Maduro destituye a la presidenta del Banco Central por denunciar la corrupción
Edmée Betancourt - abc
venezuela

Maduro destituye a la presidenta del Banco Central por denunciar la corrupción

Después de haber acusado a la oposición de malversación de fondos, el jefe del Ejecutivo renueva sus filas

Ludmila Vinogradoff
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Edmée Betancourt llevaba sólo tres meses y medio en la presidencia del Banco Central de Venezuela (BCV) pero por haber denunciado que la Comisión de Administración de Divisas (CADIVI) había otorgado el año pasado más de 20.000 millones de dólares a empresas fantasmas o de «maletín», el presidente Nicolás Maduro la despidió de su cargo.

Lo curioso es que Maduro fue el que la designó y la destituyó a dedo y después pidió a la Asamblea Nacional que ratificaran su decisión por escrito. De igual modo, nombró al economista Eudomar Tovar como nuevo presidente del Banco Central de Venezuela. Lo paradójico es que ninguno de los dos altos cargos está libre de sospecha de corrupción.

A Betancourt se le vincula con escándalos de corrupción cuando fue presidenta del Banco Nacional de Desarrollo (Bandes) y manejó el Fondo con los chinos y ministra del Poder Popular para el Comercio durante el Gobierno del difunto mandatario Hugo Chávez, antes de que Nicolás Maduro la designara como presidenta del BCV, el pasado 30 de abril. Por su parte, Eudomar Tovar ejercía como primer vicepresidente del Banco Central de Venezuela (BCV), hasta marzo de este año cuando fue designado como presidente de CADIVI.

Sin confianza

La gran mayoría de los venezolanos, un 55 por ciento, no cree que Maduro vaya a combatir la corrupción. Los encuestados consideran que es «una estrategia del Gobierno para aparentar que lucha contra la corrupción», según una encuesta oficial del Sistema Bolivariano de Información y Comunicación.

Las denuncias sobre corrupción continúan. Recientemente, e l diario opositor El Nacional ha abierto su portada afirmando que la corporación estatal Corpoelec compró plantas generadoras de electricidad, cuyo contrato estaba en manos de los aliados cubanos del presidente y de Argenis Chávez, hermano del presidente fallecido, con un sobreprecio de 20.000 millones de dólares.