de manifestantes atacó una comisaría de Policía con lanzacohetes y subfusiles de asalto, y ejecutó a seis agentes en su interior. Se trata del ataque más grave sufrido hasta el momento.

Las autoridades insisten en la criminalización de la Hermandad y estudian ilegalizar al grupo, pero estas mismas fuentes consultadas piensan que «no es un grupo terrorista como tal, aunque tiene influencia directa en personas y organizaciones que sí pueden recurrir al uso de las armas». El problema de la alarma encendida por las autoridades en los últimos días es que «se produce una distorsión de la realidad. Están tratando de adelantarse a las consecuencias que puede traer en el futuro la dureza de la represión contra ese sector de la población».

El Ejército confía en el aparato de seguridad levantado durante una lucha contra los Hermanos Musulmanes que se remonta a los años cincuenta, fecha en la que empezó una guerra que estos días vive una nueva batalla. Este aparato es el responsable de que en el siglo XXI no estén operativos grupos históricos egipcios como Yihad Islámica, que fue dirigido por el actual líder de Al Qaida, Ayman al Zawahiri, o Gama’a Islamiya (Grupo Islámico), relacionado con el ataque al World Trade Center de 1993.

En la actualidad los problemas más graves de seguridad se registran en el Sinaí con ataques casi diarios contra las fuerzas de seguridad y que las autoridades vinculan a grupos bajo la influencia de los Hermanos Musulmanes que mostrarían con estas acciones su enfado por la caída de Mursi.

La guerra abierta contra la Hermandad y sus seguidores registró un nuevo capítulo trágico tras conocerse a última hora de la tarde la muerte de al menos 36 seguidores de Mohamed Mursi durante su traslado a una prisión a las afueras de El Cairo.

Un policía de rehén

La versión del Ministerio de Interior confirma que durante el traslado la Policía utilizó gases lacrimógenos para evitar su huida. El suceso ocurrió en el convoy que transportaba a una prisión a más de 600 miembros y simpatizantes de los Hermanos Musulmanes. Algunos de ellos trataron de escapar y cogieron como rehén a uno de los policías que custodiaba a los presos hasta el destino. El resultado de este incidente fue que «36 resultaron asfixiados o aplastados cuando la policía utilizó el gas lacrimógeno para impedir la fuga» indicó el Ministerio en un comunicado.

Los contrarios al golpe de estado, que organizan desde hace un mes y medio las manifestaciones a favor de Mursi, elevaron las cifras de los detenidos «asesinados» a 52, informa Afp.