La parte sur del Camino Real de Tierra Adentro
La parte sur del Camino Real de Tierra Adentro

La épica contribución española en América reconocida por la UNESCO: el Camino Real de Tierra Adentro

La red de caminos que establecieron los colonos españoles en América es uno de los hitos más importantes de la Monarquía Hispánica en el continente. El Camino Real de Tierra Adentro es reconocido como uno de los trayectos más valiosos que, durante siglos, fue una de las principales arterias de la región

MadridActualizado:

El gran legado de los imperios generadores, como el español o el romano, se deja sentir en su necesidad de unir a millones de personas separadas por ríos, cordilleras e incluso océanos en un mismo proyecto. La cultura y la lengua son puentes para conectar las partes de estos imperos, de la misma forma que lo son hitos logísticos del calibre de la red de caminos que España desplegó en América. Con una extensión de 2.600 kilómetros desde Ciudad de México a la villa de Santa Fe (Nuevo México), el Camino Real de Tierra Adentro fue durante varios siglos una de las arterias principales del continenete.

Su actividad se desarrolló entre los siglos XVI y XIX, donde jugó un papel clave la Monarquía hispánica en su obra civilizadora. Los españoles impulsaron su trazado para facilitar la logística militar y el intercambio comercial entre Nueva España y todos los territorios hispánicos de lo que hoy son los EE.UU. Se le dio por ello la categoría de Real al igual que los de la Península Ibérica, de acuerdo a las partidas de Alfonso X, cuyas ordenanzas reales regularon los caminos como bienes públicos.

La historia del Camino Real de Tierra Adentro comenzó en 1564, a 600 kilómetros de la Ciudad de México, cuando unos soldados españoles encontraron plata en la región de Zacatecas. Pronto se fundó su ciudad y cuatro años más tarde, al comprobar la importancia de los yacimientos, nació este trazado, también denominado «Camino de la Plata».

El Camino Real de Tierra Adentro se convirtió en un extraordinario canal de comunicación que propició un estrecho vínculo entre la cultura hispánica y las culturas amerindias

La Corona -en su búsqueda de metales preciosos- estableció un complejo sistema económico y cultural que propició la construcción de cientos de ciudades por todo el Nuevo Mundo. Estas permitieron no solo abrir caminos que abastecieran a los habitantes, sino también para defenderse de las tribus hostiles, que como los apaches o los comanches vivían de la depredación. Estas fueron el principal obstáculo al que tuvieron que enfrentarse los hispanos en su avance hacia el norte durante los siglos XVI y XVII.

La ruta comprendía los estados de México (Querétaro, Guanajuato, San Luis Potosí, Aguascalientes, Zacatecas, Durango, Chihuahua) y Texas y Nuevo México en EE.UU. Pasaba por ciudades importantes como Ciudad Juárez y El Paso en Texas (ambas llamadas Paso del Norte) y Las Cruces y Albuquerque en Nuevo México, antes de llegar a Santa Fe.

Aunque su origen y utilización están vinculados a la minería, el Camino Real de Tierra Adentro propició también el establecimiento de vínculos sociales, culturales y religiosos entre la cultura hispánica y las culturas amerindias. Pues los mercaderes se dedicaron a transporar alimentos, ropas, herramientas, medicinas, entre otras cosas, para mantener las poblaciones.

Puente de Ojuelos en el estado de Jalisco, parte del Camino Real de Tierra Adentro
Puente de Ojuelos en el estado de Jalisco, parte del Camino Real de Tierra Adentro

El virreinato de Nueva España organizó un sistema para abastecer regularmente las misiones, presidios y ranchos del norte. Es lo que se denominó «Conducta», que era una caravana de carretas que partía desde la Ciudad de México con destino a la «tierra de frontera», durante tres años. Viajaban comerciantes, mineros, pobladores españoles e indígenas, así como soldados, que transportaban parte de la ganadería española: ovejas, caballos, vacas, cerdos o cabras. A la vuelta, los carros cargaban vino, pieles,y productos agrícolas de Nuevo México, para ser vendidos posteriormente en la feria anual celebrada en Chihuahuana.

Como se puede ver, el Camino fue un fenómeno extraordinario como canal de comunicación. El resultado de este proceso, altamente rentable, fue el desarrollo de minas y la construcción de carreteras y puentes. Y, pese a que su impacto fue enorme en términos de tensiones sociales, también desarrolló una integración social entre las muchas personas que participaron. Así se establecieron pueblos multiétnicos, reflejados en la fusión española y local que decoran sus edificios. También la revolución agrícola y económica que se desarrolló durante esos tres siglos de presencia española.

El Camino Real de Tierra Adentro fue declarado por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad en 2010

Curiosamente, los caballos abandonados por los españoles en las praderas del Camino Real dieron lugar a la denominada raza mesteña, conocida en EE.UU. como la «mustangs», de pequeña alzada y apariencia robusta. A través del robo y del trueque, la cultura equina se extendió con rapidez entre tribus y prendió lo que luego el cine popularizaría como el Salvaje Oeste. Para 1630 no quedaban pueblos nativos que no montaran a caballo. Y en 1750, todas las tribus de las llanuras y la mayoría de indios de las Montañas Rocosas empleaban caballos con una destreza innata. La incorporación del caballo recrudeció la lucha contra los invasores blancos, pero también entre las tribus, ya que los guerreros eran ahora capaces de recorrer distancias inimaginables a pie.

Junto a una imponente red de presidios a lo largo del Camino Real, el otro escudo para asegurar las principales rutas comerciales de la Corona eran los llamados dragones de cuera, una suerte de Séptimo de Caballería, perpetuamente en inferioridad numérica, que hacía las veces de patrulla volante por todo el sureste de Norteamérica. Su peculiar nombre procedía de la forma en la que se designaba su abrigo largo sin mangas, formado por hasta seis capas de piel capaces de resistir los flechazos de los indios. Su número resulta, a ojos actuales, exageradamente bajo para la labor de vigilancia que realizaban sobre miles de kilómetros. En una inspección a la frontera, el enviado real Pedro de Rivera se asombró, en 1728, de que la línea defensiva la constituyeran apenas mil hombres (1.006 hombres) entre oficiales y soldados, repartidos en 18 presidios. Las lanzas de los dragones simbolizaban, literalmente, hasta dónde alcazaba el poder del Rey de España. Más allá era tierra salvaje o controlada por las otras potencias europeas que aspiraban a hacerse con un trozo del Nuevo Mundo.

La importancia del Camino Real de Tierra Adentro sirvió para que uno de sus tramos fuera declarado por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad, en 2010. Además, comprende cinco sitios ya inscritos en la Lista del Patriomonio Mundial.