Corea del Norte retoma la diplomacia atómica
Kim Jong-un ofrece el tradicional discurso de Año Nuevo, en Pyongyang el pasado 1 de enero - reuters/kcna

Corea del Norte retoma la diplomacia atómica

Tras las sanciones de la ONU por disparar un cohete en diciembre, el régimen estalinista dirigido por Kim Jong-un se prepara para llevar a cabo su tercer ensayo nuclear

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Tras los ensayos nucleares que efectuó en octubre de 2006 y mayo de 2009, Corea del Norte ya se está preparando para detonar su tercera bomba atómica. Según revelan las imágenes tomadas por satélite, el Ejército norcoreano lleva desde hace un mes despejando la nieve de las carreteras que llevan al silo de Punggye-ri, al este del país y cerca de la frontera con China. En ese mismo lugar, donde ya llevó a cabo las pruebas anteriores, el régimen estalinista de Pyongyang ha estado sellando un túnel excavado en una montaña para hacer estallar otro artefacto nuclear.

Al igual que en las dos ocasiones previas, este nuevo ensayo es una represalia por la condena de la ONU al lanzamiento del cohete disparado en diciembre, que puso en órbita un satélite espacial pero era la prueba encubierta de un misil de largo alcance. En ambos casos, Pyongyang también detonó una bomba atómica después de que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas impusiera sanciones contra sus lanzamientos de misiles. Ahora, Corea del Norte podría utilizar uranio enriquecido, en lugar del plutonio que usó entonces, porque es más fácil de miniaturizar y cargar en un artefacto explosivo.

Respuesta a Seúl

«Creo que la prueba tendrá lugar entre principios de la próxima semana y el viernes 22 de febrero, antes de que la presidenta electa de Corea del Sur, Park Geun-hye, tome posesión de su cargo el lunes 25», pronostica para ABC Daniel Pinkston, un experto de International Crisis Group. A su juicio, dicho ensayo está cargado de simbolismo porque será una respuesta a la puesta en órbita del primer satélite espacial surcoreano, que tuvo lugar el pasado miércoles, y coincidirá además con el aniversario del nacimiento del difunto caudillo de Corea del Norte, Kim Jong-il, que se celebra el 16 de febrero. Como dicha fecha es una de las efemérides más importantes en el calendario norcoreano, a su hijo y sucesor, el joven Kim Jong-un, no se le ha ocurrido mejor manera de honrar la memoria del «Querido Líder» que tirar tan particulares fuegos artificiales.

Envalentonado por el éxito de su última prueba de misiles, Pyongyang ha endurecido su habitual retórica belicista amenazando directamente a Estados Unidos. «No ocultamos que varios satélites y cohetes de largo alcance serán lanzados uno detrás de otro por la República Democrática Popular de Corea y que una prueba nuclear de nivel más alto será llevada a cabo de forma inminente. Una nueva fase de lucha contra EE.UU., que ha durado siglo tras siglo, se enfocará contra ese país, enemigo jurado del pueblo coreano», ha prometido la Comisión Nacional de Defensa, que preside el «Joven General» Kim Jong-un.

Además, Pyongyang ha advertido de que « las sanciones de la ONU significan una declaración de guerra» y que «si el grupo títere de traidores del Gobierno de Corea del Sur toma parte directa en ellas, tomaremos fuertes contramedidas físicas contra ellos». Todo indica una escalada de la tensión a los niveles de 2010, cuando el Ejército norcoreano mató a cuatro personas al bombardear la isla surcoreana de Yeongpyeong y, según una investigación internacional, a 46 marineros al hundir la corbeta «Cheonan». Un incidente éste último negado por Pyongyang.

Retórica antiamericana

Aunque algunos analistas habían vaticinado una cierta apertura de Corea del Norte con Kim Jong-un, Daniel Pinkston cree que «su política hacia el exterior seguirá siendo la misma». Además, para los próximos meses prevé «mucha retórica antiamericana porque el 27 de julio se cumple el 60 aniversario del armisticio en la Guerra de Corea y Estados Unidos será el foco adecuado al que desviar sus problemas económicos internos».

Mientras tanto, los expertos ya se preparan para detectar la nueva prueba atómica de Pyongyang y comprobar si, efectivamente, se trata de una explosión nuclear. Para ello, 150 estaciones sísmicas repartidas por todo el mundo medirán los temblores que produzca y la emisión de radiactividad a la atmósfera, como ya hicieron en las dos ocasiones anteriores. Sin embargo, coinciden en que podría ser difícil establecer si se trata de un estallido atómico, confirmado en 2006 pero no en 2009. A tenor de Daniel Pinkston, «Corea del Norte tiene aproximadamente 30 kilos de plutonio, suficientes para fabricar seis bombas nucleares, y un programa de uranio enriquecido cuya capacidad puede quedar demostrada con esta prueba».

Enrocándose en su programa nuclear y en la política «songun» de primacía militar, Kim Jong-un sigue los pasos de su padre y su abuelo, el fundador de la patria Kim Il-sung, para perpetuarse en el poder mientras los 23 millones de norcoreanos apenas tienen para comer y malviven con cartillas de racionamiento. De esta forma, pretende disuadir a EE.UU. de un cambio de régimen, ya que la Casa Blanca es el principal aliado de Corea del Sur y aún mantiene unos 28.000 «marines» en el Paralelo 38, la última frontera que queda de la «Guerra Fría».

Haciendo valer su fuerza militar, el régimen de Pyongyang pretende desbloquear las conversaciones a seis bandas de Pekín sobre su desarme a cambio de petróleo y ayuda humanitaria, rotas desde 2009 por los problemas para verificar su programa nuclear. Una vez más, Corea del Norte recurre a la diplomacia atómica para mantener en el poder a los Kim, la primera dinastía comunista del mundo. Pero sus bravuconadas amenazan con agotar la paciencia del único aliado que le queda, China, que ya ha anunciado que reducirá su ayuda comercial al depauperado régimen de Pyongyang si se empeña en detonar su tercera bomba nuclear.