El monolítico régimen de Putin comienza a resquebrajarse
Vladimir Putin - afp

El monolítico régimen de Putin comienza a resquebrajarse

Corrupción, ineficacia, desaceleración económica, reprimendas al Gobierno y la dimisión del que fue principal ideólogo del Kremlin

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El régimen de Vladímir Putin no parece ya tan fuerte, estable y monolítico como fue durante sus dos primeros mandatos (2000-2008). Pero, a juicio de los expertos, no son las protestas callejeras, muy poco numerosas todavía, las que están haciendo mella, sino la corrupción, la ineficacia, la desaceleración económica y las divisiones internas.

En menos de un mes, Putin ha protagonizado dos arrebatos de ira contra su Gobierno, a cuyo primer ministro, Dmitri Medvédev, algunos siguen considerando parte “indisoluble” del tándem de poder formando por ambos. La primera reprimenda del presidente contra los miembros del Ejecutivo se produjo a mediados de abril. Amenazó con destituirlos por la “pésima calidad de trabajo”.

La segunda regañina tuvo lugar el pasado martes por no implementar los decretos de contenido social que Putin promulgó en mayo del año pasado, nada más tomar posesión para un tercer mandato al frente del país. Ha dado un mes a los ministros para que le presenten un “plan de trabajo”.

El viceprimer ministro encargado del aparato administrativo del Gobierno, Vladislav Surkov, fue el único que se atrevió a replicar a Putin afirmando que el Gabinete ha actuado con una disciplina “casi impecable”. Justo al día siguiente, el jefe del Estado aceptaba su dimisión, presentada por “voluntad propia”, supuestamente el 26 de abril. El propio Surkov no ha dado ninguna explicación sobre su renuncia mientras el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, señalaba de forma escueta que “tiene que ver con el cumplimiento de los decretos presidenciales de mayo” de 2012.

Hombre clave del régimen

Se da la circunstancia de que Surkov ha sido uno de los hombres claves del régimen. Hasta que dejó su puesto en la Administración del Kremlin para integrarse en el Gobierno, en diciembre de 2011, era uno de los más estrechos colaboradores de Putin y el cerebro en la sombra de toda la política rusa. Él acuñó conceptos como “vertical del poder” y “democracia soberana” (sin injerencias exteriores), cuya tonalidad tiene hoy día para muchos rusos una connotación marcadamente antidemocrática.

A Surkov se le atribuye la génesis de decisiones adoptadas por Putin como el control total sobre los medios de comunicación, el arrinconamiento de la oposición, la eliminación de las elecciones a gobernador regional y la creación de grupos juveniles filofascistas como “Guardia Joven” y “Nashi” (los nuestros).

Pero, una vez en el Gobierno, Surkov se hizo más leal a Medvédev que a Putin y se convirtió en partidario de una estrategia de desarrollo para Rusia algo más liberal que la que había defendido hasta entonces. Era, según los analistas, uno de los representantes de la élite rusa que deseaban que Medvédev hubiese tenido un segundo mandato presidencial.

Lucha contra la corrupción

Paradójicamente, pese a que al primer ministro se le percibía como un partidario más consecuente que Putin de acabar con los sobornos y las comisiones bajo cuerda, éste último ha conseguido darle la vuelta a las cosas y aparece hoy día como un enérgico luchador contra la corrupción, lacra que, pese a todo, no tiene visos de poder ser erradicada a corto plazo.

Putin promovió una ley que acaba de entrar en vigor prohibiendo a los altos funcionarios tener cuentas bancarias fuera de Rusia, destituyó el año pasado por corrupción al ministro de Defensa, Anatoli Serdiukov, y su brazo de persecución judicial, el Comité de Instrucción, ha iniciado una investigación por malversación de fondos contra el centro de altas tecnologías Skólkovo, el mal llamado Silicon Valley ruso.

Esta actuación del Comité de Instrucción fue duramente criticada por Surkov durante una conferencia que pronunció el 1 de mayo en la capital británica, en la London School of Economics, algo que no debió gustar nada a Putin. Dijo también en Londres que Rusia dejará de existir como país unido si no promueve la innovación. “Debemos hacer todo para romper nuestro actual paradigma de potencia militar y energética avanzando hacia la sociedad postindustrial”, advirtió.

El debate en torno al camino a seguir en adelante para hacer de Rusia un país pujante, sobre todo en un momento en el que padece una seria desaceleración económica y amenaza de recesión, enfrenta a Putin y Medvédev y a sus respectivos partidarios dentro del establishment. El politólogo ruso, Ígor Bunin, cree que los próximos ministros que podrían caer serán los más próximos a Medvédev. Por su parte, el periodista y editor, Andréi Malguin está seguro de que, lo sucedido con Surkov es una “insinuación” a Medvédev para que deje el cargo voluntariamente.