Vídeo: ¿Cuál es el origen del yugo y las flechas?

Ni fascista ni franquista: el verdadero origen del Águila de San Juan en el escudo de España

Bajo la influencia del humanista Elio Antonio de Nebrija, el monarca aragonés asumió el yugo, trenzado y anudado por un sólido cordón, para simbolizar su poder y vincular idealmente su figura política a la del mítico Alejandro Magno

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A la hora de asignar animales a cada uno de los cuatro autores de los Evangelios, se ha reservado tradicionalmente el águila para San Juan, ya que su Evangelio está considerado el más abstracto, teológico y elevado de todos. A lo largo de su vida, la muy católica Reina Isabel quiso mostrar su predilección por este evangelista incluyendo el símbolo en su heráldica personal, de modo que aquella divisa sería integrada más tarde en el escudo de los Reyes Católicos y, de forma recurrente, en la tradición hispánica.

En su infancia, la joven Isabel leyó con gran interés el Evangelio de Juan y apreció las alusiones al águila a partir de contextos muy conocidos, por ejemplo, en el Apocalipsis (4, 6-8):

«Y enfrente del solio había como un mar transparente de vidrio semejante el cristal; y en medio del espacio en que estaba el trono, y alrededor de él, cuatro animales, llenos de ojos delante y detrás. Era el primer animal parecido al León, y el segundo a un becerro, y el tercer animal tenía cara como de hombre, y el cuarto animal semejante a un águila volando. Cada uno de los cuatro animales tenía seis alas, y por afuera de las alas, y por adentro estaban llenos de ojos: y no reposaban de día y de noche».

El águila nimbada apareció ya en la divisa personal de Isabel, en 1468, cuando solo era princesa heredera, y continuó vinculada a la monarca a través de la heráldica compartida de los Reyes Católicos. La divisa elegida fue, concretamente, un águila real pasmada, de sable, nimbada de oro, con el pico y las garras de gules y un halo de oro, al que pronto se le incorporó la leyenda «sub umbra alarum tuarum protege nos» («protégenos bajo la sombra de tus alas»). Así está presente en sus monedas de oro desde 1497, y iluminando su Breviario desde 1502.

Vista de la sala del Trono, con el lema de los Reyes Católicos
Vista de la sala del Trono, con el lema de los Reyes Católicos

Su hija pequeña, Catalina de Aragón, se valió del Águila de San Juan para adornar su divisa personal en su etapa inglesa. Como esposa del Príncipe Arturo y luego del Rey Enrique VIII, Catalina empleó de forma reiterada el haz de flechas de su madre y la granada sobre fondo verde (un símbolo tradicional en Castilla, con grandes raíces bíblicas), todo ello sobre un soporte con el Águila de San Juan y el lema «Tanto monta»». A su vez, la hija de Catalina, María Tudor, también Reina de Inglaterra, heredó esta representación en lo que se conoce como badges en Gran Bretaña, cuya tradición por estos símbolos es más arraigada y difundida que en España.

La llegada de Carlos I de España desplazó al Águila de San Juan por otra ave de características parecidas: el Águila imperial. Este era el tradicional blasón de los emperadores germanos pertenecientes a la rama vienesa de la Casa de Austria y de los zares de Rusia que derivan, a su vez, del escudo de los emperadores bizantinos.

El yugo de Fernando; y las flechas de Isabel

Junto al Águila de San Juan, los otros símbolos más emblemáticos de los Reyes Católicos son el yugo y las fechas. El yugo para Fernando, pero representado con la Y inicial de Ysabel; y, las flechas de Isabel, con la F inicial de Fernando. Un intercambio galante de sus divisas para escenificar la unión dinástica que dio forma a la España moderna.

Bajo la influencia del humanista Elio Antonio de Nebrija, el monarca aragonés asumió el yugo, trenzado y anudado por un sólido cordón, para simbolizar su poder y vincular idealmente su figura política a la del mítico Alejandro Magno, al más puro estilo del Renacimiento. Concretamente, el yugo hacía referencia a la leyenda del nudo gordiano que el conquistador de la Antigüedad se encontró en la ciudad de Gordión (Anatolia). Según los términos de este mito, Alejandro fue avisado por cierto oráculo de que el hombre que desatara el nudo que sujetaba con un yugo la lanza de un carro del Rey Gordios allí custodiado sería el dueño de Asia. Para no perder tiempo, Alejandro cortó con su espada la soga de un tajo a la par que pronunciaba la sentencia «Nihil interest quomodo solvantur» («poco importa el modo de desatarlo»). Tras ello, se dirigió a conquistar Oriente.

El número de flechas que usó en su divisa Isabel osciló, según la ocasión, de cinco a once

Fue probablemente también Nebrija el que, a su retorno de Italia, sugirió la divisa «Tanto Monta», como versión hispánica de la frase de Alejandro Magno. La expresión «poco importa el modo de desatarlo» se adaptó así en España a la abreviada «tanto da cortar como desatar». A la postre, la divisa para definir el reinado de Isabel y Fernando se convirtió en el célebre: «Monta tanto tanto monta».

Más difícil es ubicar el origen de la divisa de Isabel de las «once flechas atadas por medio», que ya en 1482 aparece vinculado a su figura. A falta de más investigaciones, se relacionan estas flechas con un pasaje clásico protagonizado por el Rey de los escitas. Según un relato recogido por Plutarco, el Rey Sciluro reunió a sus 30 hijos en su lecho de muerte y los retó a que el que fuera capaz de romper un haz de flechas se llevaría su corona. Ninguno lo consiguió, tras lo cual el Rey escita fue tomando una a una las flechas del haz, partiéndolas ante sus ojos, a la par que les manifestaba que «al igual que acontece con tales armas, si permanecían unidos, serían invictos pero si reinaba entre ellos la discordia y la disidencia, serían vulnerables y débiles frente a sus enemigos».

Alejandro, cortando el Nudo Gordiano.
Alejandro, cortando el Nudo Gordiano.

El número de flechas que usó en su divisa Isabel osciló, según la ocasión, de cinco a once, pero en todos los casos con las puntas abatidas y unidas en un haz. En la Capilla Real de Granada aparecen nueve flechas, al igual que en Santo Tomás de Ávila; mientras que, por ejemplo, la fachada de la Universidad de Salamanca contiene un medallón con nueve.

Adoptado por el bando Nacional

Para dotar de una simbología nueva al bando Nacional, Francisco Franco –bajo influencia de la Falange– adoptó en el transcurso de la Guerra Civil un escudo con elementos sacados de la heráldica de los Reyes Católicos. Popularizado como el «escudo del águila», sería impuesto al término del conflicto como oficial de España hasta 1981. Además del Águila de San Juan, el régimen franquista incluyó en su simbología otros elementos característicos de este periodo como es el yugo y el haz de flechas. Resulta, en cualquier caso, fácil apreciar las diferencias entre ambos escudos:

-Las alas se encuentran plegadas en el escudo franquista, a diferencia del ave de los Reyes Católicos a punto de iniciar el vuelo.

-Se sustituyó en el escudo franquista el Reino de Sicilia por el de Navarra.

-El lema de Fernando e Isabel de «Tanto monta» se cambió por «Una, grande y libre», situado en una banda alrededor del cuello del águila.

-Las columnas de Hércules, que aparecieron en tiempos de Carlos I en la heráldica hispánica, se encuentran fuera de las alas del águila en el escudo franquista.

Facsimil de la Constitución española de 1978
Facsimil de la Constitución española de 1978

En enero de 1977, se realizó una modificación del escudo franquista mediante la cual el Águila de San Juan se representó en disposición de emprender el vuelo, cobijando bajo sus alas las columnas de Hércules, además se desplazó la cinta con el lema «una, grande y libre» del cuello del ave hasta encima de su cabeza. Paradójicamente, se suele calificar este escudo del águila como «preconstitucional» o «anticonstitucional», a pesar de que aparece impreso en el ejemplar solemne de la Constitución firmada por el Rey Juan Carlos en 1978.

No fue realmente hasta 1981 cuando se sustituyó dicho escudo por el actual a través de una ley, de modo que desapareció el águila con el yugo y las flechas en sus garras. El emblema y la corona imperial fueron reemplazadas por símbolos reales, además de incorporar la flor de lis borbónica.