Dos carristas británicos escriben cartas apoyados en un carro de combate Valentine

Las sucias claves secretas de los soldados en la IIGM para ocultar su deseo sexual

El férreo control sobre el correo hizo que los militares se las ingeniaren para recordar a sus parejas sus deseos más «picantes» sin pasar la vergüenza de que los censores les descubrieran

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El ataque a Pearl Harbour marcó un antes y un después para los Estados Unidos. A partir de aquella infame jornada de diciembre de 1941, la sociedad americana fue sacudida de tal manera que, en apenas unas horas, el presidente Franklin D. Roosevelt confirmó la entrada de su país en la Segunda Guerra Mundial. Durante los siguientes cuatro años más de 16 millones de soldados de las barras y las estrellas participaron en el conflicto para destruir las delirantes ideas imperialistas de Adolf Hitler (unos 11 millones de ellos, en Europa). Y, para desgracia de los servicios secretos, la mayoría disponía de información de interés para el enemigo y escribía muy a menudo a sus seres queridos.

Esta peligrosa combinación de factores hizo que el gobierno americano se decidiera a instaurar una vigilancia férrea sobre las miles y miles de misivas que los soldados enviaban desde el frente. Así pues, cada una de las 50.000 toneladas de cartas y de los 1.250 millones de mensajes microfilmados que partieron hacia los Estados Unidos fueron abiertos, leídos y «corregidos» por los cientos de censores contratados durante la Segunda Guerra Mundial. La mayoría de ellos querían evitar que se dieran a conocer datos sobre operaciones militares clave en el desarrollo de la contienda. No buscaban, ni mucho menos, eliminar información personal.

Sin embargo, saber que sus cartas serían leídas por los censores hizo que muchos soldados evitaran escribir algún que otro mensaje subido de tono a las chicas que les esperaban al otro lado del Atlántico. Y otro tanto pasó con los británicos que habían cruzado el Canal de la Mancha. Por ello, además de por ahorrar un tiempo precioso a la hora de terminar su mensaje en mitad del frente, no era extraño que en el reverso de los sobres escribieran palabras que se repetían una y otra vez como EGYPT, BURMA o SWALK. ¿Qué diantres era aquello? Pues, ni más ni menos que unos acrónimos secretos para comunicar desde el amor que sentían por sus parejas, hasta sus deseos sexuales más sucios.

Censura americana

Los primeros pasos de la censura en Norteamérica durante la Segunda Guerra Mundial son narrados de forma pormenorizada por el historiador Jesús García Sánchez en su tesis « La censura postal en la Europa del siglo XX». En la misma, afirma que los civiles aceptaron de buena gana las restricciones después de que los japoneses atacaran la base de Pearl Harbour el 7 de diciembre de 1941. De hecho, el presidente Franklin D. Roosevelt no solo no quiso esconder que el correo internacional iba a ser revisado, sino que lo admitió en una orden ejecutiva fechada el 19 de ese mismo mes: «Todos los americanos aborrecen la censura. Pero la experiencia de esta y de otras naciones ha demostrado que cierto grado de censura es esencial en tiempo de guerra, y nosotros estamos en guerra».

A su vez, Roosevelt explicó en el mismo documento que la vigilancia se llevaría a cabo sobre cualquier carta internacional. «El Director de la censura deberá hacer que se censuren, a su absoluta discreción, las comunicaciones por correo, cable, radio u otros medios de transmisión que pasen entre los Estados Unidos y cualquier país extranjero o que pueda ser transportado por un buque u otros medios de transporte que toquen cualquier puerto, lugar o territorio de los Estados Unidos y que naveguen desde o hacia cualquier país extranjero». A partir de entonces se estableció que, a lo largo de toda la contienda, se abrirían nada menos que 16 oficinas dedicadas a revisar la correspondencia por todo el país.

Censura en la Segunda Guerra Mundial
Censura en la Segunda Guerra Mundial

La más destacada de todas ellas fue la de Nueva York que, en su momento más álgidos, llegó a contar con más de 4.500 trabajadores entre «examiners» (examinadores de correo en inglés), traductores, mecanógrafos y diferentes empleados asociados. Todos ellos se encargaban de leer las misivas y retenerlas si consideraban que podían contener algún mensaje en clave para el enemigo escondido bajo una afirmación aparentemente normal. En los casos más sencillos modificaban algunas palabras para romper el supuesto código y dejaban que el escrito continuase su camino.

Así, en una ocasión un censor se limitó a cambiar la frase «Nuestro padre ha muerto» por «Nuestro padre falleció» porque entendió que podía ser una contraseña dirigida a un espía. Tuvo suerte ya que, en los días siguientes, la persona que recibió este mensaje envió un telegrama en el que dejaba claro que era un agente doble: «¿Nuestro padre ha muerto o falleció?».

La oficina de censura de Nueva York llegó a tener 4.500 trabajadores

«Cualquier palabra podía tener un significado oculto. Se descifraron miles de claves, desde las más burdas a las más sofisticadas, y de entre ellas unas 4.600 merecieron el un estudio pormenorizado del FBI y otros servicios de espionaje» explica el historiador y periodista Jesús Hernández (autor del blog « ¡Es la guerra!») en « 100 historias secretas de la Segunda Guerra Mundial».

Con todo, el historiador también señala que la vigilancia postal no era la única que protagonizaban los censores. Ni mucho menos. Por el contrario, también se dedicaban a interceptar las llamadas internacionales y a escucharlas mientras apuntaban cualquier información que consideraran peligrosa. Si entendían que la conversación ponía en peligro la seguridad nacional cortaban la comunicación con un interruptor. «En la mayoría de ocasiones no se desprendía que hubiera intención de poner en peligro la seguridad nacional conscientemente. Algunos, incluso, daban las gracias a los censores cuando interrumpían sus llamadas telefónicas para advertirles que fueran más cuidadosos», desvela el experto.

Cerco a los soldados

Si la vigilancia del correo internacional fue estricta, las cartas que enviaban los soldados desde el frente fueron revisadas con más cuidado si cabe. En palabras de García, esta se dividía en varios niveles. «En las normativas se estableció que todas las comunicaciones de los soldados serían censuradas», señala. El primer filtro era un militar que, tras ser designado por sus superiores, debía leer las misivas de un centenar de hombres y «colocar en la esquina inferior izquierda del sobre su firma para oficializar la censura». Los paquetes tampoco evitaban a este oficial, pues debían ser cerrados frente a él después de que hubiera revisado el contenido.

El siguiente nivel era el del regimiento o el cuartel de la zona, donde se comprobaba que todas las cartas contaban con el sello que acreditaba que habían sido revisadas y se les ponía un tampón como confirmación. El último filtro era el del censor de la división. «Allí se revisaban las cartas de los oficiales y se volvía a controlar al azar alguna carta, para revisar el cumplimiento estricto por los censores de las normas aplicadas. Además se censuran los sobres azules […], correspondencia íntima que el remitente no desea que sea revisada por una persona conocida», completa el experto en su tesis. Si el mensaje superaba todos estos escollos, podía ser dirigido hacia su destinatario con total seguridad.

Pero... ¿Qué era lo que se censuraba? ¿Qué frases podían despertar las sospechas de los oficiales encargados de revisar los mensajes? Los manuales fijaban varias áreas que no podían ser nombradas en los escritos, Y estas iban desde las regiones en las que estaban localizados los campamentos, hasta cualquier referencia a que los soldados estaban abatidos. Todo ello pasando, en palabras del historiador, por otros tantos como «armamento, planes, identificación, víctimas, críticas al mando o informes no verificados de atrocidades».

V-mail

Por si toda esta revisión no fuese suficiente, a lo largo de la Segunda Guerra Mundial el servicio postal de los Estados Unidos tuvo la curiosa idea de apostar por un nuevo tipo de correo: el «Victory Mail» («V-mail»). En vista de la ingente cantidad de espacio que ocupaban las cartas físicas en los aviones, se decidió que las misivas serían leídas y microfilmadas. De esta forma, y según señala el museo y centro de investigación Smithsonian en su dossier « V-mail», la bodega de los aparatos podría ser utilizada para transportar material militar. «Así, las 37 sacas requeridas para llevar 150.000 caras podían ser reemplazadas por solo una», desvela la institución.

El sistema no podía ser más sencillo. «Cada soldado rellenaba una hoja especial creada para el “V-mail” que contaba con un espacio limitado y era a la vez papel de carta y sobre. Luego doblaba el formulario, estampaba el franqueo y, si era necesario, enviaba la carta por correo. Estas eran microfilmadas y su tamaño se reducía hasta el de una uña», completa el Smithsonian.

A pesar de que la censura era la misma que con el correo en papel, es probable que el proceso de microfilmación y posterior impresión de las misivas en Estados Unidos para ser entregadas a los destinatarios causara todavía más recelos entre los soldados.

Amor y sexo

Toda esta censura, tal y como explica en su página web la BBC, hizo que proliferara un curioso lenguaje secreto basado en acrónimos. Unas palabras en apariencia inofensivas que guardaban tras de sí mensajes ocultos de carácter sexual o amoroso. A su vez, la cadena británica señala que estas palabras se generalizaron debido a que, tras el paso de los soldados norteamericanos por Inglaterra antes del Desembarco de Normandía, muchas jóvenes locales habían quedado prendadas de los «yanquis» y recibían, de forma habitual, cartas subidas de tono de sus nuevas parejas.

«Algunos maridos no se sentían seguros tras esos cortejos relámpago. Hasta las revistas para mujeres aconsejaban a sus lectoras contribuir con el esfuerzo bélico manteniéndose fieles a sus esposos que estaban en el frente. A los censores no les gustaban los mensajes atrevidos de los soldados ansiosos por tener relaciones sexuales», afirma la BBC. Al final, ya fuera por una causa o por otra, los militares apostaron por esconder sus deseos más íntimos tras estos acrónimos ubicados en el reverso de los sobres.

V-mail
V-mail

Tal y como afirma el historiador Jim Pipe en su libro « World War Two, A Very Peculiar History» (2012), entre los acrónimos más destacados estaba S.W.A.L.K., cuyo significado era «Sealed With A Loving Kiss» («Sellado con un beso amoroso»). Tan empalagoso como este era H.O.L.L.A.N.D., que podía traducirse como «Hope Our Love Lives And Never Dies» («Espero que nuestro amor viva y nunca muera») o «Hope Our Love Lasts And Never Dies» («Espero que nuestro amor dure y nunca muera»). Algo más desconcertante era el conocido I.T.A.L.Y., que debía ser entendido por el destinatario como «I Trust And Love You» («Confío en ti y te amo») o «I’m Thinking About Loving You» («Estoy pensando en quererte»).

Otro mensaje con un tono igual de romántico era el que se escondía tras las letras F.R.A.N.C.E. Y es que, esta palabra equivalía a «Friendship Remains And Never Can End» («Nuestra amistad nunca terminará»). El propio Pipe confirma que todos estos términos «se usaban para enviar mensajes entre los militares y sus novios en casa» y añade que «por lo general, estaban escritos en el reverso del sobre».

El beso que finalizó la IIGM
El beso que finalizó la IIGM

Tan habituales como estos acrónimos de amor eran los que escondían un significado sexual. Así lo afirman tanto Simon Garfield en su libro « To the Letter: A Journey Through a Vanishing World» como J. Green en « The Big Book of Talking Dirty: 5000 Slang Phrases for Every Occasion». Ambos coinciden en que en los sobres podían leerse algunas palabras como N.O.R.W.I.C.H., un término que podría ser traducido como «Nickers Off Ready When I Come Home» («Preparate y bájate las bragas cuando llegue a casa»). Tan poco sutil como este era el no menos llamativo B.U.R.M.A. Un término que, atendiendo al experto, podía significar «Be Undressed Ready My Angel» («Quitate la ropa y estate preparada ángel») o «Be upstairs ready my angel» («Esperame escaleras arriba ángel»).

Ambos autores hacen referencia también a otros acrónimos como M.A.L.A.Y.A.My Ardent Lips Away Your Arrival», cuya traducción libre sería «Mis labios ardientes esperan tu llegada»); C.H.I.N.A.Come Home I'm Naked Already» -«Ven a casa, ya estoy desnudo») o V.E.N.I.C.E. Very Excited Now I Caress Everywhere» -«Muy excitado, ahora me acaricio en todas partes»). El más subido de tono sería, siempre según estos dos escritores, E.G.Y.P.T., que se traducía como «Eager to Grab Your Pretty Tits» («Ansioso por agarrar tus preciosas tetas»). Con todo, estas últimas palabras son las más difícil de corroborar.

Supuestos mensajes y traducciones

S.W.A.L.K. «Sealed With A Loving Kiss» («Sellado con un beso amoroso»).

H.O.L.L.A.N.D. «Hope Our Love Lives And Never Dies» («Espero que nuestro amor viva y nunca muera»).

H.O.L.L.A.N.D. (2) «Hope Our Love Lasts And Never Dies» («Espero que nuestro amor dure y nunca muera»).

I.T.A.L.Y. «I Trust And Love You» («Confío en ti y te amo»).

I.T.A.L.Y. (2) «I’m Thinking About Loving You» («Estoy pensando en quererte»).

F.R.A.N.C.E. «Friendship Remains And Never Can End» («Nuestra amistad nunca terminará»).

N.O.R.W.I.C.H. «Nickers Off Ready When I Come Home» («Preparate y bájate las bragas cuando llegue a casa»).

B.U.R.M.A. «Be Undressed Ready My Angel» («Quitate la ropa y estate preparada ángel»).

B.U.R.M.A. (2) «Be upstairs ready my angel» («Esperame escaleras arriba ángel»).

M.A.L.A.Y.A. «My Ardent Lips Away Your Arrival» («Mis labios ardientes esperan tu llegada»).

C.H.I.N.A. «Come Home I'm Naked Already» («Ven a casa, ya estoy desnudo»).

V.E.N.I.C.E. «Very Excited Now I Caress Everywhere» («Muy excitado, ahora me acaricio en todas partes»).

E.G.Y.P.T. «Eager to Grab Your Pretty Tits» («Ansioso por agarrar tus preciosas tetas»).

B.O.L.T.O.P. «Better On Lips Than On Paper» («Mejor en los labios que en el papel»).