Fotografía de John Mill
Fotografía de John Mill - CC

Stuart Mill, el feminista que retó a la moral victoriana

Este célebre economista, filósofo y político fue uno de los pioneros que defendió el sufragio universal y abogó por la inclusión de las mujeres en todos los ámbitos civiles

MadridActualizado:

Es imposible hablar de la reivindicación de la mujer como un fenómeno exclusivo y aislado al hombre. Es cierto que fueron una minoría. Sin embargo, la participación de caballeros como John Stuart Mill ayudaron a la consolidación del movimiento feminista.

El pensamiento progresista de Mill retó a la «moral» de la época victoriana. Durante este periodo las señoras ejercían papeles subordinados al hombre. Estaban condenadas a vivir destinos vacíos como elementos decorativos. No obstante, este ilustrado luchó por la inclusión femenina para que participasen en todas las cuestiones civiles, sustentando que la verdadera evolución estaba en el sufragio universal.

Mill se convirtió en el bastón donde se apoyaría el movimiento durante sus primeros pasos, y en el aliento cuando las mujeres se creían derrotadas por el sistema patriarcal. Pudo empatizar con cada una de ellas a través de sus publicaciones -«Sobre la libertad» y «El sometimiento de la mujer»- y desde el Parlamento británico, allanándoles el camino en esa dolorosa peregrinación hacia la igualdad.

La lucha social de Stuart encontró refuerzos en el fervor de grandes revolucionarias como su esposa Harriet Taylor y Helen, la hija de ambos.

El matrimonio trabajaría conjuntamente para que las ideas sobre la autonomía llegasen hasta las zonas más recónditas. Pues Mill no solo abogaría por la emancipación de la mujer, también pelearía por la abolición de la esclavitud en las colonias y los derechos del trabajador. Su filosofía peleaba por la libertad, como un bien inalienable al ser humano.

Su voz guió a la resurreción de hombres y mujeres en la lucha por su autonomía. Mujeres, esclavos, trabajadores y todos aquellos que naufragaban en vida por la injusticia heredada por una sociedad de clases tan marcada.

Stuart Mill

La mente y el corazón inquietos de este caballero le hicieron destacar por sus importantes contribuciones a las teorías de la economía, a la filosofía con su reelaboración del dogma «utilitarismo», a las bases de la política liberal y por supuesto al movimiento femenino.

John Stuart era hijo de James Mill. Su padre destacó por ser un sobresaliente historiador, filósofo y economista británico, cuyo trabajó dejó una gran llama en la siguiente generación de políticas liberales, entre ellos su hijo.

Stuart tuvo una niñez complicada. Entre los claroscuros de ser hijo de un genio implicó sentir desde niño esa presión de acaparar todo el conocimiento posible.

Sin embargo su padre lo empaparía en el «utilitarismo», una doctrina filosófica que tiene su raíz en el pensamiento aristotélico.

«Todos los hombres escogen deliberadamente lo agradable y evitan lo molesto» aseguraba Aristóteles.

No obstante, este dogma fue rescatado y reelaborado por las siguientes generaciones de pensadores, entre los cuales Mill aportó una lógica moderna.

«El credo que acepta como fundamento de la moral la utilidad, o principio de la mayor felicidad, mantiene que las acciones son correctas en la medida en que tienden a promover la felicidad» escribió Stuart Mill en su obra «El utilitarismo».

Esta concepción es asociada por el autor inglés al placer y la ausencia de dolor y a la infelicidad con el dolor y la ausencia de placer. Sin embargo a diferencia de sus anteriores, Mill haría hincapié en la calidad de estos placeres, los cuales no están ligados a la cobertura de los deseos fisiológicos como satisfacción de una necesidad biológica. Mill habla de otra cateogría de los mismos, de esos que elevan el espíritu e intelecto. De ahí su famosa frase «es mejor un hombre insatisfecho que un cerdo satisfecho».

Sin embargo, Mill hizo a un lado paulatinamente al utilitarismo, tras caer en una profunda depresión con 20 años. La soledad y el vacío le hicieron replantearse todo aquello con lo que había comulgado junto con su padre. A partir de este momento se entregaría al motivo real de su vida, la revindicación femenina.

Harriet Taylor, su inspiración

«Detrás de un gran hombre ha y una gran mujer y detrás de ésta su esposa» confesó Groucho Marx en una ocasión.

Stuart y Harriet se conocían desde hacía 21 años antes de casarse. Aunque desde el primer momento empatizaron el uno con el otro, el intercambio de sentimientos era imposible dado la moral de la época.

La situación conyugal de Harriet les impidió dejarse llevar por el frenesí del enamoramiento. Por este motivo, ella fue gestando en sus entrañas la causa feminista, la cual compartía con Mill.

John Mill y Harriet Taylor
John Mill y Harriet Taylor- CC

La filósofa, como muchas otras más, fue víctima de un matrimonio estratégico. Por este motivo, la situación que vivió junto al señor Taylor provocó un mayor anhelo de revindicación y autonomía, la cual alcanzaría al enviudar. No obstante, como el afecto entre los dos activistas había crecido aún depués de 21 años, Harriet y Stuart se consagraron en matrimonio.

Esta unión se convirtió en un ejemplo de pareja moderna que rompía con el esquema patriarcal. Ambos miraban hacia el mismo horizonte buscando el desarrollo personal, mientras cooperaban el uno con el otro. Mill, congruente con su predicación, al casarse firmó un documento en el que renunciaba a los derechos sobre Harriet. Se amaban y eran libres.

Mill presentó gran parte de las publicaciones de Harriet bajo su nombre, como así se hizo con el ensayo «The enfrachisemente of women» 1851. La autora consideró crucial que su marido firmase en su lugar, de esta manera la denuncia haría más eco, al tratarse de un caballero reconocido y apreciado por la clase popular. Enamorado de su mujer y de la causa Mill se convirtió en el gran cómplice del movimiento feminista que ayudaría a erradicar la ceguera social.

Cuando Stuart enviudó, recogería gran parte de la visión del feminismo de Harriet Taylor en su obra «El sometimiento de la mujer» 1869 (once años después de su muerte).

A través del trabajo de Harriet, se buscaba promover laigualdad de sexos. Que las de su género tuvieran las mismas oportunidades laborales que los hombres. También se apoyaría en la escritura para denunciar la distinción que se hacía en los tribunales. Los señores debían responder ante la justicia por la violencia doméstica ejercida contra las mujeres.

Un hombre profundamente social

Mill protestó en su ensayo «Sobre la libertad», 1859, contra el hombre de su tiempo. La obra se refugia una doctrina llamada «utilitarismo», que el reelaboró reclamando ese derecho por excelencia: la libertad. Este señor señaló el egoísmo de la sociedad patriarcal, así como las acciones inhumanas que se realizaban en las colonias.

«El único propósito con el que puede ejercerse legítimamente el poder sobre un miembro de una comunidad civilizada, contra su voluntad, es impedir el daño a otros. Su propio bien, físico o moral, no es justificación suficiente» escribió Stuart Mill en el «Principio del daño» en este ensayo.

«Sobre la libertad» es una denuncia social escrita de su puño y letra contra las altas esferas de poder. En ella condenó a todos aquellos que buscaron su felicidad sometiendo a los desprotegidos de la ley (mujeres y esclavos).

La desigualdad fue el eje central de todo su activismo. Aunque abrió muchos horizontes para los liberales posteriores, su foco fue el movimiento feminista.

La evolución a través del debate

Su pensamiento liberal ayudó a despertar el espíritu de los oprimidos. Con su discurso invitó a reflexionar sobre la verdadera naturaleza de las reglas y patrones de conducta de la época. Todos esas posibilidades estaban ligadas a un vacío conductual que se reproducía en generaciones de mujeres (a veces por miedo y otras por inercia) pero que siempre respondía al interés del hombre dominante.

Por este motivo, Mill defendió con ahínco la «libertad de expresión» como elemento clave para la evolución social. Para él la censura era un sinónimo antiprogresista, resaltando que la pluralidad de ideas fomentaba el debate. Consideraba que la confrontación de los pensamientos diferentes daba lugar a nuevas perspectivas, las cuales fortalecían el razonamiento.

Mill apostó durante toda su vida por la formación universitaria. Consideraba necesario la formación de las mujeres para darle más fuerza al movimiento feminista. Por esta razón, al morir dejó en su testamento una suma importante de dinero para aquella institución que permitiera estudiar y graduarse a la primera generación de señoritas.