Los encarnizados enfrentamientos del Ebro
LA 46 División republicana de «El Campesino», en la ofensiva de Ebro - abc

Los encarnizados enfrentamientos del Ebro

Tal día como hoy de 1938 ABC anuniaba el final de la batalla del Ebro, el episodio más sangriento y largo de la Guerra Civil

MADRID Actualizado:

Las cifras no están muy claras. Algunos historiadores hablan de entre 20.000 y 40.000 muertos. Otros han elevado la cifra hasta, incluso, los 80.000. Varios estudios rondan los 12.000 o 15.000 fallecidos por bando. Y otros afinan hasta los 10.000 republicanos caídos por los 6.500 franquistas. Pero en lo que todo el mundo coincide es en que la batalla del Ebro, que cerró su triste episodio tal día como hoy de 1938, fue la más sangrienta y larga de toda la Guerra Civil.

Casi cuatro meses de brutales y encarnizados enfrentamientos que produjeron, además, más de 65.000 heridos, unos 25.000 prisioneros y miles de desaparecidos. Uno de los últimos episodios de la Guerra que hirió de muerte a los republicanos y decantó el final del conflicto hacia la victoria franquista.

Aún pueden verse los restos de los soldados en el mismo lugar donde cayeron fulminados

Han pasado ya más de 70 años desde que los «rojos» y los «facciosos» se masacraran en pueblos como Pinell, Miravevet, Ribarroja, Flix, Ascó o Fatarella, escenarios todos de aquella cruenta batalla del Ebro, y aún pueden verse sobre el terreno los restos humanos de los soldados caídos, con una frecuencia tal, que casi se ha convertido en rutina. Es tan común hallar huesos en aquellos parajes, que desde que se aprobara la Ley de Fosas catalana en junio de 2009, la Generalitat ha recibido de los vecinos de estos pueblos unos 600 restos óseos de un mínimo de 63 soldados. Los últimos, en mayo de este año, en la localidad de Fatarella, «una de las últimas atalayas de los rojos», como podía leerse en la edición sevillana del ABC el 16 de noviembre del 38.

Tan encarnizada fue aquella batalla que los muertos no se apilaron en fosas, ni fueron enterrados ni trasladados a los cementerios locales, sino que fueron abandonados sobre el terreno, olvidados entre las arengas de vencedores y vencidos… y aún hoy sus restos continúan visibles en el mismo lugar donde cayeron fulminados.

Los partes de guerra

Los partes oficiales de guerra de ambos bandos, publicados el 17 de noviembre de 1938 en las dos ediciones de un ABC también dividido por la guerra, se atribuían la victoria en la decisiva batalla que acababa de terminar. Los últimos soldados republicanos acababan de cruzar hacia el margen izquierdo del río Ebro, dando por terminado este penúltimo episodio, pero aún quedaban varios meses de guerra y la batería propagandística no iba a dejar de «disparar».

«Obedeciendo al plan premeditado del Alto Mando republicano, ampliamente logrados los resultados pretendidos con la táctica de desgaste aplicada desde el 25 de julio, las tropas españolas, mediante voluntaria y metódica maniobra de retirada, han repasado el Ebro durante la noche última, reintegrándose a sus antiguas posiciones de la parte izquierda del río», declaraba el parte republicano, quien, en un intento de no desmoralizar a sus soldados tras la derrota sufrida, añadía: «En la historia de nuestra guerra la batalla del Ebro perdurará como uno de los episodios más gloriosos y más eficaces en el orden militar».

«75.000 bajas, de las cuales, nuestros soldados han dado sepultura a 13.275 cadáveres»

Pero lo cierto es que la retirada de las soldados del coronel Juan Modesto y el general Vicente Rojo dejaba en una situación muy favorable al Ejército rebelde de Franco, que hablaba, por su parte, de «enorme descalabro republicano», de «brillantes operaciones del Ejército nacional» y de «una victoria moral que ha de repercutir en toda la zona roja». «La operación que los rojos presentaron al mundo, mediante su propaganda, como gran éxito militar, ha constituido para ellos una de sus mayores derrotas», aseguraba su parte de guerra, que daba de sin más demora su propia visión del balance de aquel episodio: más de 75.000 bajas –«de las cuales, nuestros soldados han dado sepultura a 13.275 cadáveres», decía–, 19.779 prisioneros, 242 aviones derribados («94 probables») y la incautación de, entre otro material bélico, 18 tanques rusos, 24.114 fusiles de repetición, 213 fusiles ametralladoras, 7.635 cuchillos-bayonetas o, incluso, 30.102.578 cartuchos de fusil, aseguraban.

Unas cifras sospechosamente precisas y precipitadas al tratarse de una batalla que produjo una cifra muy elevada de desaparecidos y una gran confusión en el número de prisioneros, hasta el punto de que, aún hoy, los historiadores y expertos no han llegado a ninguna acuerdo.

Operación fallida

Lo que sí está más que constatado es que la operación diseñada por el general Rojo e iniciada el 25 de julio de aquel año por los republicanos fue finalmente un fracaso. El objetivo: lanzar una gran ofensiva que produjera un duro golpe a la moral de las tropas nacionales aprovechando el factor sorpresa, entretener las guarniciones de Franco para reorganizar su Ejército y decantar la tendencia internacional con respecto a la guerra. Pero los ataques frontales y la táctica de desgaste llevada a cabo por Franco, que se benefició de su superioridad tecnológica, terminaron por diezmar y desmoralizar a las tropas republicanas.

«¿Y ahora, que resta? ¿Qué han de hacer los vencidos?», preguntaba el ABC de Sevilla

«Se había fantaseado tanto, se había hecho tan intensa la propaganda a base de fotografías y relatos truculentos, que algunos comenzamos a concebir esperanzas», decía, según el periodista del ABC de Sevilla, Manuel Sanchez del Arco, un prisionero republicano, el día antes del fin de esta batalla. «La lección del Ebro es enteramente optimista para las armas republicanas. La retaguardia facciosa ha acusado el daño infligido de esta formidable batalla», insistía el ABC de Madrid.

Así finalizaba, el 16 de noviembre de 1938, la batalla del Ebro, uno de los acontecimientos fundamentales, coinciden muchos analistas, para entender la historia contemporánea de Cataluña y España. Pero la guerra no había acabado: « ¿Y ahora? ¿Y ahora, qué resta? ¿Qué han de hacer los vencidos?», se preguntaba en el ABC sevillano Sánchez de Arco. «Nuestro Ejército conserva posiciones de alto valor, desde las que continuará vigilando los planes del enemigo», aseguraba el ABC de Madrid.