Un país roto en un solo año por el islamismo radical
Los rebeldes se reforzaron con la llegada de cientos de mercenarios de Gadafi
L. DE VEGA
La pobreza, los índices de corrupción y la amenaza terrorista no impedían considerar a Malí como una democracia hasta hace un año. Un país relativamente estable en medio de una región, el Sahel , trágicamente convulsa. A mediados de enero de 2012 los independentistas ... tuaregs lanzaron una ofensiva contra las tropas de Bamako en su feudo del norte , aprovechando la llegada de varios cientos de mercenarios que sirvieron en Libia al difunto Muamar Gadafi y que impulsaron la creación de un nuevo grupo rebelde, el Movimiento Nacional para la Liberación de Azawad (MNLA).
Y lo hizo con armamento suficiente para liquidar sin excesivos problemas al maltrecho Ejército malí, que había comprobado cómo tenían que hacer frente no solo a los independentistas, sino también a los islamistas radicales que se habían apuntado a la revuelta .
Las batallas se sucedían a más de mil kilómetros de Bamako, pero el nerviosismo crecía por semanas en la capital. Sobre ese descontento se alzó el golpe de Estado que un grupo de militares dio el 22 de marzo y que acabó con el exilio en Senegal del presidente Amadou Toumani Touré , hombre bien considerado en la escena internacional que iba a optar a la reelección.
Hacía más de una década que los tuaregs no se alzaban en masa, su revuelta apenas había ido más allá de escaramuzas en el territorio que reclaman como propio, donde son mayoría y donde se habla su lengua, el tamachek . Pero aquella revuelta acabó siendo eclipsada por los yihadistas, que según fuentes diplomáticas occidentales acabaron también beneficiándose de descontrol armamentístico generado en la guerra libia.
Todo ello en un territorio donde el estado brillaba por su casi total ausencia, lo que facilitó que desde hace una década se convirtiera en un santuario para los terroristas, que extendieron sus tentáculos desde Argelia bajo la franquicia de Al Qaida del Magreb Islámico (AQMI). Y con ellos, traficantes de todo tipo de armas, de drogas, de tabaco y de emigrantes sin papeles...
Binomio mortal
El binomio terrorismo-delincuencia convive además con la hambruna y la pobreza en la región norte de Malí, de unos 800.000 kilómetros cuadrados habitada por poco más de 200.000 personas, el 1,5% de los aproximadamente quince millones de malíes. El país se encuentra a la cola del índice de desarrollo mundial de la ONU, en el puesto 175 de 177 . La esperanza de vida es de 51 años.
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