Los ejes del «thatcherismo», en diez flashes
Margaret Thatcher, la conocida como la Dama de Hierro por su mano firme y voluntad inquebrantable, ha muerto este 8 de abril en Londres - abc
MUERE LA EX PRIMERA MINISTRA BRITÁNICA

Los ejes del «thatcherismo», en diez flashes

Fue la primera en todo: la candidata más joven en Reino Unido por el bastión laborista de Dartford, la primera política que gobernaba el país y la que fue máxima dirigente por más tiempo, once años. La escuela de convicciones conservadoras y liberales con la que se alineó con Reagan fue su gran legado político

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Margaret Hilda Thatcher, que poseía el título nobiliario de baronesa Thatcher de Kesteven, ha muerto a los 87 años en Londres. De apellido de soltera Roberts, fue la única mujer que llegó hasta el puesto de primera ministra en Reino Unido, cargo que ostentó once años (entre 1979 y 1990), uno más que Tony Blair (1997-2007). Ha sido hasta el momento la dirigente política que más tiempo ha ocupado el 10 de Downing Street. La Dama de Hierro, nacionalista británica y ferviente defensora del mercado único europeo –a la vez que alérgica a la noción de una Europa federal– mantuvo siempre una rotunda oposición a la Unión Soviética. Las directrices conservadoras y anti-estatistas forjadas en los 80, en plena Guerra Fría, le emparejaron ideológicamente con Ronald Reagan, presidente de los Estados Unidos. El amalgama de resistencia determinada al «imperio del mal» soviético, la creencia ferviente en las posibilidades de las sociedades abiertas y la libertad, y la defensa a ultranza de la apertura de los mercados que ambos defendieron determinaron los parámetros ideológicos del modelo liberal imperante.

Una serie de muy reconocibles principios, recordados hoy por sus seguidores, pero también por sus adversarios políticos, conforman el llamado «thatcherismo».

1. Reformas para liberalizar el mercado laboral y el sector financiero: Química y abogada, la líder del partido conservador abogó por reformar las iniciativas económicas y políticas para revertir la línea que estaba implementando el Reino Unido bajo los anteriores gobiernos. A su juicio, era necesaria la desregularización del sector financiero, también la flexibilización del mercado laboral, la privatización de empresas públicas para confinar el papel del Estado en la economía y la reducción del poder de los sindicatos (con los que llegó a tratar un control de sus salarios, precios y dividendos). En todos estos ámbitos, los efectos de sus reformas fueron bautizados como «giros en U» (o de 180 grados), que hacen del suyo uno de los gobiernos más intervencionistas de la historia de las islas. 2. Nuevo orgullo en el ideario colectivo británico: Con la inflación y el desempleo por las nubes cuando arribó al poder, ella quiso remodelar cada arista de la política británica, apostando por revitalizar el pulso económico del país y reformar las instituciones obsoletas. Pero, sobre todo, dio un nuevo sentido al rol del Reino Unido en el mundo, reafirmando la vocación otrora «imperial» de Gran Bretaña y reconstruyendo el orgullo en el ideario colectivo sobre la Segunda Guerra Mundial. Siempre se le ha atribuido el «cambio de chip» en la psicología británica, que volteó ensalzando «la recuperación nacional» en el país. 3. Política exterior férrea y músculo militar: La Guerra de las Malvinas (Falkland en la jerga oficial británica) llegó en un momento clave de impopularidad de Thatcher, pero su determinación para la victoria en 1982 fue vista por la mayoría de los británicos como una posición clave en el devenir de la historia del país del siglo XX. Ello, en conjunción con la recuperación económica, le brindó la primera reelección en los comicios de 1983. Margaret Thatcher se enfrentó a la invasión por parte de la Junta Argentina de las islas bajo la soberanía de la «Union Jack» en abril de 1982 con una determinación inusitada. Primero trabajó con la Administración norteamericana en aras de amarrar una solución diplomática, mientras mandaba un grupo operativo militar británico para recuperar las islas. Al fallar la diplomacia, entonces optó por la acción militar, que surtió efecto aquel junio de 1982. En otros contextos, la misma política exterior rígida, vigorosa y sin miramientos que había puesto en marcha sobre Malvinas fue la que le proporcionó, con toda probabilidad, grandes reveses por parte de la opinión pública. Fue denostada por un sector de la izquierda por su completo alineamiento con las consignas de política exterior que marcaban los Estados Unidos. 4. No al Estado europeo, sí al mercado: Pese a que inicialmente fue antieuropeísta, acabó por estampar su rúbrica en el Acta Única Europea, que establecía formalmente el mercado único y una cooperación más estrecha en Europa. El «speech» más recordado de una primera ministra fue en Brujas en septiembre de 1988, cuando lanzó el proceso de reconversión de un partido conservador proeuropeo en una formación genéticamente euroescéptico, un hilo de pensamiento que todavía se mantiene en Reino Unido.

Fue la Guerra de las Malvinas la que amarró su reelección en 1983

5. Políticas liberales para el conjunto del Estado: Forjó un cambio socioeconómico radical en Reino Unido, aunque fue criticada por la venta de bienes del Estado y el debilitamiento de los sindicatos. La política de liberalización económica fue aplicada para desprenderse de esos activos estatales, que en conjunto representaban más del 20% de la economía cuando los conservadores llegaron al poder en 1979. Las privatizaciones británicas de los años ochenta fueron las primeras de su tipo, y resultaron ser un precedente de influencia internacional para todo el planeta.

6. Su impuesto más impopular, la tasa «por cabeza» o «Community Charge»: El «poll tax» fue la medida que más negativamente impactó en la sociedad británica durante sus mandatos. Se trataba de un impuesto a la comunidad introducido en 1987 dentro de la reforma fiscal con la que se pretendía introducir un nuevo tributo local. El objetivo era obligar a contribuir a todos los ciudadanos por igual, independientemente del nivel de ingresos y de la zona en que residieran. Los ciudadanos trataron de que el Gobierno de la inflexible mandataria diera marcha atrás al impuesto, pero ella no vaciló.

Siempre implacable y hostil con el IRA, no cedió a sus chantajes

7. Dinámica, clara y polémica siempre en su lenguaje y sus discursos: su claridad ideológicaiba acompañada de una notable capacidad dialéctica que conectó con la ciudadanía.Con solo 25 años se presentó valientemente como defensora de las políticas conservadoras en el bastión laborista de Dartford en los comicios de 1950. Fue derrotada entonces, y de nuevo un año más tarde, pero no se achantó. Pronto se significó por ser ya la candidata más joven del país y una mujer de voluntad inquebrantable. Fue diputada hasta 1992.

8. Hostilidad implacable contra el terrorismo: Cada primer ministro británico desde los 60 se había enfrentado al permanente conflicto con Irlanda del Norte. Esta fuente de enfrentamientos fue llevada al máximo de hostilidad por parte de Thatcher, quien, aseguran, se ganó un odio muy «singular» por parte de los terroristas del IRA, ya que no cedió ni a sus reclamaciones ni a sus chantajes en modo de huelgas de hambre. El IRA intentó asesinarle en 1984 con una potente bomba contra el hotel en el que se alojaban los participantes en la convención del Partido Conservador, incluida la primera ministra y su marido. Al mismo tiempo, cabe señalar, lanzó la negociación del acuerdo anglo-irlandés de 1985 con la República irlandesa, un puente perfecto a la cooperación en materia de refuerzo de la seguridad entre ambos países.

9. Educación, Sanidad... otras medidas: El tercer liderazgo de Thatcher -quien había sido ministra de Educación y Ciencia en 1970- introdujo por primera vez un currículum nacional en el sistema educativo; también disgregó a los compradores de los proveedores del Sistema Sanitario Nacional (1990), abriendo el sistema público de salud a la competencia por primera vez y posibilitando una gestión eficiente. La fuerte presencia todavía de la cuestión en el debate público británico actual indica la dificultad de «domesticar» el sistema sanitario público, después de sucesivos gobiernos de uno y otro signo.

10. Su retirada: en noviembre de 1990 renunció al cargo de primera ministra y líder del partido, después de que Michael Heseltine le retara como cabeza del partido. Fue, no obstante, John Major quien le relevó como primer dirigente del país.