«El rey Eduardo V y el duque de York en la Torre de Londres» de Paul Delaroche, 1831
«El rey Eduardo V y el duque de York en la Torre de Londres» de Paul Delaroche, 1831 - CC

Ricardo III y la leyenda negra inglesa: ¿Encerró y asesinó realmente este rey a sus dos sobrinos?

Una muestra de ADN podría poner fin a un enigma extendido desde hace más de 5 siglos y que afecta a la conformación de la Inglaterra de la era moderna

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La polémica que rodea a Ricardo III, rey de Inglaterra desde 1483 hastas su muerte en 1485, lleva más de cinco siglos alimentando un enigma siempre lejos de resolverse. Abatido el 22 de agosto en la batalla de Bosworth, su perecimiento puso fin a la guerra civil de las « Dos Rosas», rubricó la victoria de la Casa de Lancaster sobre su homónima de York y supuso el advenimiento de la dinastía Tudor. Pudo ser entonces cuando los vencedores lo retrataran como un bellaco responsable del asesinato de los hijos de su hermano Eduardo IV, los más próximos descendientes legítimos del monarca en la línea de sucesión.

La figura del villano fue llevada a las tablas por el ilustre William Shakespeare y su tragedia «The Life and Death of King Richard III» (1597). En esencia, este drama histórico dibuja a un codicioso Ricardo que, en sus ansias de alcanzar la corona, conspira hasta lograr que el sabio Eduardo IV recele de su otro hermano, Jorge de Clarence, quien precede a Ricardo como heredero al trono. Eliminado del tablero el primer obstáculo, y una vez muerta Su Majestad Eduardo en 1483, es designado Protector del Reino durante la minoría de edad del joven Eduardo V, primogénito varón del soberano difundo.

Al proclamado «Lord Protector» se atribuye el encierro del joven rey, de 12 años, y de su hermano menor el Duque de York Ricardo de Shrewsbury, de 9, en la Torre de Londres y su posterior asesinato. No cabe duda, pues, que la imagen que ha trascendido es la de un vil canalla capaz de apartar los más estrictos códigos morales y humanos en pos de su mayor anhelo: la poltrona británica. Ricardo III llegó a calificar a sus sobrinos como bastardos, lo que motivó que el Parlamento aprobase el «Titulus Regius» que le otorgó el título de Rey de Inglaterra. El fin justifica los medios, que diría Maquiavelo.

Ricardo III, Rey de Inglaterra y Señor de Irlanda
Ricardo III, Rey de Inglaterra y Señor de Irlanda - CC

Empero, la reputación del «usurpador» ha tratado de ser rehabilitida, o al menos cuestionada, por diversos historiadores en los últimos cien años. A este punto, una muestra de ADN mitocondrial obtenida de una descendiente directa de la abuela materna de los «Príncipes de la Torre» podría aportar el halo de verdad que el enigma precisa. Según «The Independent», la susodicha que, sin imaginarlo, está en disposición de dar respuesta a una de las más longevas preguntas sin contestación de la historia inglesa, es la cantante de ópera Elizabeth Roberts, 16 veces bisnieta de Jacquette de Luxemburgo.

El hallazgo, obra de Glen Moran, académico que llevó a cabo la trascendental investigación genealógica, debe ser comparado con los huesos consuetudinariamente adjudicados a los dos jóvenes príncipes, los cuales reposan en la Abadía de Westminster. En 1674, unas reformas en la Torre de Londres sacaron a la luz dos esqueletos de niño a los que se dio sepultura real. En información del diario británico: «Si el material de "Westminster Abbey" no coincidiera con la muestra de control moderna, significaría que los restos no eran de los dos infantes y, por lo tanto, la acusación tradicional de asesinato contra Ricardo III no se habría comprobado». En cualquier caso, parece poco probable que, en el corto plazo, la Abadía acceda a un examen científico de las osamentas.

El trazo de esperanza radica en la existencia de otro grupo de huesos pertenecientes a un individuo que a finales del siglo XV afirmaba ser Ricardo, el hijo menor de Eduardo IV, y, por ende, quien legítimamente debía acaparar la laureola inglesa. Enrique VII, primero de la Casa de Tudor, lo apresó y afirmó que se trataba de un plebeyo flamenco llamado Perkin Warbeck pero no lo ajustició de forma inmdiata. Fue necesaria la escapada de tan misterioso «impostor» y su nuevo arresto para su final aniquilación. Aclara «the Indie» que «la falta de voluntad del rey para ejecutarlo solo puede ser explicada si "Warbeck" fue realmente el príncipe Ricardo pues Enrique estaba casado con su hermana».

El problema es que tras la reconstrucción de la iglesia londinense en la que fue enterrado, bombardeadapor la Luftwaffe durantela Segunda Guerra Mundial, muchos restos allí ubicados fueron exhumados e incinerados. En cualquier caso, si la prueba de ADN de Roberts coincidiese con la del hipotético «suplantador», Ricardo III volvería a quedar exento de culpabilidad: su fecha de fallecimiento sería anterior a la de al menos uno de los dos herederos de Eduardo IV. En su lugar, colocaría en la picota al monarca Enrique VII, quien derrotara a Ricardo III en Bosworth.

La controversia que rodea a la desaparición de los bisoños príncipes continúa más que viva y firma una nuevo capítulo de la tan bien ocultada leyenda negra de Inglaterra. El descubrimiento del ADN se revela en el libro «The Mythology of the 'Princes in the Tower'» (Amberley Books, 2018) del historiador John Ashdown-Hill.