Breivik, el autor de la peor matanza noruega desde la Segunda Guerra Mundial
Breivik, tal y como aparece en el manifiesto que él mismo publicó el día del ataque , el 23 de julio de 2011. - EFE

Breivik, el autor de la peor matanza noruega desde la Segunda Guerra Mundial

Condenado a 21 de carcel por el asesinato de 77 personas en Utoya y Oslo, hace dos años, el terrorista neonazi llegó a decir que su matanza había sido «necesaria»

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El responsable confeso de los ataques terroristas del 22 de julio de 2011 en Noruega, Anders Behring Breivik, aseguraba un mes después de la matanza, que sus actos eran «necesarios» para cambiar Noruega y Europa. En total murieron 77 personas, ocho en un atentado con bomba en Oslo, y otras 69 en Utoya.

Breivik pidió la absolución en el juicio por haber actuado «en legítima defensa»El ultraderechista noruego llegó a pedir la absolución durante el juicio por haber actuado «en legítima defensa» y «movido por nobles intereses». Y después, como si fuera poca la ofensa para las víctimas, saludó con el puño al frente y se declaró miembro de una red de militantes nacionalistas denominada Caballeros Templarios, cuya existencia desconoce la Policía noruega.

Todo el mundo se hizo la misma pregunta: ¿estábamos ante un loco o ante un terrorista frío y calculador que era perfectamente consciente de lo que hacía? Las contradicciones e insensateces de sus primeras declaraciones fueron numerosas y variadas: desde afirmar que protagoniza una cruzada contra la «descristianización» de Europa, pese a no ser «muy religioso», a que su plan de filmar la masacre se frustró porque no pudo comprarse un iPhone. Pero él lo tenía claro: «Ser declarado incapacitado es lo peor que podía ocurrir y la humillación definitiva», aseguraba en abril de 2012, tras hacerse público el informe psiquiátrico que le declara legalmente incapacitado.

21 años de prisión

Finalmente, Breivik fue condenado a al menos 21 años en prisión tras ser declarado culpable del asesinato de 77 personas en Oslo y Utoya. El tribunal estableció, por unanimidad, la pena máxima por los atentados, en la que no podrá solicitar la libertad condicional durante los diez primeros años, como establece la pena de custodia que dictó la magistrada principal.

Breivik podría pasar el resto de su vida en la cárcel, según el código noruegoEsa figura legal del Derecho noruego puede equivaler en la práctica a una cadena perpetua, ya que una vez cumplida la pena, ésta se puede prolongar de forma indefinida si se considera que el reo sigue siendo un peligro para la sociedad.

Tal fue la magnitud de la masacre en un país tan poco acostumbrado a este tipo de tragedías, que resulta complicado pensar que Breivik pueda tener partidarios que simpatizan con lo que hizo, pero así es. En noviembre, según publicaba la revista alemana «Der Spiegel», el ultraderechista noruego envió una carta de tres folios a la neonazi alemana Beate Zschäpe en la que le instaba a que utilizara su juicio para difundir propaganda ideológica. «Cuando quede claro que eres realmente una militante nacionalista», argumentaba Breivik en su misiva, entonces «serás convertida en una valiente heroína de la resistencia nacionalista que ha hecho todo y se ha sacrificado para detener el multiculturalismo y la islamización de Alemania».

Breivik, que llamaba «querida hermana Beate» a la presunta terrorista de ultraderecha alemana, aseguraba que ambos eran «mártires de la revolución conservadora» y consideraba que «deben sentirse extremadamente orgullosos de sus víctimas y sus esfuerzos».

«Introvertido, pero buen estudiante»

Una cosa ya es segura. Breivik ha pasado a la historia como el autor de la mayor matanza ocurrida en el país escandinavo desde la Segunda Guerra Mundial. Una masacre perpetrada por un noruego de 32 años, de buena familia, cabello rubio y penetrantes ojos azules, soltero, con estudios de dirección de empresas, granjero en apariencia, sin ingresos, enorme sangre fría y de tendencias ultraderechistas e islamófobas.

Breivik no tenía antecedentes policiales, aunque poseía varias armasHasta este trágico suceso, Breivik no tenía antecedentes policiales, aunque poseía varias armas, una de ellas un fusil automático. E incluso un compañero de clase de cuando tenía entre los 13 y 16 años lo describió como «introvertido, pero buen estudiante».

En medios noruegos aparecía como un fundamentalista cristiano, nacionalista, vinculado a la extrema derecha y con conexiones en redes masónicas.

En su perfil de Facebook, creado poco antes de la masacre y bloqueado por la Policía después, se definía como persona de religión cristiana y conservador en política, aficionado a la caza y a videojuegos como «World of Warcraft» y «Modern Warfare 2». Sus libros de cabecera eran «El Príncipe» de Maquiavelo» y «1984», de George Orwell.

La personalidad de Breivik debe ser merecedora de un estudio psquiátrico. Mientras asesinaba a decenas de jóvenes socialistas disfrazado de policía se le veía «muy seguro, tranquilo y bajo control. Nunca echó a correr», según relató un testigo de la matanza de la isla de Utoya, donde el asesino fue capaz de tranquilizar a sus próximas víctimas con un «acercaros, no hay nada que temer».

Otra prueba de su sangre fría es que después de perpetrar el atentado en el centro de Oslo, recorrió los cuarenta kilómetros hasta la isla de Utoya y para entrar en el campamento, y sin el menor signo de nerviosismo, se identificó como un policía que iba a supervisar la seguridad del evento de las juventudes socialistas.

Mucho tendremos que leer de Breivik con el paso de los años, cuya matanza le ha colocado a la altura de los personajes más siniestros de la historia de los siglos XIX y XX.