Erdogan recurre a la fuerza para aplastar la revuelta en Turquía
Manifestantes con máscaras antigas - AFP

Erdogan recurre a la fuerza para aplastar la revuelta en Turquía

Miles de manifestantes resisten las sucesivas cargas policiales para vaciar la plaza Taksim

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Si no fuese por la violencia, por los heridos, los duros enfrentamientos de ayer entre manifestantes y policías en la plaza Taksim, en Estambul, podrían considerarse una especie de danza: los contestatarios emergen de detrás de las barricadas en llamas, arrojan su descarga de piedras y proyectiles y se retiran; entonces el centro de la pista lo vuelven a ocupar los agentes con sus vehículos blindados y sus escopetas de gases lacrimógenos. Vuelan los botes de gas, y la estela blanca que dejan provoca una breve retirada de los opositores, aunque, como en un ballet, no tardan en volver al punto central.

Los choques comenzaron a primera hora de la mañana, cuando, por primera vez desde hace una semana, la Policía regresó a Taksim, con la misión de retirar las pancartas de la estatua central de Mustafá Kemal Atatürk, el fundador de la moderna República de Turquía y de otros edificios. El Centro Cultural Atatürk, por ejemplo, cubierto de carteles, se había convertido en uno de los símbolos de la protesta. Al cierre de esta edición, los disturbios seguían con gran intensidad.

Los agentes tienen órdenes, supuestamente, de no desalojar el campamento de protesta permanente del parque Gezi, en los aledaños de la plaza. Pero nadie confía en ello. De ahí que, desde el primer momento, pequeños grupos se han enfrentado con los antidisturbios, usando cócteles molotov, tirachinas y piedras.

Así sucede en la esquina con la Avenida de la República, donde cientos de manifestantes se asoman desde la elevación del parque Gezi, en una especie de palco de tierra, para entonar cantos de apoyo a los que luchan, reforzando la sensación de teatralidad. Pero lo que sucede no es ningún juego: a media jornada, la Asociación Médica de Turquía informa de que nueve manifestantes han sido atendidos en hospitales por el impacto de balas de goma. Otro manifestante moriría poco después al ser golpeado en la cabeza por un bote de humo.

La violencia policial ha sido condenada en un comunicado urgente de Amnistía Internacional. «La acción policial continuada contra los manifestantes contradice las declaraciones del gobernador de Estambul de esta mañana de que no intervendría en el parque.

A lo largo de todos estos días las redes sociales echan humo. El primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, atribuye sus males a la prensa extranjera y, sobre todo, a las redes sociales en la red. Ha calificado a Twitter de «creador de problemas» y de «plaga». Aunque fue uno de los portavoces de su Partido «Justicia y Desarrollo» (AKP), Ali Sahin, quien atacó con más virulencia: «Un tuit que contiene mentiras y fabricaciones es mucho más peligros que un coche bomba», aseguró.

«¡Resistencia!»

En la Avenida de la República, unos manifestantes empujan un camión hacia las llamas. Poco después, el depósito estalla con una explosión seca. Los espectadores se deshacen en aplausos y gritos de júbilo. Corean el que ya se ha convertido en lema de la revuelta: «¡En cada lugar un Taksim, en todas partes resistencia!». La Policía responde con chorros de agua y botes de gas, en una peligrosa coreografía.

Estas escenas hacían presagiar un dramático desenlace. A las siete de la tarde, la manifestación convocada por la Plataforma de Solidaridad con Taksim se convertirá en multitudinaria. «¡Somos los soldados de Mustafá Kemal!», gritan los manifestantes a la Policía. Dos centenares de encapuchados se colocan a pocos metros de los antidisturbios acantonados frente al Centro Cultural Atatürk.

Petardos

En la parte trasera del parque Gezi se producen los primeros enfrentamientos serios ocurridos en esta zona entre los agentes que tratan de rodear el campamento y los manifestantes que les hacen frente. La tensión, exacerbada por los petardos y los estampidos lejanos, se hace insoportable.

Entonces es cuando se desata una especie de infierno blanco. A una orden, todos los policías disparan a la vez sus escopetas de gas, y la plaza queda cubierta en una verdadera nube de humo tóxico, al tiempo que se desata una estampida de miles de personas hacia las salidas de la plaza. Los vehículos blindados T.O.M.A. avanzan despacio, lanzando chorros de agua contra los que huyen y, poco más tarde, hacia aquellos que osan encararlos. Son pocos: los blindados están protegidos por decenas de agentes bien pertrechados que no dudan en disparar los botes de gas hacia los que se acercan.

Tras la primera oleada de gas, la plaza se queda vacía. Pero entonces, entre el humo, llega un grito desde el parque: «¡Taksim resiste! ¡Taksim resiste!», coreado por unas pocas voces al principio, por muchas más poco después. A pesar de la embestida, los manifestantes siguen allí. Durante las siguientes horas, los alrededores de Taksim se convertirán en un campo de batalla en el que policías y manifestantes juegan al gato y al ratón. Comparativamente, son escasos los que arrojan piedras a la Policía; muchos más observan, con máscaras antigás profesionales o improvisadas, coreando consignas contra el gobierno, contra los agentes, contra Erdogan. La verdadera batalla por Taksim ha comenzado.