Según la versión del FBI que publicó toda la prensa, John Dillinger fue asesinado el 22 de julio de 1934
Según la versión del FBI que publicó toda la prensa, John Dillinger fue asesinado el 22 de julio de 1934 - CBS

Estados Unidos exhumará el cadáver de John Dillinger: ¿y si el famoso gánster no fue abatido en 1934?

ABC contó hace 85 años la muerte a tiros del considerado «enemigo público número uno» de Estados Unidos por parte de la Policía a la salida de un cine de Chicago. Su sobrina defiende hoy que familia engañó al FBI para que disparara a otro hombre

Israel Viana
MadridActualizado:

Junto al accidente de aviación sufrido por el ministro del Interior de Argentina, las cuatro bombas detonadas en varios edificios del Gobierno austriaco y la huelga general convocada en San Francisco, la edición de ABC del 24 de julio de 1934 informaba, además, de la caída en desgracia de uno de los gánsteres más famosos de la historia: «El famoso bandido John Dillinger es muerto a tiros por la Policía de Chicago cuando salía de un cine», rezaba el titular.

John Dillinger, poco antes de morir
John Dillinger, poco antes de morir

En el interior del artículo se detallaba: «Lo planes de la Policía para capturar a Dillinger habían fracasado repetidamente [...]. Cuando los agentes se encontraban muy cerca, apuntaron sus pistolas contra él y dispararon. No hubo, por lo tanto, lucha, pues Dillinger, aunque trató de sacar su pistola, no tuvo tiempo de llevarse la mano al bolsillo donde la guardaba [...[. Los disparos alcanzaron al gánster en la parte superior del cuerpo y cayó al suelo bajo los efectos de un colapso a causa de las heridas. Según el jefe del departamento de Justicia, a Dillinger se le salieron los ojos de las órbitas».

Ahora, 85 años después de su muerte, el Departamento de Salud de Indiana (Estados Unidos) ha aprobado la solicitud para exhumar los restos del peligroso gángster. Sus familiares llevaban un tiempo presionando al juez para que les concediera el permiso necesario para ello, bajo el argumento de que no es Dillinger quien está enterrado en el cementerio Crown Hill de Indianápolis, sino un impostor. Sus descendientes dudan de la versión oficial dada por la Policía que recogía ABC, según la cual el bandido fue abatido a las puertas del cine Biograph Theatre de Chicago. Por el contrario, sostienen que ellos mismo, la familia, engañó al FBI para que disparara al hombre equivocado.

«El cadáver será entregado al padre»

Ese mismo día, este diario informaba precisamente de los contrario. «El cadáver de Dillinger fue llevado después al depósito judicial, y colocado en una de las cámaras refrigeradas, junto a los cuerpos de dos negros y un blanco. Mucho público acudió enseguida al depósito, pidiendo permiso para ver el cadáver del gánster. En los dedos de uno de sus pies, el personal del depósito colocó una ficha con la siguiente descripción: “John Dillinger, fusilado el 22 de julio de 1934”. Los extremos de los dedos había sido mutilados con ácido, mientras que el pelo, las cejas y el pequeño bigote estaban teñidos de negro. En cuanto al rostro, Dillinger lo había alterado mediante una operación quirúrgica y, después de muerto, sus rasgos eran más duros y crueles que de vivo», contaba la noticia, que aseguraba al final: «Es probable que el cadáver sea entregado al padre de Dillinger, que posee una granja en Mooresville, Indiana. Este ha dicho que su deseo es que el cuerpo de su hijo reciba sepultura en Indianápolis».

A pesar de estas informaciones, que se repitieron en los medios estadounidenses y españoles, los familiares de Dillinger sostienen hoy en día que el color de ojos y las huellas digitales el supuesto impostor que yace en la tumba del gánster no coinciden, efectivamente, con los de John Dillinger. El 3 de agosto de 1934, sin embargo, el « Heraldo de Madrid» contaba que «el empresario de pompas fúnebres encargado del sepelio del tristemente célebre bandido americano ha declarado que es el primer cadáver que llega a sus manos sin cerebro, que había sido extraído en la morgue con el objetivo de que sobre él hagan estudios los neurólogos».

Aunque el cementerio está luchando contra la decisión en la corte, la exhumación está prevista para el 31 de diciembre. Según declaró Susan Sutton, responsable de la Sociedad Histórica de Indiana, la exhumación de los restos es clave para conocer definitivamente la identidad del hombre que fue enterrado hace 85 años en Indianápolis. Sin embargo, reconoce que no será un trabajo fácil, puesto que la tumba está sellada con capas de hierro y hormigón con el fin de frustrar a posibles vándalos. De producirse finalmente, no está muy claro que la ausencia del cerebro o no pudiera ser un dato fiable a estas alturas.

John Dillinger, en el depósito de cadáveres
John Dillinger, en el depósito de cadáveres - AP

La sobrina del gánster, Carol Thompson, presentó una declaración escrita junto a la solicitud de exhumación en la que defendía que «es importante saber si Dillinger vivió más allá de la fecha reportada de su muerte, el 22 de julio de 1934. Si no fue asesinado en esa fecha, quiero saber dónde vivía, si tenía hijos y si esos hijos o nietos están vivos hoy». Y el FBI, por su parte, dijo que los argumentos dados por la familia son más propios de «una teoría de la conspiración» que de una hipótesis verosímil. En un tuit del 1 de agosto de este año, la agencia aseguró que tenía «una gran cantidad de información» que demostraba que Dillinger fue asesinado a tiros en Chicago. Lo acompaña con imágenes del arma homicida y sus huellas dactilares.

A la misma familia de Dillinger se refería en España el diario « La Tierra», el 14 de agosto de 1934, con una noticia muy curiosa acerca de como esta iba a rentabilizar la muerte de su ser querido. ¿Es lo mismo que está ocurriendo ahora? «Su nombre, aquel nombre que encontramos en las narraciones de audaces atracos, volvió a ser pronunciado en todo el mundo como si se tratase de la marca de una nueva goma de mascar, de un purgante, de un cuello, de una carpeta... Todo es negocio en Norteamérica. Todo empieza en el anuncio, en la publicidad. De balde le ha resultado la muerte de Dillinger a su familia , que ahora va a empezar a hacer su negocio. El padre y los hermanos del bandido se exhibirán, como vedettes, en un teatro de Chicago. La gente curiosa pagará dinero por verlos. Un empresario habrá adquirido la exclusiva de tal exhibición mediante el oportuno contrato. Y seguirá el anuncio. Los Dillinger ganarán dinero. ¡Ventajas de tener un bandido en la familia y de habitar en un país donde se vive hasta de la memoria de los muertos!»

Esos «audaces atracos» acabaron tras la proyección de «Manhattan Melodrama», protagonizada por Clark Gable, en el cine Biograph Theatre de la avenida Lincoln de Chicago. En unos años en los que FBI demostró serios problemas para erradicar a la mafia y el crimen organizado, Dillinger se hizo famoso por la gran facilidad que había demostrado para robar bancos y quedarse con los pocos ahorros que tenían las víctimas del crack de 1929. Sus atracos y sus sucesivas fugas de prisiones de alta seguridad le convirtieron pronto en el «enemigo público número uno» de Estados Unidos, protagonizando muchas de las portadas de los periódicos más importantes.

El ladrón adolescente

John Dillinger nacido en 1903 y comenzó sus fechorías en la adolescencia. Se convirtió en el líder de la banda Dirty Dozen y comenzó a robar carbón de los vagones del ferrocarril procedentes de Pensilvania que pasaban por Indianápolis. Aunque en un principio parecía que iba a sentar la cabeza con varios trabajos honrados y su vuelta a los estudios, pronto comenzó a robar coches y protagonizar peligrosas persecuciones de la Policia, para desesperación de sus padres.

Dillinger, en una de sus detenciones
Dillinger, en una de sus detenciones

Ni siquiera se enderezó con el servicio militar. A los cinco meses desertó y, a los 21 años, ya había dejado sus gamberradas adolescente para convertirse en un peligroso ladrón profesional. Comenzó robando a un simple comerciante a punta de pistola, al que acabó disparando y fue condenado a más de diez años en el reformatorio de Pendleton. Tras seis intentos de fuga y el aumento de sus condenas tras cada fracaso, fue enviado a la cárcel de Michigan en 1929.

Fue en esta prisión, en la coincidió con antiguos compañeros del reformatorio, donde aprendió a robar bancos de los veteranos que estaban presos. Y fue precisamente con seis de estos viejos maestros con los que planeó una fuga de la cárcel que iba a incluir el soborno de unos cuantos guardias, pero que al final no tuvo que poner en práctica porque le concedieron la libertad condicional cuando su madrastra se puso enferma. Dos semanas tardó en empezar a robar: el New Carlisle National Bank de Ohio (10.000 dólares), un supermercado (3.600), el Commercial Bank de Daleville (300.500), el Montpellier National Bank (6.500) y el Massachusetts Avenue State Bank de Indianápolis (21.000) o el Bluffton Bank de Ohio (6.000), entre otros.

Cientos de miles de dólares

Sus crímenes no tardaron en llegar al FBI y a su director: J. Edgar Hoover. Muchos de sus compañeros de los atracos y otras bandas importantes fueron cayendo, a excepción de Dillinger, que parecía tocado por un ángel de la guarda y conseguía huir siempre en el último momento... hasta que finalmente fue detenido. El ya «enemigo público número uno» volvió a la cárcel en Ohio, pero no tardó mucho en volar del nido. Ayudado por Pierport y Makley, quienes mataron a uno de los guardias, nuestro protagonista se fugó en 1933.

Pocos días después, los tres se fueron hasta el Central National Bank de Greencastle, en Indiana, y se hicieron hacerse con 74.800 dólares más. Después robaron el First National Bank de East Chicago, en el mismo estado (20.000), y el American Bank and Trust Co de Rice, en Wisconsin (28.000). Atracos todos que incluyeron disparos, rehenes y la muerte de algún agente. Los carteles de «se busca» llenaban las comisarías con enormes recompensas por atrapar vivos o muertos a Dillinger y sus compinches.

El FBI le seguía los pasos y, el 22 de enero de 1934, fue arrestado de nuevo en el hotel Congress de Tucson. Fueron a parar a la prisión de Crown Point, en Indiana, acusados del asesinato de un policía de Chicago durante una de sus persecuciones. Fue allí donde Dillinger protagonizó su fuga más célebre, tan solo un mes de haber sido encarcelado: apuntó a un guardia con pistola falsa de madera y consiguió que le abriera la celda, tomó dos rehenes, encerró al resto de funcionarios y salió por la puerta principal.

No tardó en llegar a Chicago, la ciudad en la que sería cazado por última vez, y montar una nueva banda con la que tuvo más éxito que con ninguna: casi 150.000 dólares en apenas unos días con los atracos al Securities National Bank de Sioux Falls, en Dakota del Sur; el First National de Mason City, en Iowa; el de Fostoria de Ohio y, por último, el Merchants National de South Bend el 30 de junio de 1934. No lo sabía, pero le quedaba menos de un mes de vida. El 22 de junio, Dillinger entró acompañado de las dos mujeres en el Biograph Theatre para ver «Manhattan Melodrama». Dos horas y media después, salió despreocupado, en mangas de camisa y con su inseparable sombrero de paja. En menos de un minutos estaba muerto en el suelo, rodeado de un charco sangre y decenas de curiosos rodeando su cadáver.