FIORDOS

Naturalmente nórdicos

Noruega es paisaje virgen y bienestar. La mejor cara de un norte que invita a perderse

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El eco del silencio envuelve al viajero que recorre la dramática naturaleza de Noruega. Una bella tierra entregada al agua que a lo largo de su historia ha invitado a explorar el mundo. Desde los vikingos hasta los expedicionarios Roald Amundsen y Børge Ousland, los noruegos siempre han tenido el impulso del descubridor.

El milagro noruego no se debe a más que el hallazgo del crudo procedente del fondo del mar que fue escenario mitológico de Odín, Thor, las Valquirias y los Troles. El Museo Noruego del Petróleo, en Stavanger, rinde pleitesía a este cajero automático de un país que ha sabido aprovecharlo.

El recinto personifica una roca de la costa que en su interior alberga una réplica de una planta petrolífera en el mar. Esta ciudad portuaria del sur no ha olvidado a la industria conservera, la más importante antes de la extracción del oro negro.

Una antigua fábrica de conservas se ha habilitado como museo en el coqueto casco antiguo, copado de casas blancas de madera junto a su animado puerto. Y de la ciudad, a la visita imprescindible en Noruega: los fiordos. Al otro lado de la desembocadura del fiordo de Høgs se accede a la Carretera Turística Nacional de Ryfylke, que da acceso al Preikestolen (El Púlpito), un regalo de la naturaleza.

Alcanzar la belleza es emprender un arduo camino esquivando los atajos. Desde Jøssang parte un sendero que los turistas convertidos en peregrinos deben ascender durante dos horas para alcanzar el destino anhelado. Cuando da la sensación de que escasea el aire en los pulmones, surge de la nada un rincón que roba las palabras para describirlo. Una superficie plana de piedra en la montaña a 600 metros de altura sobre el nivel del mar, desde donde la vista del fiordo Lyse. Allí uno se marea y siente que le puede susurrar al cielo.

Camino de fiordos

En dirección norte, el periplo por carretera discurre paralelo a los fiordos de Josen, Hyls y Sauda, los que se cruzan tomando un ferry. Cascadas como las de Svandals incitan a hacer un alto en el camino y disfrutar del entorno. En la localidad de Sauda se pueden ver las minas de zinc, en la garganta de Almannajuvet.

Desde aquí se parte hasta Rødal, donde se encuentra la Iglesia Stave. Durante la Edad Media fue uno de los lugares de peregrinación más importante en Noruega, después de la catedral de Trondheim.

La comarcal 520 es angosta, sinuosa, pero da gusto conducirla, yendo, aún, más despacio que los rigurosos límites de velocidad que hay en el país. Como si fuera un lienzo, el paisaje de pinos, coníferas, pequeños y grandes lagos, se suceden al ritmo del cencerro de las ovejas.

Es constante la imagen de una autocaravana en el retrovisor. Los campings y lugares de acampada salpican parajes privilegiados de la geografía de Noruega. Sin duda, esta es una manera económica de viajar por el país más caro, que, sin embargo, ofrece gratis lo mejor que tiene, una naturaleza que deja mudo. Noruega hay que sentirla, caminarla y conducirla.

La Carretera Turística Nacional de Hardanger se retuerce siguiendo el curso del fiordo que nombra. Después de infinidad de paradas para contemplar y deleitar a la vista con el entorno, Bergen se divisa a lo lejos, como el epílogo de un bello trayecto.

Bergen, de postal

Esta ciudad de postal concentra a las hordas de pasajeros que desembarcan de los cruceros en su hanseático muelle de ‘Bryggen’, en el Mercado de Pescado (donde trabajan españoles) y en el funicular Fløibanen que asciende 320 metros de altura sobre el nivel del mar y que da acceso a un mirador desde el cual se disfruta de una espectacular vista de Bergen. De camino a la estación de Myrdal, a 866 metros de altura sobre el nivel del mar, el mercurio desciende de los 20°C a los 10°C. Como dicen en Noruega «no hace mal tiempo, vas mal vestido». El frío rejuvenece el paisaje y uno puedo tocar la nieve en el mes de agosto.

Desde este punto parte el tren Flåmsbana hasta Flåm, recorriendo el valle igual denominado. El trayecto de 20 kilómetros es una sucesión de montañas, nieves perpetuas, cascadas, un río y veinte túneles, en los que el ferrocarril se escorza y los frenos chirrían. Una hora después se llega a Flåm, donde atracan los cruceros que navegan el fiordo de Aurlands y el pasaje se aloja en el histórico Fretheim Hotel.

Los campings y lugares de acampada salpican parajes privilegiados de la geografía de Noruega. Sin duda, esta es una manera económica de viajar por el país más caro

A finales del siglo XIX, en él se alojaban los aristócratas europeos aficionados a la pesca del salmón. Una buena opción para explorar los alrededores es alquilar una bicicleta. A 8 kilómetros de distancia se encuentra la localidad de Aurland, a mitad de camino puede hacer una parada en la granja de Otternes y coger fuerzas degustando comida y bebida local. Los más osados alcanzarán el mirador de ‘Stegastein’.

Para cerrar el círculo, además de una naturaleza impresionante, Noruega tiene una capital rica en elementos urbanos dentro de un agradable contexto. El noruego gusta de aprovechar los rayos del sol y así las terrazas de Oslo en verano están hasta arriba.

Un buen lugar para disfrutar de una botella de vino blanco con los amigos es Tyuvholmen, caro, sí, pero es que en Noruega parece que no hay nada barato. Otra opción es emular a las parejas de jóvenes locales y sentarse sobre el césped de la Fortaleza de Akershus y entretenerse contemplando los cruceros y los ferries que navegan a Bygdøynes, donde se encuentran los interesantes museos Kon-Tiki, Fram y Norks Maritimt.