La milicia islamista Boko Haram rechaza la amnistía del Gobierno nigeriano
Comisaría de Policía atacada en 2012 en la ciudad nigeriana de Kano por Boko Haram - reuters

La milicia islamista Boko Haram rechaza la amnistía del Gobierno nigeriano

Pese a los más de 2.000 muertos ocasionados, el grupo armado asegura no haber hecho mal alguno para merecer el indulto

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La milicia islamista Boko Haram ha rechazado la idea de una amnistía contra sus miembros por parte del Gobierno de Nigeria, a quien acusan de cometer «atrocidades» contra la comunidad musulmana.

La pasada semana, el presidente del país, Goodluck Jonathan, apostaba por la creación de un equipo de expertos para valorar la viabilidad de un perdón público al grupo islamista. Sin embargo, y a pesar de los más de 2.000 muertos ocasionados por los rebeldes, la milicia prefiere optar por el victimismo.

«Sorprendentemente, el Gobierno nigeriano habla de otorgarnos una amnistía. ¿Qué mal hemos hecho? Por el contrario, somos nosotros los que deberíamos dar el perdón», aseguró en un comunicado Abubakar Shekau, el enigmático líder de la milicia.

En los últimos días, la posibilidad de conceder un indulto al grupo armado había suscitado cierta polémica entre los actores en conflicto. Éste es el caso de la sección juvenil de la Asociación Cristiana de Nigeria, quien el miércoles advertía al mandatario nigeriano de que cualquier acuerdo con el grupo islamista «encendería la rabia religiosa».

Solo en 2012, y teniendo en cuenta las cifras oficiales, al menos 750 personas fallecieron en ataques protagonizados por Boko Haram. Un evidente salto cuantitativo si ponemos estas cifras en relación a 2011, donde la cruzada por la extensión de la sharía (ley islámica) de la guerrilla dejó cerca de 550 víctimas.

En la región, a nadie pilla por sorpresa. Desde su fundación hace apenas una década, Boko Haram -«la educación occidental es pecado», en el dialecto hausa y también conocido como Al Sunna wal Jamma, o «seguidores de las enseñanzas de Mahoma» en árabe- se ha convertido en fiel reflejo del fallido experimento demográfico del país africano: más de 167 millones de personas repartidos casi a partes iguales entre cristianos, sur, y musulmanes, norte.

De estudiantes a terroristas

Así, en 2002, ante la crisis económica que asolaba el país, cerca de 200 estudiantes universitarios de clase alta decidieron establecerse, junto al líder religioso (ya fallecido) Mohammed Yusuf, en un campamento cercano a la frontera con Níger.

El nombre de esta comuna -Afganistán- es cierto que dejaba pocas dudas sobre las intenciones del grupo: establecer un Gobierno islamista en la región.

No obstante, la furia de Boko Haram continúa sin entender de credo. Pese a que el imaginario colectivo identifica a estos rebeldes como anticristianos, las muescas de su criminal biografía cuentan con más víctimas musulmanas que de ninguna otra religión. No en vano, a comienzos de 2012, el grupo amenazaba de muerte al Sultán de Sokoto, Alhaji Muhammad Sa’ad Abubakar, considerado el líder espiritual del islam en Nigeria. De igual modo, el premio Nobel de literatura Wole Soyinka (declarado humanista seglar) asegura haber recibido numerosas intimidaciones por parte del grupo.

Mientras, eso sí, continúan las divisiones entre los islamistas. El pasado verano, exmiembros de Boko Haram generaban un nuevo brazo armado bajo la denominación de «Ansaru». El motivo del sesgo entre ambas facciones se encuentra en las críticas del liderazgo del nuevo grupo al trato despectivo que su «progenitor» otorgaba a los musulmanes no radicales.