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El absurdo plan del servicio secreto de Stalin para matar a Franco con un espía tartamudo

Kim Philby, agente del NKVD infiltrado en el bando franquista, recibió presuntamente el encargo de acabar con la vida del general español. Sin embargo, jamás perpetró este atentado

ABC Historia te recomienda el festival «Lloret negre» que se celebrará entre los días 24 y 25 de marzo en Lloret de Mar. El primer certamen de género negro de la Costa Brava. En él habrá -entre otras tantas cosas- una mesa redonda dedicada al espionaje

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Un joven bien parecido, pero tímido y con un tartamudeo fluctuante que le ayudó a dar una imagen de ingenuo idónea para su trabajo. Así era Kim Philby, el espía británico y amante de la URSS que, tras ser reclutado por el NKVD (el posterior KGB), fue enviado a España con el objetivo de infiltrarse en los círculos más íntimos del bando nacional y, así, desvelar sus secretos. No le debió ir mal, pues acabó siendo condecorado por el franquismo. Conocido por ser uno de los mejores agentes dobles de la época, en 2001 fueron publicados una serie de documentos que afirmaban que pudo haber recibido el encargado de asesinar al mismísimo Francisco Franco. Sin embargo, y como es obvio, jamás llegó a cumplir su misión más importante.

Con todo, a día de hoy no está claro si realmente recibió aquella orden. De hecho, es una información que varía atendiendo a los expertos e historiadores a los que se acuda. «Tal vez sí se le encargó en un principio, pero Philby no era un ejecutor, era un espía en todo el sentido de la palabra y si se le llegó a encargar, alguien en la dirección del NKVD decidió cancelar aquella supuesta operación», afirma a ABC el escritor y periodista José Luis Caballero, autor (entre otras tantas obras) de « La ruta de los contrabandistas» (una novela con tintes históricos en la que se adentra en el espionaje en la Guerra Civil).

José Luis Caballero, especializado en los pormenores del espionaje a lo largo de las décadas, conoce ampliamente la vida de Philby. Un sujeto que, como tantos otros, demuestra la importancia de los agentes de inteligencia en el devenir de la sociedad. De hecho, la información que han logrado este tipo de personajes ha sido tan determinante a lo largo de la historia que, los próximos días 24 y 25 de marzo, el festival «Lloret negre» dedicará una mesa redonda a ellos. Titulada «Corrupción y espionaje», la ponencia contará con la participación de pesos pesados como el propio Caballero, el también escritor y periodista Fernando Martínez-Laínez, el historiador y periodista Jesús Hernández, el divulgador histórico Pere Cardona y el escritor José Luis Muñoz.

La mesa se enmarca dentro del ya mencionado «Lloret negre», el primer certamen que acercará la novela de espionaje a Gerona y a la Costa Brava. «El género negro es el nexo de unión en base al que se articulará todo el festival, pero a lo largo de las dos jornadas pretendemos indagar y hablar de todo aquello que nos afecta como personas», explica a ABC Angelique Pfitzner, comisaria del evento. En sus palabras, el proyecto fusionará diferentes ámbitos de la cultura como son los «thrillers» o los problemas sociales, con la historia de la ciudad. «Todo aquel que decida venir podrá disfrutar de forma gratuita de visitas culturales, mesas de debate, representaciones teatrales, lecturas de los clásicos del género negro, música y danza», desvela la comisaria.

Comunista

Si hay un ejemplo que demuestre la importancia de los servicios de inteligencia en la historia, ese es el de Kim Philby. Hijo de un padre militar que -por si fuera poco- había ejercido como diplomático en Arabia, nuestro personaje vino al mundo el 1 de enero de 1912 en la India. No obstante, poco le duró su estancia en el Raj británico, pues fue finalmente enviado al Trinity College de Cambridge para cursar sus estudios. Fue precisamente en ese lugar donde se empezó a sentir sumamente atraído por el comunismo que llegaba de la mano de Iósif Stalin. Una tendencia que era vista como la antítesis de los populares fascismos del viejo continente.

«Kim hizo amigos entre los sectores de izquierdas, algunos de extrema izquierda. El fascismo experimentaba un auge en Europa, y para muchos el comunismo era lo único que podía detenerlo», explica Ben Macintyre en « Un espía entre amigos: la gran traición de Kim Philby». Con todo, lo suyo no fue una epifanía, sino que se fue escorando poco a poco hacia esta tendencia gracias a visitas como la que hizo en 1933 a Berlín, donde descubrió la brutalidad del nazismo.

Así lo corrobora a ABC José Luis Caballero, quien es partidario de que el futuro espía se unió a una tendencia que estaba, por entonces, en auge. «Philby formó parte desde mediados los años veinte del grupo de jóvenes estudiantes del Trinity College de Cambridge educados en el marxismo de la mano de Maurice Dobb, uno de sus profesores. Fue ahí donde tomó contacto con la Internacional Comunista y con la Unión Soviética, una relación que ya nunca rompería y que fue más allá de otros miembros de esa juventud, simple simpatizantes. De ese grupo formaron parte también Donald Maclean, Guy Burgess, Anthony Blunt y John Cairncross», explica el autor.

El espía británico Kim Philby
El espía británico Kim Philby

Para ser más concretos, Philby fue reclutado por un agente soviético en 1934 en Regent's Park (Londres) como parte del futuro Círculo de Cambridge. Una célula ideada por el NKVD (el servicio secreto de la URSS en plenos años 30) cuyo objetivo era incorporar británicos de bien que pudiesen infiltrarse en las altas instituciones inglesas.

Según recoge Enrique Bocanegra en « Un espía en la trinchera», nuestro protagonista fue captado por un agente llamado Hallan que le cautivó con las siguientes palabras: «Has estudiado en Cambridge, tienes un importante porvenir por delante. Un porvenir burgués. Y si quieres ayudar al movimiento antifascista y al partido [comunista] tendrás que hacerlo como tal. El movimiento antifascista necesita miembros que puedan penetrar en las instituciones burguesas». Al parecer, aquel sujeto quería disuadirle de que entrara a formar parte del partido comunista, organización en la que se limitaría a «repartir octavillas» como cualquier otro, y su talento quedaría totalmente desperdiciado.

El espía que engañó a Franco

Con todo, lo cierto es que no comenzó con buen pie su labor con el NKVD. De hecho, no fue hasta 1936 cuando le solicitaron que partiese a España para infiltrarse en las filas franquistas y obtener información del enemigo. Aquel fue un primer viaje que apenas duró tres meses, pero le valió para publicar un reportaje sobre la situación en el país en el «The Times» y empezar a ser considerado como un periodista conservador por parte de Francisco Franco. Ya con la corresponsalía de este popular diario bajo el brazo, no tardó en ser bien visto por parte de un régimen que ansiaba la benevolencia de los medios de comunicación internacionales.

A partir de entonces, y a base de preguntas mucho más concienzudas que el resto de reporteros, logró obtener información de gran importancia para el NKVD. Desde el número de militares que participaban en algunas ofensivas, hasta ubicaciones de tropas. «Sus controladores soviéticos lo enviaron a España básicamente para infiltrarse en las altas esferas de los rebeldes como periodista cercano al fascismo. Se infiltró como periodista, haciendo gala de un acercamiento al fascismo, como admirador de los rebeldes. Se había hecho miembro del grupo llamada Amistad Anglo-Alemana y fingía que simpatizaba con el movimiento nazi. De esa manera logró infiltrarse en un trabajo magistral como agente y suministrar a la NKVD información muy valiosa», añade Caballero en declaraciones a ABC.

Durante su etapa en España, Philby llegó a definir la administración de Franco como «sólida y eficiente», lo que le granjeó las simpatías de la oficialidad nacional.

El agente doble, en una imagen de archivo
El agente doble, en una imagen de archivo

Poco después, un trágico accidente le hizo ganar todavía más popularidad. Todo ocurrió a finales de diciembre, mientras las tropas de Franco avanzaban en dirección a Teruel, cuya caída era inminente. En el viaje hacia un pueblo cercano a la urbe, el coche en el que viajaba el espía junto a otros tres periodistas saltó por los aires tras recibir el impacto de un explosivo (presuntamente lanzado por un T-26 republicano). Fue un desastre, pues sus compañeros murieron en el acto o poco después. Sin embargo, nuestro protagonista logró salvarse milagrosamente.

La heroicidad le permitió ser reconocido por el mismísimo Franco, quien le condecoró con la Cruz del Mérito Militar con Distintivo Roja. Así rememora en su obra Bocanegra el suceso: «Franco clava la aguja de la insignia en la solapa de la chaqueta de Philby. A continuación le felicita mientras estrecha su mano. Un fotógrafo se coloca en una esquina y toma una instantánea». Lo cierto es que aquella medalla significaba algo más para el espía. Se traducía en tener un mayor acceso a los círculos burgueses en los que quería infiltrarse. Toda una ventaja para este agente doble que le permitió obtener todavía más información si cabe para el NKVD.

¿Asesino?

Pero ni su labor en la Guerra Civil, ni su posterior ingreso en los servicios secretos británicos le han permitido acceder por la puerta grande a los libros de historia. Por el contrario, este espía empezó a ser conocido allá por 2001, después de que una serie de documentos desclasificados por el MI5 británico desvelaran que «un joven inglés» había recibido la orden de acabar con la vida de Francisco Franco. Fue entonces cuando, inmediatamente, los grandes expertos en espionaje pensaron en Philby.

Para ser más concretos, esta información llegó de la mano del general Nikolai Yezhov, encargado de perpetrar las purgas masivas contra todos aquellos que pudieran haber atentado contra la URSS.

En uno de los informes de este militar se podía leer lo siguiente: «A principios de 1937, la OGPU [policía soviética] recibió órdenes de Stalin de asesinar al general Franco. Hardt fue instruido por el jefe de la OGPU, Yezhov, para reclutar a un inglés. Él contactó y envió a España a un joven inglés, un periodista de buena familia, un idealista y fanático antinazi. Pero antes de que el plan madurara, el propio Hardt fue llamado a Moscú y desapareció». Estas frases, unidas a una anotación al margen de la página en la que -según el diario «The Guardian»- podía leerse el apellido Philby, hicieron que todos los dedos señalaran a nuestro protagonista.

Internacional Entierro de Philby en el cementerio de Kuntsevo, Moscú, en 1988
Internacional Entierro de Philby en el cementerio de Kuntsevo, Moscú, en 1988 - ABC

¿Realidad o ficción? Caballero, en declaraciones a ABC, deja la puerta abierta a ambas posibilidades. «Se cree que fue enviado a España para matar a Franco. En la biografía escrita por Ben Macintyre y en el libro de Yuri Modin Mis camaradas de Cambridge” no queda muy claro si se le ordenó matar a Franco. Tal vez sí se le encargó en un principio, pero Philby no era un ejecutor, era un espía en todo el sentido de la palabra y si se le llegó a encargar, alguien en la dirección del NKVD decidió cancelar aquella supuesta operación», explica el escritor y periodista.

No obstante, en lo que sí es tajante el autor de «La ruta de los contrabandistas» es en la importancia que tuvieron los servicios de inteligencia en plena Guerra Civil. «El espionaje en la Guerra Civil, yo diría que como en todas las guerras, fue fundamental. Lo curioso es que lo que los franquistas llamaron “La quinta columna”, lo que debía ser una red de informadores el territorio republicano nunca llegó a ser una auténtica red de espionaje militar que tuvo muchas deficiencias. Fueron sobre todo las redes alemanas e italianas las que suministraron más información útil a los rebeldes. En el bando republicano, a partir de 1938 sobre todo, sí funcionó con eficacia el SIM, organizado con ayuda soviética, aunque ha trascendido más como organismo de represión interna que como espionaje en el bando contrario».