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HISTORIA

Rico patrimonio artístico como testigo de su pasado

Arganda mira al futuro con ilusión, pero sin perder de vista su rico pasado, que se aprecia paseando por sus calles y admirando sus monumentos (iglesia de San Juan Bautista, Casa del Rey...) o sus museos, dedicados al vino y al tren

Las calles de Arganda hablan de su pasado, y aún más los monumentos que la pueblan, aunque no sean fiel reflejo de toda la historia que acumula esta población madrileña. Para conocer los primeros orígenes datados de la actual Arganda hay que desplazarse a la capital, al Museo Arqueológico: allí se exhiben los restos prehistóricos de dos primitivos elefantes y de pequeños vertebrados. Fueron los primeros «argandeños» de los que se tiene noticia.
Su ubicación, en un cruce de caminos, a la vera del río Jarama, hizo que fuera poblada por los conquistadores romanos, probablemente en sus inicios como mera sucursal agrícola de la actual Alcalá de Henares. De ahí pudo venir su denominación, probable derivación de «area-canda», algo así como superficie sembrada.

En torno al siglo III después de Cristo, según los estudiosos, la actual Arganda ya se convirtió en una villa residencial, aunque no sería hasta la llegada de los árabes cuando se consolide el primer núcleo propiamente urbano. La reconquista cristiana y su posterior repoblación consolidaron el nacimiento de esta población, que creció a medida que sus pobladores huían de otras ciudades y pueblos sacudidos por epidemias. La llegada de la Edad Moderna supone la consolación de Arganda.

El pueblo pertenecía al Arzobispado de Toledo y se le otorga cierta entidad levantando su primera iglesia, entre otras construcciones. Antes, las ermitas de Valtierra y Vilches constituían unas de las primeras construcciones religiosas.

Villa Realengo

Ya a finales del siglo XVI, Felipe II le otorga la condición de Villa Realengo y, en 1613, la reciente villa es comprada por el duque de Lerma, una transacción llevada a cabo en la Casa del Rey, actual centro cultural. Los vecinos no aceptaron de buen grado a su nuevo señor, lo que les llevaría a amotinarse.

La llegada de la Compañía de Jesús, en el XVII, trajo los primeros viñedos y las primeras bodegas de unos vinos hoy muy populares y reconocidos. En ese mismo siglo, se levanta de nuevo la ermita de Vilches, barroca como la ermita de Nuestra Señora de la Soledad, donde se conserva la imagen de la patrona local.

También, entre el XVII y el XVIII, se construye la popular iglesia de San Juan Bautista, rehabilitada hace unos años: una lápida recuerda que allí están enterrados los abuelos de Cervantes. La pequeña ermita de San Roque, actualmente en proceso de rehabilitación por el Ayuntamiento, también se levantó a principios del XVIII.

Entre los edificios civiles más destacados, la ya citada Casa del Rey, la Casa del Obispo Sancho Granado (siglo XVIII), el actual Centro Cultural (uno de los edificios de la antigua villa de recreo de un embajador alemán, construida entre el XVI y el XVII), y la Casa Vilches (siglo XVI).

Museos del Tren y del Vino

Tampoco puede faltar una visita al Museo del Vino (donde se valora en toda su plenitud la dedicación argandeña por los viñedos y su fruto) o al Museo del Tren (uno de los símbolos de la localidad, ya que el ferrocarril fue inaugurado en 1886 y supuso un gran auge para el transporte de mercancías).

Pasan las décadas, y el siglo XIX trajo gran prosperidad a Arganda, que mejoró sus infraestructuras. Ya en el siglo XX se instaló la primera gran industria, Azucarera La Poveda, que impulsó una localidad que apostó fuerte por el cultivo de la remolacha.

El agitado siglo XX también sacudió a una localidad tan cercana a la capital como Arganda del Rey: surgieron los movimientos sindicales en esta misma fábrica de azúcar, llegó el desempleo y el consiguiente malestar, la explotación colectiva... cuando estalló la Guerra Civil, Arganda la sufrió a conciencia: el cercano frente del Jarama tuvo la culpa.

Después, Arganda se fue levantando, como todo el país, pese a las estrecheces de la posguerra y la dictadura. En los 60 arrancaría un impulso económico e industrial que hoy goza de mejor salud que nunca, alimentando por el constante aumento de la población.

Arganda del Rey mira al futuro con ilusión, pero sin perder de vista su pasado, que bien merece una atenta visita.