Albert Einstein
Albert Einstein - ABC

El lado oculto de Einstein: del amor al odio con la república española

Según las últimas investigaciones, el físico insultaba y pegaba a su primera esposa, Mileva. Además, cargó en sus diarios personales contra los chinos

Tras el 18 de julio, recibió duras críticas (entre ellas, por parte de Ortega y Gasset) por criticar a las «democracias» que se negaron a enfrentarse al bando sublevado

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«Einstein tenía razón». Después de que se haya dado a conocer la primera fotografía de un agujero negro, este ha sido el titular que más se ha repetido por los diferentes medios de comunicación internacionales. Llevan razón ya que (según narran los expertos en la materia) se ha corroborado una vez más que su teoría de que la gravedad deforma el espacio-tiempo es acertada. Resuelta esta controversia podría parecer que se han disipado todas las dudas con respecto al físico; pero la realidad es que no todo fueron luces en su existencia. Por el contrario, está más que documentado que abusó de su primera esposa (a la que incluso le propuso firmar un contrato en el que esta se comprometía a mantener su ropa limpia) y que cargó en sus diarios contra los chinos.

Etapa «racista»

Una de las facetas más olvidadas del físico alemán es su etapa «racista», si es que puede llamarse así. Y eso, a pesar de que se hizo famoso por cargar duramente contra la xenofobia al afirmar en público que era una «enfermedad de blancos» o que no era más que una estafa de proporciones gigantescas. «La raza es un fraude. Todos los pueblos modernos son un conglomerado de tantas mezclas étnicas que no existe ninguna raza pura», señaló en una entrevista al «Saturday Evening Post». No obstante, mucho antes de ello había escrito opiniones en contra de los chinos en varios diarios personales elaborados después de un viaje que realizó a través de Asia junto a su mujer allá por 1920.

«Sería una pena si estos chinos suplantan a las otras razas»

Hallar el origen de estos diarios requiere viajar en el tiempo hasta 1922, año en que Albert se embarcó en un viaje de cinco meses y medio hacia el Medio y el Lejano Oriente junto a su esposa, Elsa. Ambos pasarían por regiones tan exóticas en la época como Hong Kong o China, donde el físico participó en varias conferencias durante seis semanas. En una libreta personal, nuestro protagonista recogió sus impresiones sobre todo aquello que le llamaba la atención. No solo en el ámbito de los números, sino también sobre arte o filosofía. Algo nada raro en él, pues solía acercarse sin tapujos al mundo de las letras.

Parece que, de entre todos los destinos que visitó, China fue el que menos le gustó. Así lo atestiguan las palabras que escribió en su diario en contra de sus ciudadanos. Para empezar, afirmó que «son una nación peculiar más parecida a una horda» que funcionaban «a menudos más como autómatas que como personas». «Sería una pena si estos chinos suplantan a las otras razas», añadió. Esta idea, de hecho, le provocaba mucha intranquilidad: «Para personas como nosotros, el mero pensamiento es indiscreptiblemente sombrío». No podía imaginarse que, apenas unos años después, se convertiría en un refugiado judío de la Alemania nazi y que su condición le llevaría a cargar contra estas ideas.

Pero Einstein no reservó sus comentarios racistas solo para los chinos. Ni mucho menos. Después de pasar por el Canal de Suez y llegar a Egipto, se encontró con lo que definió como «levantinos gritones de todos los colores» que se «abalanzan sobre nuestro barco como escupidos del infierno». Aquel solo era el inicio de sus críticas. Unas líneas más abajo tildó a aquellos hombres y mujeres de «gentuza» (un término que también se puede traducir como «plaga»). Y otro tanto pasó en Sri Lanka, donde describió a los nativos como «primitivos» e «intrusos». Según los expertos que analizaron este texto, en sus escritos muestra a todos los extranjeros como «caricaturas deshumanizadas y estereotipadas». Más como una masa que como sujetos individuales.

Machismo y abusos

Pero este racismo escondido no fue su única faceta oculta. María Djurdevic afirma en su dossier « Mileva Einstein-Maric (1875-1948): hacia la recuperación de la memoria científica» que Albert se mostraba muy cruel con Mileva, su primera esposa. «Sería desagradable reproducir los insultos con los que la obsequiaba. Según las investigaciones publicadas en los años 90, en la última etapa de su matrimonio llegó a comportarse como un tirano e incluso se mencionan ataques físicos contra ella y los hijos».

Por si fuera poco, el físico mantuvo una relación extramatrimonial con su prima durante varios años. Adulterio que aceptaba su madre, quien odiaba profundamente que hubiera contraído aquel matrimonio.

La relación entre ambos llegó a ser tan turbia que, en 1914, Einstein envió una carta a su mujer con varias exigencias para su matrimonio continuara. Entre las premisas estaban las de velar «porque mi ropa esté limpia y en buen estado»; «que cada día esté servido con tres platos en mi habitación»; «que tanto mi habitación de trabajo como mi dormitorio estén siempre limpios» y «que mi escritorio esté siempre a mi disposición». Además, le insistía en que renunciaría a «toda relación personal conmigo excepto cuando lo requieran los eventos sociales», a recibir «cualquier muestra de afecto de mí» y a «responder inmediatamente a cualquier pregunta que te haga». Cuando se separó de ella también se negó a ver a su hijo enfermo durante treinta años.

Broncas en la guerra civil

Entre los países que visitó, Einstein pisó también España entre febrero y marzo de 1923. Su llegada fue más que extraña. Arribó a Barcelona el 21 de febrero, pero la multitud no fue a recibirle a la estación a pesar de que el año anterior había obtenido el Premio Nóbel por la ley del efecto fotoeléctrico. Aunque por una causa justificada: no avisó en qué tren haría su entrada.

La prensa de nuestro país (y en especial ABC) informó de forma extensa sobre ello. El 8 de marzo, por ejemplo, este periódico explicaba que ya había llegado a Madrid: «En la última de las tres conferencias dadas en la Universidad Central. Alberto Einstein trato ayer tarde de los problemas de la teoría de la relatividad general, o sea, de las investigaciones hechas con el propósito de evitar los puntos débiles de la teoría».

En su viaje fue recibido por el monarca, Alfonso XIII, como explicó también este diario: «El sabio alemán, Einstein, […] estuvo ayer por la mañana en el Palacio para ofrecer sus respetos a S. M. el Rey. El monarca conversó afablemente con el insigne hombre de ciencia, y este se mostró muy complacido de su estancia entre nosotros, manifestando que estaba muy satisfecho por todas las atenciones de que era objeto».

Por entonces nadie citó su condición de judío. No obstante, una década después (cuando la Segunda República le ofreció una Cátedra Extraordinaria) una parte de los medios de comunicación cargaron contra él al grito de «judío filomarxista». La polarización política así lo provocó. Aquel fue el primer encontronazo de parte de nuestro país con el genio, como bien explica Thomas F. Glick en «Einstein y los españoles».

A pesar de aquello, Einstein se mostró muy crítico con los países democráticos cuando, después del 18 de julio de 1936, la mayoría se negaron a enviar ayuda a la República. Así lo hizo saber al mundo mediante un mensaje que envió al Congreso Internacional de Escritores celebrado en España en 1937.

Este apoyo escoció al filósofo José Ortega y Gasset, quien ya había cargado en su «epílogo para los ingleses» contra todos aquellos estudiosos y figuras públicas que, según sus palabras, opinaban sobre lo que sucedía en nuestro país sin tener idea alguna de lo que pasaba dentro de sus fronteras. Así lo explica J. Carlos Criado Cambón en su dossier «Einstein en España y su relación con Ortega y Gasset», donde señala también que, a pesar de que el pensador había admirado sobremanera al físico, este le criticó duramente en un artículo publicado por «The Nineteenth Century»:

«Hace unos días, Alberto Einstein se ha creído con 'derecho' a opinar sobre la guerra civil española y tomar posición ante ella»

«Hace unos días, Alberto Einstein se ha creído con 'derecho' a opinar sobre la guerra civil española y tomar posición ante ella. Ahora bien, Alberto Einstein usufructúa una ignorancia radical sobre lo que ha pasado en España ahora, hace siglo y siempre. El espíritu que le lleva a esta insolente intervención es el mismo que desde hace mucho tiempo viene causando el desprestigio universal del hombre intelectual, el cual, a su vez, hace que hoy vaya el mundo a la deriva, falto de pouvoir spirituel».

Según Glick, Einstein recibió varias cartas en las que sus admiradores le criticaban por el apoyo mostrado a la Segunda República: «Con profundo disgusto he conocido su actividad en apoyo de las fuerzas comunistas españolas... los americanos genuinamente cristianos lamentamos su arrogancia y sus ideas reaccionarias europeas». Y todo ello, a pesar de que el físico evitó aceptar la Cátedra ofrecida desde España y se mostró aliviado cuando, tras el comienzo de la guerra civil, le informaron de que no había más remedio que detener ese proyecto. «Sus noticias […] me hacen muy feliz […] se me quitaría un gran peso de encima si […] me librara de la promesa que le hice [aceptar el puesto]».