Submarino alemán - Augusto Ferrer-Dalmau / Vídeo: El «Chernobil del mar» dormirá en un sarcófago

Segunda Guerra MundialLa catástrofe del submarino nazi lleno de explosivos tóxicos: un «Chernóbil bajo el mar»

El U-864 fue hundido en 1945 por un sumergible británico tras una batalla digna de una película de Hollywood

Noruega ha informado que destinará un millón y medio de dólares para crear un sarcófago de hormigón que evite la propagación de su carga

Actualizado:

El 9 de febrero de 1945, durante los últimos estertores de la Segunda Guerra Mundial, el capitán (Korvettenkapitän, para ser más exactos) Ralf-Reimar Wolfram tuvo que hacer frente a la mayor prueba de su vida cuando el submarino británico «HMS Venturer» atacó a su «U-864». Aquella jornada, tanto el oficial como su némesis de la « Royal Navy» protagonizaron una contienda más propia de una película de Hollywood que de la realidad frente a las costas de Noruega. Ese triste juego del gato y el ratón terminó, tras varias horas de contienda, en el momento en el que los ingleses mandaron al fondo de las aguas a su enemigo.

Lo lógico hubiera sido que este combate perdido en las cercanías de Bergen, frente a la isla noruega de Fedje, hubiera quedado olvidado en los libros de historia. Al fin y al cabo, no fue más que otra lucha entre armas submarinas al final de la Segunda Guerra Mundial ( Adolf Hitler se suicidó en su búnker de Berlín apenas dos meses después). Sin embargo, la carga que atesoraba el «U-864» en su interior no tardó en convertir su pecio en un verdadero «Chernóbil subacuático» (como lo denominan en la actualidad algunos medios internacionales).

Recreación del pecio del U-864
Recreación del pecio del U-864

¿Qué portaba el «U-864» en sus bodegas que tenía tanta importancia y era tan peligroso? Según explica Iain Ballantyne en su obra « The Deadly Trade: The Complete History of Submarine Warfare From Archimedes to the Present», una curiosa carga destinada a engrosar los arsenales de Japón. En sus palabras, llevaba piezas de los nuevos aviones Me 262 y Me 163, plomo, acero y sesenta toneladas de mercurio en ojivas de metal. Un material idóneo para fabricar explosivos y que, a día de hoy, permanece en el fondo de las aguas.

Por ello, la peligrosidad de los restos del pecio del «U-864» ha causado multitud de controversias en los últimos años. Durante dos décadas, las autoridades sanitarias han propuesto todo tipo de soluciones para evitar la contaminación de los peces de la zona. Sin embargo, Noruega ha sorprendido a Europa esta misma semana al informar que ha destinado un millón y medio de dólares para construir a su alrededor un «sarcófago» de hormigón similar al de Chernóbil que abarcará una extensión de aproximadamente 47.000 metros cuadrados.

A la caza

Entender esta tragedia requiere retrotraernos en el tiempo hasta 1944. El mismo año en que Adolf Hitler ansiaba hacer llegar a los japoneses armas de última tecnología y varios materiales necesarios para su industria militar. El objetivo era que sus aliados recuperaran la supremacía aérea en el Pacífico y obligaran a los Estados Unidos a enviar todavía más tropas a este frente. Eso provocaría una descongestión de la presión en la vieja Europa. De esta idea nació la «Operación Caesar», y uno de los submarinos destinados para llevarla a cabo, el «U-864» del capitán de 33 años Ralf-Reimar Wolfram.

En palabras de Ballantyne, la «Operación Caesar» se organizó en diciembre de 1944. Con sus órdenes establecidas, el «U-864» partió cargado hasta los topes de mercurio (además de 73 tripulantes y 3 invitados) el 1 de enero de 1945. Todo parecía ir bien pero, al poco tiempo, el capitán se percató de que necesitaba reparar varios desperfectos en Bergen. Por si fuera poco, los bombardeos aliados sobre la zona retrasaron todavía más sus reparaciones y permitieron a los británicos descodificar, a partir del 5 de enero, varios mensajes enviados desde el sumergible.

Gracias a aquellos informes descifrados los ingleses pudieron conocer los pormenores de la «Operación Caesar» e hicieron que el alto mando decidiera enviar al submarino «HMS Venturer», al mando del capitán de 26 años James Launders, a las cercanías para tratar de interceptar al «U-864». «El “Venturer” salió de Lerwick el 2 de febrero -tres días después de que el “U-864” lo hiciera de Noruega-. Los británicos creían que el U-boat pasaría probablemente por la isla de Fedje, así que patrullaron la entrada noroeste de Bergen», añade el autor en su obra.

La carga pormenorizada del buque ha sido explicada en varias obras. «El submarino salió de Bergen el 5 de febrero con un cargamento para los japoneses que incluía planos y partes para el interceptor propulsado por cohete Messerschmitt ME-163 Komet y el caza de doble jet ME-262, así como contratos firmados que autorizaban a los japoneses a fabricar legalmente estos aviones; planos para otros aviones (JU-1 a JU-6 y “Campini”); planos para los submarinos tipo “Caproni-” y “Satsuki”; planos de radar fabricados por la empresa Siemans; y 1.857 frascos de mercurio», desvela Clay Blair en su libro « Hitler's U-Boat War: The Hunted 1942-45». Además, entre los pasajeros destacaban algunos ingenieros aeronáuticos alemanes y japoneses.

Combate en el mar

La primera medida que tomó Launders fue no emitir ninguna señal activa de SONAR y limitarse a escuchar y levantar el periscopio para hallar al «U-864». Lo cierto es que no fue una mala idea ya que, tal y como explica el «The Finer Times» en su artículo «El hundimiento del submarino U-864», el U-Boat emitía más ruido de lo habitual debido a las reparaciones. Esa ligera ventaja le permitió al capitán del «HMS Venturer» localizar a su enemigo el 9 de febrero e iniciar una caza. «El “Venturer” captó ruidos fuertes y, poco después, el periscopio vio un “mástil delgado”. Y luego dos mástiles o periscopios», añade Ballantyne.

Al instante comenzó la caza, que se extendió durante nada menos que tres horas. Con todo, y tal y como se explica en el mencionado dossier, los germanos se percataron de que estaban siendo perseguidos y llevaron a cabo varias maniobras de distracción.

Para desgracia de Ralf-Reimar Wolfram, todo terminó para él en desastre cuando el pequeño «HMS Venturer» (de apenas 600 toneladas) disparó sus torpedos. «Con habilidad extraordinaria, los hombres de Launders cargaron y dispararon cuatro torpedos guiados mediante el SONAR pasivo y a intervalos de dieciocho segundos desde 3.000 yardas, con una profundidad de 40 pies», completa el autor.

Pecio del submarino
Pecio del submarino

Aunque los tres primeros proyectiles fallaron, el cuarto impactó contra el «U-864». El buque se convirtió entonces en la tumba de los más de setenta pasajeros.

Según desveló Harry Plummer, uno de los testigos presenciales del suceso, a la BBC, el capitán del submarino inglés dejó constancia en su libro de registro de que el enemigo había sido hundido a las 12:14. El U-Boat fue destruido «con una explosión fuerte y aguda, seguida de un ruido de ruptura». No era para menos, pues el bajel se partió en dos antes de hundirse. «Fue un alivio», explicó Plummer. Aunque, tan solo un minuto después, no pudo evitar pensar que los que habían caído eran, en el fondo, compañeros submarinistas.

La baja del «U-864» se unió a otras tantas acaecidas en las aguas británicas durante el mes de febrero. Así lo afirma José Manuel Gutiérrez de la Cámara Señán en su obra « Guerra submarina, la batalla del Atlántico» (Nowtilus, 2018): «En febrero fueron 55 los submarinos que operaron en aguas próximas a las costas británicas y, aunque lograron algún hundimiento más que en el mes anterior, sufrieron doce bajas, la mayoría por barcos de superficie, en gran parte debidos a las armas de proyección por la proa».

Búsqueda del pecio

Tal y como recopila el diario «Der Spiegel», la búsqueda de este submarino comenzó en la década de los noventa y se extendió hasta 2003, cuando la marina noruega encontró los restos. Sin embargo, no fue hasta 2005 cuando los buzos hallaron la primera ojiva de mercurio en el interior del submarino.

En ese momento saltaron las alarmas debido a la cercanía del pecio con la isla de Fedje (ubicada apenas a cuatro kilómetros). A partir de entonces, el miedo a que la carne intoxicada de los peces del Mar del Norte pudiera llegar hasta los seres humanos hizo saltar todas las alarmas.

Las autoridades alimentarias de Noruega emitieron una advertencia posteriormente para que los niños y las mujeres embarazadas evitasen comer los peces y los mariscos de la zona. Un estudio científico publicado en la revista «Chemosphere» aumentó todavía más el miedo al argumentar que el bacalao del Océano Atlántico tenía niveles elevado de mercurio en el hígado y las branquias. Sin embargo, y a pesar de ello, la advertencia fue eliminada en 2015 por falta de pruebas.

Pecio del submarino
Pecio del submarino

A día de hoy, y según señala el diario «IFL Science!», solucionar el problema parece difícil ya que el naufragio descansa sobre un lecho marino muy inclinado de sedimentos. Eso implicaría que, si se quisiera mover el submarino o sacarlo del mar, se podría provocar un desprendimiento de tierras que llevaría a un desastre todavía mayor.

Lo que sí está claro es que es necesario tener cuidado con la carga. «Tenemos que asumir que todavía hay torpedos abordo, al menos dos. Existe un riesgo mucho mayor de que exploten si se lleva a cabo una operación de salvamento», explicó Ane Eide Kjeras en declaraciones a «Der Spiegel» en 2006.